México enfrenta una creciente amenaza para la salud pública por la enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica (MASLD por sus siglas en inglés ), antes conocida como hígado graso no alcohólico, que podría afectar a casi la mitad de la población adulta y se ha convertido en la principal causa de cirrosis en el país
Algunos de los principales factores son: la prevalencia de obesidad, diabetes tipo dos, el consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alcohol, así como por una importante predisposición genética.
La advertencia está contenida en el estudio Abordando la amenaza para la salud pública de la enfermedad hepática esteatótica en México, publicado el 9 de julio en la revista científica Archives of Medical Research, elaborado por especialistas de México, España y Estados Unidos.
¿De qué trata el estudio?
El análisis sostiene que las enfermedades hepáticas constituyen actualmente la quinta causa de muerte en México y que solamente durante la primera mitad de 2025 provocaron más de 19 mil muertes. En ese contexto, la MASLD ha emergido como uno de los principales motores de enfermedad hepática crónica, favorecida por la convergencia de factores metabólicos, ambientales, sociales y genéticos que colocan al país en una situación especialmente vulnerable frente a esta enfermedad.
Magnitud del problema ha sido subestimada: investigadores
Mientras el estudio Global Burden of Disease estimó una prevalencia de 19.7 por ciento, otras investigaciones realizadas en población mexicana reportan cifras considerablemente mayores.
Un estudio poblacional encontró una prevalencia de 42.6 por ciento y otro trabajo multicéntrico desarrollado en cinco estados identificó que 47 por ciento de los participantes cumplía criterios diagnósticos de la enfermedad, por lo que la evidencia disponible sugiere que la prevalencia nacional podría acercarse a 50 por ciento de la población adulta.
El trabajo documenta además un cambio importante en el perfil epidemiológico de las enfermedades hepáticas en México.
Entre 2018 y 2024, la MASLD representó 42.8 por ciento de todos los casos de cirrosis atendidos en centros nacionales de referencia, por encima de la enfermedad hepática relacionada con el alcohol, responsable de 23.8 por ciento de los casos.
De igual forma, un seguimiento histórico mostró que la proporción de cirrosis atribuible a MASLD aumentó de 20 por ciento en 1995 a 45 por ciento en 2019, desplazando incluso a la hepatitis C como principal causa de cirrosis desde 2012.
Los autores subrayan que la MASLD no puede seguir tratándose como un padecimiento exclusivo del hígado, ya que comparte factores de riesgo, mecanismos fisiopatológicos y evolución clínica con la obesidad, la diabetes tipo dos, la dislipidemia y las enfermedades cardiovasculares. Por ello, sostienen que debe integrarse a las estrategias nacionales de enfermedades no transmisibles y a las guías clínicas dirigidas a atender estos padecimientos.
México presenta un escenario complejo por la elevada carga de enfermedades metabólicas
El estudio recuerda que 38.9 por ciento de las personas de 20 años o más vive con obesidad y que la prevalencia ajustada por edad de diabetes alcanza 16.4 por ciento entre la población de 20 a 79 años.
Asimismo, aproximadamente dos de cada tres personas con diabetes tipo dos presentan MASLD, situación que incrementa significativamente el riesgo de fibrosis hepática, cirrosis, carcinoma hepatocelular y muerte.
A esta combinación de factores se suma una predisposición genética particularmente alta. Los investigadores explican que la variante genética PNPLA3, considerada el principal determinante hereditario de la enfermedad, presenta en la población mexicana una frecuencia de entre 45 y 55 por ciento en personas mestizas y puede alcanzar hasta 70 por ciento en algunos grupos indígenas, proporciones superiores a las observadas en poblaciones europeas y africanas.
Esta condición favorece la acumulación de grasa en el hígado incluso en personas sin obesidad, lo que incrementa el riesgo de subdiagnóstico.
El estudio también atribuye un papel a los alimentos ultraprocesados
La amplia disponibilidad de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alcohol, junto con la inseguridad alimentaria y las desigualdades sociales, favorecen patrones de alimentación poco saludables que aceleran la progresión de la enfermedad. Aunque México implementó medidas como el impuesto a las bebidas azucaradas, el etiquetado frontal de advertencia y la prohibición de venta de productos con sellos en las escuelas, los autores consideran que dichas políticas aún no han sido evaluadas desde la perspectiva específica de la salud hepática.
En materia de alcohol, el artículo señala que México mantiene rezagos importantes. Con base en un análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los investigadores indican que el país obtuvo la calificación más baja en disponibilidad de alcohol y prevención de la conducción bajo sus efectos, por lo que recomiendan fortalecer las restricciones a la publicidad, mejorar las políticas fiscales e incrementar el tamizaje y la intervención breve desde la atención primaria.
El diagnóstico oportuno constituye otro de los principales desafíos
El estudio explica que las pruebas no invasivas para detectar fibrosis hepática continúan concentradas principalmente en hospitales privados y centros de alta especialidad, mientras que su disponibilidad dentro del sistema público sigue siendo muy limitada, lo que retrasa la detección de millones de personas que desconocen que viven con la enfermedad.
Los especialistas estiman que, si México implementara un modelo automatizado de detección similar al desarrollado en Escocia, podrían identificarse en cinco años aproximadamente dos millones de personas con MASLD sin fibrosis, más de 300 mil con fibrosis hepática y más de 200 mil con enfermedad hepática asociada simultáneamente a alteraciones metabólicas y consumo de alcohol.
Con una mayor cobertura diagnóstica, la cifra podría ascender hasta tres millones de personas con MASLD sin fibrosis y más de 600 mil con fibrosis avanzada.
Advierten sobre una brecha terapéutica
Aunque medicamentos innovadores como resmetirom y semaglutida ya fueron autorizados para el tratamiento de la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH) por agencias regulatorias de Estados Unidos y Europa, hasta mayo de 2026 ninguno contaba con aprobación específica para esa indicación en México, lo que limita el acceso de los pacientes a nuevas opciones terapéuticas.
Advierten que la enfermedad permanece insuficientemente integrada en las políticas sanitarias y continúa ampliamente subdiagnosticada, pese a que la resolución aprobada por la Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2026 ofrece una oportunidad para convertirla en una prioridad de salud pública antes de que siga aumentando la carga de cirrosis, cáncer hepático y mortalidad en el país.
¿Quiénes son los autores?
Entre los autores figuran María Fernanda Bautista Garín, Simón Barquera, Graciela Elia Castro-Narro, Astrid Ruiz Margain, Ricardo U. Macías-Rodríguez, Naga Chalasani y Jeffrey V. Lazarus, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y de la Escuela de Posgrado de Salud Pública y Política de Salud de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY SPH), quienes advierten que el país debe incorporar esta enfermedad como una prioridad dentro de las políticas nacionales para prevenir y atender las enfermedades no transmisibles.
Los autores concluyen que México requiere una respuesta nacional coordinada que fortalezca la vigilancia epidemiológica, incorpore la MASLD dentro de las estrategias nacionales para enfermedades no transmisibles, amplíe el tamizaje en personas con obesidad y diabetes, fortalezca el acceso a pruebas diagnósticas no invasivas, incremente la investigación y consolide políticas públicas para reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alcohol.
MA