Todo comenzó con la búsqueda de un tratamiento para la angina de pecho. La pequeña pastilla azul diseñada parecía ser la respuesta, hasta que terminó provocando una serie de inoportunas erecciones en los voluntarios durante el ensayo clínico. La salud cardiovascular quedó en segundo lugar, en cambio nació un nuevo tratamiento para la disfunción eréctil.
Con los años, la popularidad del sildenafil, mejor conocido por su nombre comercial Viagra o “la píldora de la potencia”, se extendió. Sus efectos han seducido a más de una persona, incluyendo mujeres que, ya sea por curiosidad o buscando una respuesta a sus preocupaciones sobre el desempeño sexual, terminan utilizando los comprimidos.
A más de dos décadas de su creación, la pregunta que probablemente pocas veces llega a los consultorios sigue generando búsquedas en internet “¿Qué pasa si una mujer toma Viagra?” La doctora Raffaela Schiavon, ginecóloga y especialista en Salud Sexual y Reproductiva compartió su perspectiva como experta con MILENIO.
¿Qué le hace el Viagra a las mujeres?
Tras ser aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés) en 1998, el sildenafil se convirtió en uno de los principales tratamientos para la disfunción eréctil masculina. A grandes rasgos funciona como un vasodilatador que relaja los músculos y aumenta el flujo sanguíneo hacia el pene.
Puede que una de las referencias más famosas sobre su uso en mujeres haya nacido en la televisión con la serie de finales de los 90: Sex and The City. Una pastilla fue suficiente para que Samantha Jones, una de las protagonistas, quisiera repetir la experiencia.
Fuera de las pantallas, el sildenafil no es garantía de sexo más placentero y tampoco cuenta con la aprobación de la FDA ni de la Comisión Federal Cofepris para uso en mujeres. El sildenafil puede mejorar la sensibilidad clitoriana debido a que este órgano posee tejido eréctil con receptores similares a los del pene, pero los estudios han arrojado resultados inconsistentes y modestos, como detalla la doctora.
“Existe una diferencia clínica fundamental: en la respuesta sexual femenina, la excitación genital y el deseo subjetivo no siempre están sincronizados”, advierte la ginecóloga.
El fenómeno, denominado discordancia de excitación, implica que puede haber mayor flujo de sangre en la zona, pero no necesariamente deseo o satisfacción.
Por otra parte se omite un factor importante: la lubricación vaginal. Cleveland Clinic plantea que en algunas mujeres puede favorecer la secreción, sin embargo, el proceso depende principalmente de los niveles de estrógeno, así como de la salud, fuerza y grosor de la pared interna de la vagina (epitelio vaginal).
En otras palabras, un comprimido azul no necesariamente es la respuesta para quienes buscan recobrar el placer o deseo sexual.
Dada la falta de respaldo científico, la automedicación con sildenafil en mujeres no debería recomendarse, ya que no hay un perfil claro que garantice su uso seguro a largo plazo.
Recurrir frecuentemente al Viagra sin supervisión médica puede tener consecuencias adversas que van desde dolores de cabeza hasta presión arterial anormalmente baja, lo que resulta potencialmente peligroso en mujeres con factores de riesgo cardiovascular así como en la etapa de la posmenopausia.
“Existe además un riesgo de carácter funcional: la dependencia de un agente farmacológico sin haber abordado las causas subyacentes del problema sexual genera una relación poco saludable con la propia sexualidad y no resuelve la condición de fondo”
Cada organismo responde diferente a algunos fármacos. Entre los posibles efectos secundarios del sildenafil en mujeres se encuentran:
- 1 Dolor de cabeza
- 2 Náuseas
- 3 Mareo
- 4 Arritmia
El “sildenafil” de las mujeres
Así como ocurrió con el Viagra, hace apenas unos años dos fármacos que surgieron con un propósito, terminaron con otro. La flibanserina inició como un tratamiento para la depresión; la bremelanotida fue el primer intento para conseguir un bronceador seguro.
Los científicos notaron que en ambos casos su consumo aumentaba notablemente la libido y el deseo sexual en mujeres por lo que pronto fueron apodados como “Viagra femenino”.
Actualmente son consideradas opciones seguras para atender el Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo (TDSH), una disminución persistente o ausencia de fantasías y deseo de actividad sexual, condición que afecta a entre el 30 y el 40% de las mujeres en climaterio y menopausia.
La ginecóloga destaca: no todas las mujeres con bajo deseo sexual padecen este trastorno. Por otro lado, a diferencia del Viagra (que afecta el flujo de sangre genital), estos medicamentos influyen directamente en el sistema nervioso central.
La flibanserina modula el balance serotoninergérico-dopaminérgico en los circuitos cerebrales. Se administra diariamente y su efecto puede observarse entre 4 y 8 semanas de uso. La bremelanotida actúa sobre receptores de melanocortina en el sistema nervioso central, asociados a la motivación y el deseo. Se administra como inyección subcutánea aproximadamente 45 minutos antes de la actividad sexual.
Las candidatas ideales para su uso son mujeres con diagnóstico clínico confirmado que ya descartaron otras causas como conflicto de pareja, depresión, medicamentos causantes o déficit hormonal. Al respecto la especialista añade: quienes los utilizan deben tener claro que no se trata de afrodisíacos.
Respecto a la lubricación, problema recurrente (especialmente durante y después de la menopausia) existen opciones con evidencia sólida: lubricantes de base acuosa o silicona para uso inmediato, y terapia hormonal local con estrógenos vaginales para quienes presentan atrofia genitourinaria, es decir, el adelgazamiento, resequedad e inflamación de los tejidos vaginales y del tracto urinario.
Independientemente de lo que recomienden redes sociales o la televisión, la doctora Raffaela sugiere recurrir a fuentes válidas de información y plantear las dudas con profesionales de la salud. Al final, “el sildenafil no debe considerarse una alternativa a estos tratamientos en mujeres”.
¿Y si una pastilla azul no es la respuesta?
A pesar de que la disminución de deseo sexual es un motivo de consulta recurrente que impacta en la calidad de vida, la autoestima, las relaciones de pareja y la salud mental, muchas pacientes tardan en nombrarlo de forma directa, como ha sido testigo la ginecóloga.
“La tendencia histórica de la medicina a enfocarse en la función reproductiva femenina, excluyendo el bienestar sexual, ha generado consecuencias concretas: mujeres que no identifican sus condiciones, que no saben que tienen nombre y tratamiento disponible, y que no consultan porque asumen que lo que sienten es inevitable”, comenta la ginecóloga.
El deseo sexual es complejo y mutable: interfieren hormonas, emociones, el contexto y las relaciones de forma simultánea, por lo que es natural que cambie o no responda linealmente a una sola intervención, como lo es tomar una pastilla.
Aunque fármacos como el “Viagra femenino” muestran eficacia estadísticamente significativa en los ensayos clínicos, “sus mejores resultados se obtienen como parte de un abordaje integral que incluya psicoterapia o terapia sexual”.
A veces la baja en la libido puede ser una señal de alerta. La doctora recomienda prestar atención a factores como:
- Persistencia por más de seis meses que genere malestar personal o conflicto en la relación
- Dolor durante las relaciones sexuales en cualquier etapa de la vida
- Cambios bruscos asociados a medicamentos hormonales o enfocados en enfermedades crónicas
- Dificultad para lubricar con ardor o irritación
- Ansiedad significativa relacionada con la vida sexual
Finalmente el criterio diagnóstico más relevante no es la frecuencia del deseo, sino el malestar que su ausencia genera. “Si no hay malestar ni conflicto, no existe trastorno. El problema clínico emerge cuando hay sufrimiento”.
LHM