Ciencia y Salud
  • Radiología intervencionista: la técnica milimétrica que elimina tumores sin cirugía abierta

  • Radiología intervencionista, tecnología innovadora que trata tumores y enfermedades a través de incisiones como la punta de un lápiz
Un catéter contra los tumores: mínima invasión, máxima precisión | Foto: Archivo

M+.- Una punción percutánea mínima, del “tamaño de la puntita de una pluma”, permite introducir un catéter que navega por las arterias para tratar tumores hepáticos, renales o pulmonares, padecimientos vasculares y afecciones ginecológicas como los miomas uterinos, mediante una innovadora técnica médica conocida como radiología intervencionista.

Se trata de una técnica, de las más avanzadas, que utiliza imágenes en tiempo real para intervenir desde el interior del cuerpo sin necesidad de recurrir a la cirugía abierta, lo que reduce el riesgo de complicaciones y acelera la recuperación acelerada.

“Lo que más me impacta es poder ofrecer tratamientos efectivos sin que el paciente tenga que pasar por una cirugía mayor”, afirmó en entrevista con Milenio la radióloga intervencionista Martha-Gracia Knuttinen, profesora de radiología Intervencionista en Mayo Clinic, de Phoenix, Arizona.

El procedimiento inicia con ese acceso milimétrico a través de la piel. “Casi siempre entramos por la arteria femoral, por la ingle de la pierna derecha. Introducimos una aguja y un catéter muy delgado. Lo que sigue es una navegación interna guiada por imágenes”, detalló la especialista en radiología vascular e intervencionista.

Se inyecta contraste a través del catéter para visualizar con precisión la ubicación del tumor en la pantalla e identificar las arterias que lo irrigan.

Procedimiento de radiología intervencionista

Se trata de una navegación guiada. “Utilizamos fluoroscopia, ultrasonido, tomografía computarizada, resonancia magnética, todo eso es lo que nos ayuda para guiarnos entre las arterias o venas con precisión”.

Una vez identificadas esas arterias, el equipo médico multidisciplinario inyecta el material terapéutico directamente en el vaso que alimenta al tumor. El tratamiento puede consistir en quimio embolización, partículas radioactivas (Itrio-90, microesferas radiactivas utilizadas en medicina, específicamente en radio-embolización para destruir células malignas detectadas en tumores hepáticos inoperables), o técnicas de ablación térmica, según sea el caso.

“Para tumores de menos de tres centímetros se emplea también la ablación, donde una aguja guiada por ultrasonido o tomografía quema el tejido maligno con calor”, puntualizó.

Y es así, dijo, como “bloqueamos o ponemos el material que vamos a usar para tratar uno o varios tumores”, explicó.

La lógica del tratamiento es que, al interrumpir el flujo sanguíneo, el tumor pierde su capacidad de sobrevivir.

“Cuando salimos, lo único que tiene el paciente es una pequeña punción en la arteria por donde entramos. Tiene que mantener la pierna extendida durante una o dos horas y ya se va a casa. El único rastro visible en el cuerpo: un punto de punción del tamaño de la punta de un lápiz”.

Durante el procedimiento, el paciente permanece con sedación ligera. “No está dormido, podemos hablar con él; están calmados. En los monitores, el equipo médico sigue cada movimiento dentro del cuerpo. Podemos constatar que el tumor ya está bloqueado”, abundó.

Beneficios de la radiología intervencionista

Al evitar incisiones amplias, la técnica reduce riesgos clínicos.

“No estamos haciendo cortadas, no estamos poniendo puntadas”, subrayó, lo que disminuye complicaciones como infecciones.

El impacto también se refleja en la recuperación. “Hacemos un procedimiento y se van ese mismo día, luego de un breve reposo”, afirmó.

La comparación con la cirugía abierta es contundente. Una resección hepática convencional requiere una incisión amplia, anestesia general y varios días de hospitalización, siempre con el riesgo de infecciones; la recuperación puede extenderse de cuatro a seis semanas antes de retomar la vida laboral.

Con la radiología intervencionista, esos factores se reducen de forma drástica: acceso mínimo, paciente despierto, alta el mismo día, reincorporación al trabajo en aproximadamente una semana y un riesgo infeccioso significativamente menor al no existir una herida que suturar. “Nosotros podemos hacer todo el proceso en una hora y el paciente puede irse a trabajar en una semana”, indicó.

El alcance clínico de la radiología intervencionista es amplio. Knuttinen comentó que se puede emplear en la oncología, tratar tumores de hígado, riñones y pulmones.

El resultado depende del tipo de enfermedad. En tumores pequeños, existe posibilidad de curación. “Los chiquitos se pueden curar”, afirmó, aunque advirtió que “pueden salir otros”. En etapas avanzadas, el objetivo es distinto. “La palabra es estabilizar la enfermedad”, puntualizó.

Aplicaciones clínicas de la radiología intervencionista

También se utiliza en enfermedades ginecológicas. “Los miomas uterinos generan sangrados intensos, dolor pélvico y presión abdominal. La respuesta convencional ha sido la histerectomía, es decir, extirpar el útero. La embolización uterina bloquea el flujo sanguíneo que alimenta los miomas, los hace encoger y alivia los síntomas, todo sin tocar el órgano.

“En lugar de que la paciente tenga una histerectomía y se recupere cuatro o seis semanas después, con la embolización se recupera en cuestión de horas y puede volver a trabajar en una semana. Sin cortadas, sin puntadas”, añadió.

La especialidad también trata el dolor pélvico crónico por congestión venosa, ascitis refractaria por cirrosis o falla hepática. Se reduce la acumulación de líquido en el estómago.

Se utiliza un dispositivo conocido como Alfapump, una bomba implantable que recoge la ascitis a medida que se va formando y la traslada a la vejiga, donde se elimina de forma natural del cuerpo a través de la orina. El procedimiento de implantación puede realizarse con anestesia local o general en menos de una hora.

La técnica también amplía opciones para pacientes que no pueden someterse a cirugía.

“Muchas veces tratamos a pacientes que no tienen otras opciones o que han vivido con dolor durante años. Poder mejorar su calidad de vida de forma tan directa y casi inmediata, esa es la parte más gratificante. Nosotros los podemos ayudar”, aseveró.

La decisión de tratamiento se toma en equipos multidisciplinarios en el que participan hepatólogos, cirujanos, oncólogos de radiación. “Todos juntos revisamos la lista de pacientes y decidimos cuál es el mejor tratamiento para cada uno. No lo hacemos individualmente, es un equipo”, aclaró.

En México, este modelo se aplica en centros como el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, donde “tenían todos los hepatólogos, también tenían los cirujanos capacitados”, destacó.

Con el desarrollo de nuevas herramientas, la radiología intervencionista continúa expandiéndose. “Van a haber más avances, más tratamientos y más poder para ayudar a muchas más personas”, aseguró.

LG

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Blanca Valadez
  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.
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