A los seres humanos nos fascinan las historias de éxito y nos gusta pensar en el progreso como una línea recta y ascendente, un relato luminoso donde la tecnología llega a un lugar y, por arte de magia, lo transforma todo. Sin embargo, la realidad de la educación en México nos obliga a mirar más allá de ese optimismo superficial.
El verdadero peligro de las historias únicas sobre la modernidad es que nos hacen creer que un dispositivo electrónico es, por sí solo, un pasaporte al futuro. Y no lo es.
En México, seis de cada 10 escuelas públicas carecen de computadoras para propósitos pedagógicos, y ocho de cada 10 no tienen acceso a internet. Esta realidad es una desigualdad evidente.
Pero si ampliamos el plano para observar los colegios privados, aquellos cuyos alumnos sostienen tabletas en aulas perfectamente conectadas, descubriremos una verdad incómoda: la brecha no es únicamente de infraestructura.
Los últimos resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) revelaron un estancamiento generalizado que no respeta códigos postales ni modelos de financiamiento.
México se enfrenta a una crisis estructural del aprendizaje, y su síntoma más alarmante se encuentra en la comprensión de lectura.
No podemos hablar de incorporar inteligencia artificial o de formar a los estudiantes en las llamadas “habilidades del siglo XXI”, como el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas complejos, si antes no aseguramos que una niña o un niño pueda entender el significado profundo de lo que lee.
La alfabetización inicial y la comprensión de lectura no son herramientas del pasado; son el sistema operativo indispensable para que la tecnología funcione.
Un estudiante que no comprende un texto impreso jamás podrá discernir la veracidad de una respuesta generada por una inteligencia artificial, ni sabrá formular las preguntas correctas (los prompts) para resolver un problema real. Sin lectura, la tecnología no democratiza el conocimiento; simplemente automatiza el vacío.
ella dice...“Equidad no es dar a todos lo mismo;
Equidad es asegurar que el origen de un niño no defina su destino”
Es ahí donde la formación docente adquiere una dimensión fundamental. Durante el ciclo escolar 2024 2025, el Programa de Fortalecimiento Escolar de UNETE, demostró que cuando la tecnología se introduce no como un fin, sino como una herramienta mediada por el acompañamiento pedagógico, los resultados cambian la narrativa del aula.
No se trata de sustituir el juicio del maestro por una pantalla, sino de convertirlo en un arquitecto de la innovación.
Tras recibir una capacitación continua y personalizada basada en el Marco Europeo para las Competencias Digitales Docentes, la mayoría de los maestros participantes desplazó su dominio técnico desde un nivel básico de “exploradores” hasta alcanzar niveles de “expertos”, “líderes” y “pioneros”.
Estos docentes acompañados lograron integrar aplicaciones digitales de manera transversal en los campos de lenguajes y saberes científicos.
Pero lo verdaderamente revolucionario ocurrió cuando utilizaron la tecnología para potenciar la lectura, mediante talleres de comprensión adaptados al nivel real de cada alumno.
Alrededor de 10 mil 604 estudiantes realizaron más de 84 mil lecturas bajo este enfoque, estimulando la adquisición de vocabulario y, sobre todo, recuperando el entusiasmo por aprender algo nuevo.
Equidad no es dar a todos lo mismo; equidad es asegurar que el origen de un niño no defina su destino. Mejorar la calidad educativa en el sector público y en el privado requiere que dejemos de ver los dispositivos como símbolos de estatus y comencemos a verlos como extensiones del pensamiento crítico.
El futuro de México no se medirá por la cantidad de pantallas que encendamos, sino por la profundidad de las mentes que seamos capaces de iluminar. Y esa luz, hoy más que nunca, comienza con la comprensión de la palabra escrita.
MGS