Una regla que toda pareja con hijos y en proceso de divorcio debería tener en cuenta es que el matrimonio y la paternidad o maternidad son dos asuntos diferentes. En otras palabras: aunque la relación sentimental llegó a su fin, la crianza del hijo o hija debe continuar como un trabajo de dos.
“Se divorcian de ser esposos, no de ser papás”, señaló la psicóloga, Carla Rivadeneyra, en entrevista con MILENIO. “No se necesita perdonar todo para criar bien juntos”
¿Cómo criar a los hijos después del divorcio?
En matrimonios con hijos es difícil aplicar las estrategias comunes para superar una ruptura amorosa sin que afecten el bienestar y la salud mental de la o el niño. Por ejemplo, tomar distancia o el famoso contacto cero (que es cortar toda comunicación con la ex pareja).
Tampoco es una (buena) solución la llamada “parentalidad paralela”. Es decir, cuando “están por su lado” respecto a la crianza del hijo o la hija: cada quien con sus propias reglas, hábitos y límites, manteniendo un contacto mínimo y desinterés por la educación que inculca la otra parte.
“Aunque puede ser funcional, al niño lo va lastimando. (...) Un niño interpreta cuánto lo quiere su mamá o su papá según la calidad del vínculo y la cantidad de tiempo que pasa con él”, señala la también fundadora de Centro Integral de Consciencia (CIC), especificando que los únicos casos en los cuales se podría justificar su uso son aquellos donde hubo violencia o manipulación.
Es ahí cuando la co-paternidad entra como una alternativa para cumplir con el rol de padres y madres, aunque el de pareja se haya extinguido.
¿Qué es la co-paternidad?
La co-paternidad es un estilo de crianza donde el padre y la madre no se identifican como pareja, pero se responsabilizan conjuntamente de la educación del hijo o la hija.
Un gran número de blogs señalan que este acto no es fortuito, pues esencialmente la pareja planea y adopta conscientemente este estilo de vida por diversas razones, tales como no desear tener una pareja estable, o que le sea complicada la concepción y adopción debido a su orientación sexual.
Este modelo se puede aplicar con aquellas parejas que decidieron poner fin a su matrimonio. Sin embargo, podría resultar particularmente complicado en ciertos casos (como infidelidades o rencores), debido a que la co-parentalidad se rige por la comunicación y flexibilidad para adaptarse al bienestar del niño. O como lo explicó Rivadeneyra: “Me adapto a la forma de ser y a las creencias de mi ex pareja, y viceversa. Si yo soy blanco y él es negro, entonces encontramos el gris”.
Esto implica que las parejas deben dejar de lado cualquier inconformidad o molestia para priorizar el bienestar del niño o la niña.
“Nuestra labor está en formar una red de confianza de amor tan fuerte y sólida. Inclusive cuando no estamos, el niño debe sentirse cuidado, amado y con interés del otro padre. Entonces hay que procurar eso”.
ASG