Ninguna amistad está exenta de los efectos del paso del tiempo: el ritmo del trabajo, la vida independiente e incluso la conformación de una familia pueden distanciar a los mejores amigos de la escuela o del trabajo, obligándolos a pasar de hablar diariamente a hacerlo cada mes (si bien les va).
“Cuando estamos en la adultez, nuestro entorno va a cambiar (...) pero eso no significa que nos quedemos sin amigos”, explicó la psicóloga, Isela Román, a MILENIO.
Y si bien es una realidad que la mayoría de personas pueden aceptar, pocas están realmente preparadas para enfrentarse al peor escenario: cuando los mensajes de “¿Cómo has estado? Hace mucho que no sé de ti” o “¡Hay que vernos de nuevo” ya no tienen ninguna respuesta porque la otra persona decidió inesperadamente y sin razón alguna cortar la comunicación. Es decir, cuando fuimos “víctimas” del ghosting.
¿Qué hacer si mi amigo me dejó de hablar?
Aunque el término ghosting es mayormente utilizado entre las generaciones más jóvenes, no es un fenómeno nuevo ni reciente: es el acto de terminar abrupta y repentinamente el contacto con algún amigo, novia, ligue o familiar, cortando toda comunicación que se tenía con él o ella.
Esto se observa tanto en lo digital, como en persona. En el primer caso, ocurre cuando ya no hay respuesta a los mensajes de whatsapp que enviamos, se ignoran nuestras llamadas e, incluso, somos bloqueados sin razón aparente; mientras en el segundo cuando somos ignorados deliberadamente, evitan el contacto visual, finge que no estamos presentes y se niega a entablar una conversación.
Así, la parte afectada entra en una etapa de duelo donde sensaciones como la ansiedad, el enojo o la tristeza puede afectar su bienestar emocional y psicológico. De ahí que es crucial saber cómo actuar cuando la otra parte decidió poner fin a ese vínculo que, quizá, creíamos irrompible.
Cuatro formas de enfrentar el duelo
Superar el ghosting de una amiga o amigo no es un proceso fácil por el simple hecho de que no se le puede exigir restaurar la comunicación si no lo desea así. Aunque, por supuesto, esa pérdida puede ser mucho más complicada y significativa que otras.
Por ello el trabajo de duelo que especialistas recomiendan apuesta a enfocarse en una o uno mismo, tomando de guía cuatro consejos.
1. Reconocer los sentimientos
Sea tristeza, enojo o incertidumbre, aceptar las emociones y expresarlas de una manera saludable es crucial para sanar y seguir adelante con nuestras vidas. Reprimirlas nos puede guiar a la depresión, baja autoestima y una disminución del bienestar.
2. Buscar apoyo social
Es decir, recurrir a nuestras redes de apoyo: otros amigos, familia o, incluso, una o un profesional de la salud mental. Su rol será clave para evitar el aislamiento y la baja autoestima, así como para superar el trauma.
Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando nuestro “lugar seguro” era esa amiga o amigo que ahora nos ignora? Posiblemente el duelo sea mucho más intenso que si nos hubiéramos procurado como nuestro lugar seguro principal; un trabajo que Isela recomendó fortalecer a modo de prevención:
“Podemos tener lugares seguros en nuestra familia, trabajo o amistades, pero también nosotros tenemos que ser un lugar seguro para nosotros mismos.
De esa manera, si una persona se va, yo puedo ser estable y cuidar de mí. Claro, tal vez voy a tener un duelo, un cierre, un cambio, pero sé que puedo con ello y que tengo las herramientas para cuidar de mí mismo”.
3. Priorizar la autocompasión y evitar sobrepensar
Poco servirá cuestionarse sobre lo que, posiblemente, habremos hecho mal; es decir, pensar una y otra vez en cuestionamientos como “¿Fue algo que dije?”; “¿Me volví incómodo para él o ella?” o “Tal vez hice algo que la o lo incomodó”.
Esto puede prolongar el sufrimiento y dificultar el proceso de superación. En lugar de ello, especialistas recomiendan tratarse a uno o una misma con “la misma amabilidad, compasión y cariño que tendrías con un amigo”.
4. Crear tu propio cierre
Aunque lo ideal sería que las relaciones terminaran de manera clara, la realidad es que no siempre tenemos ese cierre. “Ahí es el hecho de poder aceptar. (...) Y la aceptación no significa que no duela ni que no genere ciertas emociones, sino que me priorizo como persona y da pie a ver cómo avanzar y trascender ese suceso”, explicó Isela.
La manera más recomendada de hacerlo es a través de una carta: plasmar tus sentires, reflexiones y miedos en un texto que nunca será enviado, pero ayudará a comprender la experiencia y nuestros propios sentimientos
¿Cómo mantener a los amigos de la infancia?
El “mantenimiento” de la amistad adquiere muchas más importancia durante la adultez que en cualquier otra etapa de la vida. Y aunque cada relación se conserva de diferente manera, Isela destacó tres puntos claves para no perder el contacto.
- Tener comunicación y apertura a los cambios: externar nuestros sentimientos, las nuevas necesidades y rutinas o los cambios que ya nos incomodan.
- Empatizar: así como debe prevalecer la honestidad y el diálogo, también es necesario que haya flexibilidad de ambas partes para llegar a nuevos acuerdos. “Considerar que la realidad de la otra persona es muy diferente a la mía”, explicó la psicóloga.
- Actividades de conexión: procurar que las salidas o momentos de recreación —sean pocos o muchos— refuercen el vínculo, desde una videollamada, salir a cenar a un buen restaurante o irse de viaje.
ASG