M+.- Las ideas profundamente estigmatizadas de la vejez hace que las poblaciones más jóvenes —o una gran parte —no anhelen ni mucho menos planeen llegar a los 60 años de manera digna y saludable. De hecho, es probable que para algunos no haya manera de usar las palabras “bienestar” y “ancianos” en un mismo enunciado sin una connotación negativa.
“Estos edadismos y viejismos nos hacen ver al envejecimiento o a la etapa de la vejez como algo malo o negativo. (...) Y nos limitan para envejecer saludablemente”, señaló la gerontóloga, Lilian Pedroza de los Monteros, a MILENIO.
No es tarea fácil, pues para empezar a planear una vejez digna hay que “aceptar que todos envejecemos”. Algo que resulta difícil de aceptar en una sociedad donde hasta los más grandes ídolos —ya sea del internet, política o entretenimiento —buscan y promueven a toda costa el antiaging (“antienvejecimiento”, por su traducción del inglés).
De ahí el miedo y la desmotivación de pensar y planear cómo viviremos dignamente los últimos años de nuestras vidas. Claro, hay infinidad de prácticas y pensamientos edadistas que alimentan ese temor, sin embargo, Lilian Pedroza destacó dos de los más recurrentes.
“Todas las personas mayores tienen demencia”
En realidad, el estigma retrata a la vejez como una etapa de enfermedades; de Alzheimer, y de otros deterioros físicos y mentales que, poco a poco, arrebatan la dignidad y cambian para siempre el estilo de vida.
O en otras palabras, la imagen de un adulto mayor está socialmente construida en pensamientos, sentimientos y comportamientos negativos. Y ese repudio, destaca Lilian, se puede ver incluso desde los 30 años.
“Institucionalmente, en el trabajo, un punto negativo es que a partir de los 30 años ya no se contratan a las personas. ¿Por qué? Porque (las empresas piensan que) tienen ideas o pensamientos que ya no van con la actualidad y entonces se descartan”.
Y si bien es cierto que la vejez representa el último capítulo de la vida, es reduccionista relacionarla con temas de muerte, enfermedades u otro tipo de deterioros físicos, psicológicos y cognitivos. Envejecer es mucho más que ello.
“No sólo se debería de hablar de la muerte en la vejez. También podemos hablar de sabiduría; de las metas a corto plazo, y de las que te pueden llegar a tener”.
El dato...El edadismo te resta esperanza de vida
Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), presentado en 2021, arrojó que el edadismo se asoció a una muerte prematura (de 7,5 años); a una salud física y mental más precaria, y a una recuperación más lenta de la discapacidad de la vejez.
Asimismo, en adultos mayores, se asoció el edadismo con un deterioro de su salud física y mental, así como de su calidad de vida.
“El abuelito encorvado y en su silla”
Cuando buscamos “abuelo” en Google, hay una imagen clara de cómo “debería verse un abuelito”: canoso, de lentes, con un bastón y sentado en una silla, sillón o silla de ruedas. Lo mismo para “abuela”: de lentes, chongo alto, canosa, encorvada, con bastón y portando vestido y suéter o rebozo.
El problema con este estereotipo, de “inocente” apariencia, es cuando asimilamos que toda persona con esas características es abuelo o abuela. Ya que, como destacó Lilian, “no todos los abuelos son personas mayores ni todas las personas mayores son abuelos”.
Por supuesto, hay quienes no se ofenden por ser referidos de esa manera aunque no tengan nietos. Pero al final, desde la gerontología, homogeneizar a “los abuelitos” también es un acto discriminatorio —aunque más discreto y disfrazado en lo “tierno”—que forma parte de la infantilización.
“Los estereotipos y los prejuicios vienen en positivo y negativo”, comentó el psicogerontólogo, Elizeth Altamirano, a MILENIO. “No son tus abuelitos. A las personas mayores se les trata con respeto y dignidad. Por lo que se pregunta: ¿Cómo le gustaría que le diga?”.
Otros actos que también infantilizan a las y los adultos mayores son:
- Utilizar diminutivos en sus propios nombres, sin consultarles antes. Por ejemplo, “Teresita”, “Panchito” o “Juanito”.
- Sustituir la voluntad de la persona al hablar de “nosotros”. Por ejemplo: “Vamos a bañarnos” o “Toca tomarnos nuestras pastillas”.
- Tomar decisiones sin preguntarles cuál es su opinión o qué prefieren, bajo el argumento de que son para cuidarlos: guardar su celular, firmar algún documento sin permitirles leerlo antes o contar el dinero que sobró tras el mandado.
Los sueños y las metas no terminan en la vejez. Al contrario, es la etapa ideal para retomar proyectos, aprender hobbies nuevos y descubrir nuevas experiencias, con más conocimiento y sabiduría que la que teníamos en la juventud.
“No por ser personas mayores tienen que limitarse a poder crear; poder hacer, y poder pensar lo que quieran”.
ASG