Los primeros humanos rara vez descansaban antes del anochecer, siglos después, en busca de recuperar la energía perdida, las siestas se convirtieron en una práctica tan común, que los expertos han volcado esfuerzos para confirmar, ¿son buenas o en realidad están perjudicando la salud?
“Es un tema que hemos estudiado mucho, aquí y en todo el mundo, y ya tenemos una respuesta”, dice el doctor e Investigador en Ciencias Médicas del Instituto Nacional de Salud Pública, Aarón Salinas Rodríguez.
No a las siestas (la mayor parte del tiempo)
En una conversación con MILENIO el especialista detalló: la primera respuesta inmediata debe ser un tajante "no a las siestas". Esto debido a que, en general, no debería haber necesidad de una, de hecho, en ocasiones, podría ser indicio de que algo no marcha del todo bien por las noches.
Algunos estudios han descubierto que los adultos que toman siestas largas durante el día pueden tener mayor probabilidad de padecer diabetes, enfermedades cardíacas y depresión ya que su presencia suele ser indicador de una mala calidad del sueño o problemas recurrentes para dormir.
Así que, más que subsanar una mala noche, las siestas sólo terminan alimentando un círculo vicioso difícil de cambiar y que además, está deteriorando la salud.
“Si no dormiste bien, no tomes siestas, especialmente si son muy largas. Al no dormir de noche, tomas una siesta larga en el día, lo que va a implicar que te cueste trabajo dormir a tu hora después”
En caso de que el cansancio pese más a media tarde es importante tomar en cuenta que el cuerpo no está diseñado para dormir con la luz del día, “entonces, duermes sin descanso”, enfatiza el doctor.
Asimismo, el tiempo dedicado a la siesta parece tener un papel activo en la salud. Un estudio publicado en el Journal of the American Geriatrics Society confirmó que más de una hora y media puede crear problemas con la cognición, la capacidad de pensar y formar recuerdos.
Con los contras sobre la mesa ¿es momento de despedirse de esos minutos de descanso por la tarde? No necesariamente.
EL DATOSentir mucha somnolencia a lo largo del día no es una buena señal
Cuando no existe una causa evidente del cansancio y la necesidad de siestas se vuelve frecuente, lo mejor es consultar a un especialista para detectar la causa subyacente.
¿Por qué sentimos somnolencia?
Sentirse aletargado o con sueño excesivo es una señal con múltiples mensajes. El síntoma puede provocar que alguien se quede dormido sin planearlo, como por ejemplo, al leer el periódico o ir manejando.
Aparece junto con bostezos, problemas de concentración, una respuesta lenta al entorno, dificultad para tomar decisiones e incluso para aprender cosas nuevas, como explica Cleveland Clinic.
Entre las posible causas se encuentran, principalmente, aquellas que suelen afectar el descanso, como por ejemplo:
- ansiedad
- dolor crónico
- depresión
- diabetes
- estrés
- trastornos del sueño
La somnolencia también suele presentarse en otros casos como traumatismo craneal, hipercalcemia, hiponatremia e hipotiroidismo. Asimismo, puede ser resultado del uso de algunos medicamentos.
Los beneficios de la siesta
Se dice que algunas de las figuras más influyentes de su tiempo, como el físico Albert Einstein o el político Winston Churchill toman pequeñas siestas, lo que podría ser señal de que no son tan malas, de hecho, de vez en cuando —y bajo ciertas condiciones— puede traer algunos beneficios.
Pero, ¿cómo detectar cuándo es recomendable dormir una siesta? De acuerdo con Mayo Clinic, existen tres escenarios en los que se puede optar por un descanso intermedio:
- Al sentir fatiga repentina o somnolencia inesperada
- Para compensar horas de sueño previo a perderlas
- Cuando se decide sumar a la rutina diaria un periodo de siestas planificadas
Por ejemplo, un reporte de Sanae Oriyama, miembro de la División de Ciencias de Enfermería de la Universidad de Hiroshima, Japón, propone que es una opción más natural de descanso en personas que trabajan durante los turnos nocturnos.
“Se han asociado con una mejor memoria y capacidad de aprendizaje, mayor estado de alerta y mejor estado de ánimo”, se lee en la publicación de Scientific Reports.
En este caso, la investigación concluyó que, en casos específicos en los que alguien se tenga que enfrentar a una jornada nocturna extenuante, lo mejor es dividir su descanso en dos bloques de siestas (uno más largo al principio y uno corto a mitad de la noche), ya que parece mejorar la calidad del sueño auto-percibido.
Para quienes no viven de noche, el secreto está en el tiempo y el momento en el que toman una siesta.
“Pueden ser benéficas, pero deben ser cortas: de 20 o 30 minutos al día y obviamente lejos de la hora de dormir. Una siesta al mediodía —entre las 12 y las 3 de la tarde— puede ser hasta reparadora” .
A pesar de que son periodos breves, este tipo de estrategias permiten que dormir resulte reparador. De acuerdo con un artículo de Harvard Health Publishing esto se debe a que el cuerpo no entra en fases más profundas del sueño, mismas que usualmente comienzan pasados los 30 minutos.
Despertar a alguien durante este periodo aumenta la probabilidad de que experimente un fenómeno conocido como "inercia del sueño": una sensación de somnolencia acompañada con desorientación y capacidad de respuesta más lenta que puede durar hasta una hora.
Al respecto, el doctor Aarón comparte un dato más que considera la “regla de oro”: hay que tomar las siestas mucho antes de la hora de ir a dormir para que no interfiera con el ciclo natural de descanso.
“Lo otro es: no más de una siesta al día. Una siesta en la mañana, otra al mediodía y otra en la tarde implica que ya no duermas cuando debes hacerlo”, añade el especialista.
Seguir estos consejos es clave para obtener buenos resultados. Según un estudio, no solo permiten reducir la somnolencia sino que además relajan la mente y mejoran el rendimiento cognitivo reduciendo el tiempo de reacción y ayudando a la retención de datos.
LHM