Se sabe que el primer paso para buscar apoyo psicológico es reconocer que necesitamos esa ayuda. Y cuando se trata de la pareja, esto significa aceptar que, por ejemplo, cometimos una infidelidad; que queremos descubrir otras experiencias eróticas, o que ya no sentimos el mismo placer en el sexo.
Después de ello, viene una etapa de prueba y error: buscar a la o el especialista al que confiaremos las intimidades, inseguridades o los miedos que, posiblemente, ni la familia, los amigos o la propia pareja sepan. Un proceso para el cual que sirve regresar a los puntos básicos que expuso el terapeuta y sexólogo, Rogelio López Custodio, en entrevista con MILENIO.
Antes que nada… ¿necesitas un sexólogo?
— ¿Cuándo es el momento adecuado o correcto para acudir a un sexólogo?, cuestionó este medio al especialista.
— Yo diría cuando haya malestar en algún rubro de la sexualidad, contestó.
Sin embargo, recordemos que la sexualidad no es sólo el sexo penetrativo. Y por ende, el consultorio de una o un sexólogo también puede ser el espacio para tocar temas como la asincronía sexual; el rechazo a cierta práctica (causada por algún trauma); cómo comunicar sus necesidades sexuales, o el desconocimiento sobre lo que te hace sentir placer.
Incluso en la esfera individual hay circunstancias que pueden abordarse con un o una sexóloga, las cuales suelen ir sobre la interacción que esa persona tiene con su pareja; las relaciones sobre las que está construyendo su deseo, o la idea que tiene sobre el sexo. “Eso (último) me toca mucho atenderlo en hombres”, señaló Rogelio.”En donde llegan con una idea de cómo debe ser el sexo, cómo debe ser el encuentro sexual o qué papel tiene el hombre dentro del encuentro sexual”.
“Entonces es explorar estas creencias que muchas veces se convierten en reglas absolutas y que hacen que a la persona le cueste flexibilizarse ante otras maneras de vivir su sexualidad”.
La terapia sexológica puede ser el inicio de una mejor educación sexual o fortalecer la que ya tenemos. Y a su vez, esto reduce muchas problemáticas al momento de hablar sobre la intimidad con la pareja, incluso abordando temas tabúes “sin tanta pena, vergüenza o miedo”.
“Muchas veces la terapia de pareja es que las personas aprendan a escuchar sin juzgar, porque es muy común que, cuando una persona se abre sin bagaje de educación sexual, suele responder con crítica o juicio sin querer”.
1. Revisar las credenciales
Gracias a la era digital, las y los especialistas están al alcance de un clic y de una simple búsqueda como “sexólogos en mi ciudad” o “terapeutas cerca de mi”.
Es por ello que, ante el abanico de opciones que pueden salir —y que pudiera saturar de información—, Rogelio recomienda poner atención a las credenciales, es decir, la preparación que respalda a cada especialista. Por ejemplo: tener licenciatura en psicología, postgrado en psicoterapia de adultos o de pareja, maestría o especialización en sexología.
Asimismo, sugiere revisar la experiencia y trayectoria, al igual que las opiniones de otros pacientes.
2. No ‘te cases’ con la primera consulta
Al ser temas íntimos, sensibles e incluso tabúes para algunas personas, es crucial que la persona sienta comodidad y seguridad en cada una de las sesiones. Por lo que la primera consulta puede ser determinante para que la persona considere “si se siente cómoda, si se siente a gusto o si le cae bien” la o el especialista que tiene enfrente.
Pero aunque se haya superado ese filtro y hayan pasado dos sesiones, tres meses o hasta años desde esa primera consulta; la decisión sigue siendo completamente revocable. Es decir, sin importar el tiempo transcurrido, la persona puede prescindir de su sexólogo o sexóloga sin problema.
“Igual y algunos se sienten comprometidos (...) pero también tienen el derecho de decidir. Si no les late, es muy válido querer cambiar”
ASG