Proyecciones demográficas apuntan que, en México, la población mayor de 50 años incrementará de forma acelerada para 2036, cerrando en 40 millones de personas (6.9 millones más que en el 2026). Pese a ello, la vejez aún está rodeada de estigmas que retratan una idea equivocada sobre cómo es ser un adulto mayor.
“Muchos de estos comportamientos, pensamientos y sentimientos son negativos”, señala la gerontóloga, Lilian Pedroza de los Monteros.
En entrevista con MILENIO, la especialista en envejecimiento explicó que esto forma parte del edadismo, es decir, “los prejuicios y estereotipos que tenemos de la vejez (...) y que nos hacen ver el envejecimiento como algo malo; algo negativo”.
Estos edadismos (también llamados viejismos) abarcan un sin fin de pensamientos, por ejemplo, creer que una persona adulta mayor o es jorobada o está postrada en una silla mecedora o incluso se vuelve mucho más “cascarrabias” al cruzar la línea de los 60 años. Pero dentro de todo este espectro, Lilian destacó tres ideas que aún están profundamente normalizadas en ámbitos como la familia e, incluso, la institucional.
No contratar a mayores de 30 años
La discriminación por edad no afecta sólo a la población adulta mayor. También afecta a otras mucho más jóvenes, por ejemplo: criticar a una persona de 40 años por “estar muy grande” para vestir de cierta manera; recriminar a un amigo diciéndole “deja de quejarte, pareces viejito” o pensar que a los 30 años se acaba la juventud.
Asimismo, ciertas instituciones —e incluso leyes —promueven prácticas edadistas al considerar la edad como un factor decisivo para restringir ciertas oportunidades o participación. Por ejemplo: negar créditos bancarios a adultos mayores o descartar postulantes mayores de 35 años por asumir que “tienen ideas erróneas o pensamientos que no van con la actualidad”.
Estos comportamientos dejan en evidencia un hecho del cual no somos conscientes, pero que Lilian resaltó en su plática con este medio: el envejecimiento ocurre todo el tiempo, tanto a los 5 o 10 años, como en los 30, 40 o 70 años.
“Hablar sobre envejecimiento es algo que nos cuesta trabajo, incluso con uno mismo (o sea, aceptar nuestro propio envejecimiento). (...) Todo el mundo está envejeciendo. Estamos envejeciendo desde que estamos en la panza de nuestra mamá”.
“Todos los ancianos son abuelitos”
El edadismo no siempre viene con insultos o actitudes que aíslan. A veces también se hace presente con adjetivos tiernos y “formas amables” de referirse a las y los adultos mayores; siendo una de las más comunes, especialmente en México, el hecho de llamarlos “abuelitos” o “abuelitas”.
“Debemos recordar que no todos los abuelos son personas mayores ni todas las personas mayores son abuelos”, destacó Lilian.
De acuerdo con el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano, homogeneizar a dicha población en este término es una manera de infantilizar a los adultos mayores (o sea, tratarlos como si fueran niños), pues usualmente se emplea como un diminutivo y se acompaña de actos que no respetan su autonomía o tratos prejuiciosos.
Además, las personas suelen asumir que esa es la manera en la que todas y todos los adultos preferirían ser llamados, cuando la manera más correcta de referirse —de menos, de primera instancia —es por su nombre propio.
“Él tiene que abrirte la puerta para como quieras decirle. (...) Hay que llamar por su propio nombre y evitar términos que reducen la identidad a la edad”.
A ello agrega: “Pasa que durante toda su ‘vida productiva’ fueron el licenciado González, el doctor Martínez, el ingeniero, el arquitecto; o Don Carlos o el señor Simón. Pero en cuanto cruzan el umbral de los 60 años, pierden ese estatus social y terminan siendo Juanita, Lolita o ‘n’ cantidad de diminutivos de sus propios nombres. Ahí otro signo de la infantilización de las personas mayores”.
“Todos los adultos mayores tienen demencia”
Así como algunas personas encasillan a la vejez en alguien con canas, arrugas o incluso falta de movilidad, otras más asumen que esta etapa viene por default con enfermedades e incluso demencias. Pero en realidad, esto no es una regla general ya que existen diversos factores de riesgo para la aparición de estas enfermedades; y no todas están relacionadas con la edad.
Por ejemplo, Altamirano señaló que el aislamiento social y la soledad están asociadas con un mayor riesgo de aparición de demencia, incluyendo el Alzheimer.
“No por ser personas mayores tienen que limitarse a poder crear; poder hacer y poder pensar lo que quieran. Literalmente, tienen todavía mucho tiempo, conocimiento y sabiduría para seguir adelante y hacer cosas que les hagan felices y los satisfagan”.
ASG