Fue en una reunión familiar, específicamente tras una ronda de “preguntas incómodas”, cuando muchos nos enteramos de la batalla que la mamá y el papá de “la nueva bebé de la familia” tuvieron que atravesar para tenerla. “Lo intentamos y la verdad nada funcionaba. Entonces ya estábamos pensando en otra alternativa”.
En realidad, eran pocos los que sabían de esa lucha que habían librado en silencio y, quizás, escuchando una y otra vez la “inocente” frase de “¿Para cuándo el bebé?”— y por la cual, entre otras más, las parejas deciden vivir esta lucha desde la discreción—.
“Son duelos que viven en silencio y no lo comparten con sus entornos, pues cuando lo hacen son subestimados o se les dice ‘no te preocupes’, ‘en algún momento va a llegar’ o ‘relájate y verás que lo vas a alcanzar’”, explicó la psicóloga, Mariana Ochoa, a MILENIO.
Un duelo diferente al de otra pérdida
No sólo es una batalla contra un posible caso de infertilidad, también es un duelo, pues en cada intento fallido se pierde progresivamente el proyecto de vida de la pareja. Más aún, si el tema de la paternidad o la maternidad era el centro de su vida.
“El primer impacto es ante un proyecto de vida. Así como planean una casa o ciertas cosas, también planean un hijo. (...) Entonces es algo inesperado para la mayoría de parejas, puesto que cuando se casan no piensan en si van a poder ser papás o no. Su proyecto es serlo”, señaló Ochoa.
Las parejas que no han logrado tener hijos son víctimas de lo que en la tanatología se le conoce como “duelos no reconocidos”, o sea, aquellas pérdidas que socialmente no son validadas ni comprendidas ni apoyadas, como la muerte de la mascota o la pérdida de un trabajo.
Sin embargo, Mariana Ochoa explica que hay un gran diferenciador cuando se habla de una pareja que no ha logrado embarazarse: la incertidumbre, pues el resultado de cada prueba de embarazo o análisis de sangre “no está completamente en sus manos”.
“Hay frustración porque están en la búsqueda de algo y hacen todo lo que está en sus manos, pero no siempre obtienen el resultado que quieren”
¿Cómo lo sufren las parejas?
En la experiencia de la especialista —y hablando de una pareja heterosexual —, ambas partes sufren los efectos emocionales de este duelo. No obstante, señaló, la mujer experimenta mayores niveles de ansiedad, tristeza y desgaste emocional por ser quien se somete a los tratamientos y a lo que ésto conlleva (desde afectaciones físicas por el uso de hormonas o cirugías, hasta pérdidas gestacionales).
Por su parte, los hombres también pueden llegar a sentir ansiedad o una tristeza profunda, solo que a un plazo más largo, pues las ideas de masculinidad los obligan a adoptar ese rol de sostén y apoyo emocional de la mujer; orillándolos a no demostrar vulnerabilidad.
Debido a los altos niveles de estrés y ansiedad, las parejas pueden atravesar por crisis, discusiones y dificultad para tomar ciertas decisiones. Asimismo, hay un intenso sentimiento de injusticia y frustración, los cuales impactan negativamente en el autoestima y pueden llevar al aislamiento social.
Incluso la vida sexual se ve afectada por este duelo, pues, en algunos casos, las relaciones sexuales pasan de ser una fuente de placer a ser generadoras de estrés.
“Entonces algo que era espontáneo, que era de disfrute, se vuelve prácticamente una obligación”.
¿Qué decirle a una pareja en duelo?
Expresiones como “¿Para cuándo el hijo?” o “¿Cuándo buscarán el segundo”? (si la pareja ya tuvo uno) no son las únicas que afectan emocionalmente. También lo hacen aquellas bienintencionadas como “No te preocupes”, “No te estreses” o “Ya pronto vendrá”.
“Hay una tendencia muy grande a estar juzgando; a estar suponiendo sin saberlo lo que la pareja está pasando. (...) Entonces aquellos comentarios, aunque sean muy bien intencionados, no le vienen bien. Le generan dolor y más tristeza”.
La mejor manera de externar apoyo —toda vez que la pareja lo requiera —es ofrecerlo expresamente. En palabras de Ochoa: “Acercarse y dependiendo de la confianza, decirles: ‘¿Está todo bien’ Si algo necesitas, aquí estoy. Sólo tienes que pedirlo’. (...) Quizás sin tocar el tema, precisamente porque lo desconocemos”.
ASG