El estrés y la resistencia de algunos niños y niñas por volver a clases usualmente no deviene de la flojera o el disgusto por el estudio, sino de algo mucho más propio del ser humano: el miedo al cambio.
¿Por qué mi hijo llora en su primer día de clases?
Para padres y madres, el fin del periodo vacacional de verano suele ser una época de estrés y ansiedad, la cual no termina cuando logran conseguir la lista de útiles escolares, asegurar la inscripción o identificar los uniformes que aún “le entran” al pequeño. Por el contrario, a veces encuentra su clímax en ese primer día, cuando el o la pequeña — entre gritos, llanto y pataletas —se niega a entrar a su escuela.
Esa escena incómoda, y hasta vergonzosa, suele ser consecuencia de una falta de proceso adaptativo; o sea, el niño o la niña no tuvieron tiempo suficiente para acostumbrarse al reingreso.
Porque sí, destacó el psiquiatra infantil, Alan Martín Sandoval García, el regreso a clases debe tratarse como lo que es —una transición —y no devaluarla a algo que sucede mágicamente de la noche del domingo a primera hora del lunes.
Asumir que el o la niña se acostumbrará a despertar y dormir tres horas más temprano es un error común de la vuelta a clases, cuando la realidad es que son seres que “aman la predictibilidad”. O sea: “Se sienten muy cómodos en ambientes que son controlados”.
Por ende, lo que el adulto ve como un regreso a clases común y corriente, para una niña o un niño puede significar enfrentarse a un escenario lleno de incertidumbre, dudas y hasta peligro
“Ciertas estructuras cerebrales en los niños, hablando de preescolares y escolares, aún están un poco inmaduras, sobre todo para detectar las amenazas, regular sus emociones, tolerar la frustración emocional y la anticipación. (...) Al no poder anticipar un cambio tan grande como volver a clases, es natural que tengan cierta resistencia para volver a clases”, explicó a MILENIO.
Sin una preparación o cambio paulatino de rutina, la niña o el niño puede tardar más tiempo en adaptarse a su nuevo estilo de vida; tomando hasta tres meses para acoplarse o incluso mucho más si se trata de un cambio de grado, como preescolar a primaria, o primaria a secundaria.
“Esa es una doble transición”, puntualiza el experto. “Para un niño, cambiar de grado escolar es tan intenso que los periodos adaptativos podrían costarle un poco más y llegan a ser más extensos”.
ASG