Ciencia y Salud

"Me reí del médico": El diagnóstico que terminó en cirrosis, cáncer y un trasplante de hígado

José María Prats Marí relató que una mala dieta alimentaria y horarios impredecibles en su vida lo llevaron a desarrollar la enfermedad.

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José María Prats Marí nunca fumó ni bebió alcohol, pero ignoró un diagnóstico de hígado graso y terminó necesitando un trasplante para sobrevivir. Hoy, tras superar cirrosis y cáncer hepático, decidió contar su historia para alertar sobre una enfermedad que avanza durante años sin provocar síntomas evidentes y que suele descubrirse cuando el daño ya es irreversible.

“Tenía 38 años, me sentía bien y seguí con mis hábitos alimentarios desordenados. De hecho, me reí del médico”, confesó el expiloto militar de la Armada española durante el Global Think-tank on Steatotic Liver Disease: Moving From Awareness to Action, celebrado en Barcelona.

La advertencia que ignoró durante una revisión médica rutinaria marcó el inicio de una cadena de acontecimientos que incluyó diabetes tipo 2, cirrosis hepática avanzada, hipertensión portal, várices esofágicas y, cuatro años después, un carcinoma hepatocelular que lo condujo a un trasplante de hígado.

“Estoy contando mi historia para que otros no tengan que pasar por lo mismo”, afirmó Prats, hoy de 67 años, profesor y con casi una década de haber recibido una segunda oportunidad de vida.

Su testimonio abrió una de las sesiones del Global Think-tank on Steatotic Liver Disease: Moving From Awareness to Action, celebrado en Barcelona, donde especialistas, investigadores, médicos de primer contacto y periodistas debatieron cómo pasar de la concienciación a la acción frente a una enfermedad que afecta aproximadamente a uno de cada tres adultos en el mundo y que con frecuencia permanece oculta hasta derivar en cirrosis, cáncer o la necesidad de un trasplante. 

De piloto militar a paciente con cáncer hepático

La primera alerta apareció durante una revisión médica rutinaria. Sus niveles de colesterol y triglicéridos se mantenían persistentemente en el límite y una ecografía reveló lo que entonces se conocía como hígado graso no alcohólico.

El exaviador insistió en que nunca fumó ni consumió alcohol. Su problema, reconoció, fue otro: desconocía cómo alimentarse adecuadamente y vivía sometido a horarios impredecibles.

“Mi trabajo era mi pasión. Pasaba la mayor parte de mis días y noches a los mandos de un avión”, expresó.

Sin conocimientos de nutrición, adoptó hábitos poco saludables. “Comía lo que podía, cuando podía. Generalmente, sándwiches y refrescos en bares y cantinas de las bases”.

Con el tiempo dejó de volar, asumió nuevas responsabilidades laborales en Madrid, abandonó el ejercicio y ganó peso. A los 40 años recibió otro diagnóstico: diabetes tipo 2.

“Después de eso, mi salud se deterioró completamente sin darme cuenta”, afirmó.

El día que olvidó dónde estaba

Años después comenzaron síntomas que nunca relacionó con una enfermedad avanzada: ojos y piel amarillos, acumulación de líquido en el abdomen, somnolencia y problemas de concentración. Ahora sabe que aquellos episodios correspondían a encefalopatía hepática.

“Un día, mientras salía por Madrid, me sentí completamente perdido. No tenía idea de dónde estaba ni hacia dónde debía dirigirme. Me senté en una banca y esperé sin saber cuánto tardaría en recuperar la memoria”, relató.

Los estudios confirmaron cirrosis hepática Child B, hipertensión portal y várices esofágicas.

Cuatro años más tarde, durante una excursión en bicicleta, sufrió una angina de pecho. Los estudios posteriores detectaron un carcinoma hepatocelular, el cáncer hepático más frecuente.

A los 58 años ingresó al Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, para recibir un trasplante.

España, el país que le devolvió la vida

“Recibir un hígado donado fue un regalo profundo, una segunda oportunidad de vida”, afirmó.

Prats aprovechó para agradecer a la familia donante y al sistema sanitario español. “Cuando mi vida pendía de un hilo y cada día era una incertidumbre, encontré un profesionalismo impecable acompañado de humanidad. Nunca lo olvidaré”.

También reivindicó el modelo español de trasplantes: “España es líder mundial en trasplantes por una razón. Detrás están médicos, enfermeras, técnicos y equipos enteros que trabajan con dedicación y compromiso. Gracias a ellos estoy aquí para contar mi historia. Les debo la vida”.

España mantiene desde hace 34 años consecutivos el liderazgo mundial en donación y trasplantes de órganos. Tan sólo en 2025 realizó seis mil 335 trasplantes gracias a dos mil 547 donantes fallecidos y 408 donantes vivos, equivalentes a un promedio de 17 trasplantes y ocho donantes al día. Al cierre del año, cinco mil 163 personas permanecían en lista de espera, entre ellas 77 menores.

Coordinado por la Organización Nacional de Trasplantes, el modelo español es considerado un referente internacional y ha sido replicado en diversos países.

Hoy, casi diez años después del trasplante, Prats asegura vivir plenamente.

“Tengo 67 años, llevo una vida normal, trabajo como profesor en Madrid, cuido mi alimentación, mantengo un peso estable y hago ejercicio regularmente. Estoy mucho más sano ahora de lo que estaba a los 50 años”, indicó.

"Yo soy la prueba viviente de ello"

Prats dirigió un mensaje a quienes esperan un trasplante o luchan por recuperar la salud de su hígado.

“Quiero decirles desde el fondo de mi corazón que no están solos. La ciencia médica está avanzando y los equipos médicos no los abandonarán. Existe una esperanza real. Yo soy la prueba viviente de ello”, dijo.

Su historia recordó que detrás de cada estadística hay personas cuyas vidas pudieron haber tenido otro desenlace si el diagnóstico hubiera llegado antes.

“Si se detecta temprano, el curso de la enfermedad puede cambiar”, concluyó.

Una historia mucho más frecuente de lo que se cree

Para Naim Alkhouri, hepatólogo, director médico de Summit Clinical Research y director del programa SLD del Clinical Research Institute of Ohio, el caso de Prats representa una realidad cotidiana.

“Es una historia muy típica. La enfermedad suele ser asintomática, está subdiagnosticada y subtratada”, explicó.

El especialista recordó un estudio realizado hace una década entre pacientes evaluados para trasplante hepático: “El 60 por ciento no tenía idea de que padecía una enfermedad hepática crónica antes de presentar la primera complicación”.

Muchos llegan cuando el daño ya es avanzado.

“La primera vez que escuchan que necesitan ver a un especialista es cuando llegan vomitando sangre o presentan confusión por encefalopatía hepática”, apuntó.

Y la reacción suele repetirse. “'Doctor, ¿de qué está hablando? Yo no bebo alcohol'. Cuando explico que la diabetes puede causar cirrosis sin una sola gota de alcohol, es un momento de shock”.

Para Alkhouri, éste es uno de los mensajes centrales del encuentro: “La obesidad y la diabetes pueden causar cirrosis”.

Por ello lanzó una recomendación directa: “Si usted tiene diabetes, pregunte a su médico por la salud de su hígado”.

El hígado no enferma solo

Scott Isaacs, endocrinólogo y profesor adjunto de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad Emory, pidió abandonar la idea de que el hígado enferma de manera aislada.

“La grasa no sólo va al hígado; va al páncreas, al riñón y al sistema vascular”, afirmó.

Por ello, dijo, debe entenderse como una enfermedad cardiometabólica sistémica asociada a la resistencia a la insulina. “Pensar en esta enfermedad de manera aislada es la forma equivocada de verla”.

Los pacientes suelen presentar obesidad, diabetes, alteraciones lipídicas y enfermedad renal crónica.

“No hay suficientes hepatólogos. Todos nosotros, desde atención primaria y endocrinología, debemos aprender a ser los hepatólogos de primera línea”, indicó.

Isaacs recordó además la magnitud del problema: “Treinta por ciento de la población tiene esta enfermedad. Miren alrededor de esta sala; uno de cada tres la padece. Si tiene diabetes, entre 60 y 70 por ciento la tendrá. Si además presenta un índice de masa corporal superior a 35, puede alcanzar hasta 90 por ciento”.

Detectarla antes de que sea demasiado tarde

Josep M. Vilaseca, médico general, ex tesorero de WONCA Europa y profesor asociado de la Universidad de Vic, reconoció que durante años los médicos de primer contacto tenían pocas herramientas.

“Cuando diagnosticábamos hígado graso, al final no había nada que hacer”, mencionó.

Hoy, sostuvo, el escenario ha comenzado a cambiar. “Existe una nueva oportunidad. Hay medicamentos en desarrollo y nuevas herramientas diagnósticas. Veo la luz al final del túnel”.

Aunque advirtió que modificar estilos de vida sigue siendo complejo.

“Cambiar hábitos no es fácil. Además, la dieta mediterránea puede ser costosa y no accesible para todos”, dijo.

Alkhouri resumió la estrategia en tres pasos: “Spot it, stage it and stop it”, es decir, identificar la enfermedad, determinar su gravedad e iniciar tratamiento antes de que progrese.

Semaglutida y una nueva etapa

Durante años, uno de los argumentos para no buscar activamente la enfermedad era la ausencia de tratamientos específicos.

“¿Para qué diagnosticar si no hay tratamiento?”, recordó Isaacs.

Hoy la situación es distinta. Entre las nuevas opciones terapéuticas destacó la semaglutida, desarrollada inicialmente para diabetes y obesidad, y aprobada en Estados Unidos para tratar MASH, la forma inflamatoria de la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica, en adultos con fibrosis hepática moderada a avanzada.

También mencionó resmetirom, un medicamento dirigido específicamente al hígado.

“Una de las cosas interesantes es que no existen receptores GLP-1 en las células del hígado. Parte del beneficio de la semaglutida se explica por la pérdida de peso, pero no todo el efecto puede atribuirse únicamente a ello”, detalló.

Alkhouri indicó que alrededor de 45 mil pacientes ya han recibido estas terapias en Estados Unidos, aunque reconoció que persisten barreras de acceso.

“Sin políticas públicas y acceso real, es difícil ofrecer una atención excelente”, dijo.

Aunque la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica es muy frecuente, aproximadamente cinco por ciento de los pacientes desarrollará cirrosis. Precisamente en ellos debe centrarse la vigilancia estrecha para detectar tempranamente carcinoma hepatocelular o várices esofágicas y prevenir hemorragias potencialmente mortales.

“Si detectamos la enfermedad a tiempo, podemos modificar su evolución”, destacó Alkhouri. 

PNMO

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Blanca Valadez
  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.
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