M+.- En la ciudad más ciclista del mundo, Ámsterdam, en Países Bajos, no todo es miel sobre hojuelas y el uso de la bicicleta enfrenta problemáticas, algunas parecidas a las de la Ciudad de México.
Actualmente, la capital holandesa tiene al menos dos desafíos similares a la mexicana: el robo de bicicletas y el incremento en el uso de vehículos eléctricos, sobre todo, de gran tamaño, llamadas fat bikes, que suelen ser alteradas para ir a velocidades superiores a las de una bici común.
En entrevista con MILENIO, residentes de Ámsterdam platican cómo se ha hecho frente a estos dos problemas, que afectan prácticamente a todos los habitantes, pues se trata del medio de transporte más usado en su vida cotidiana.
Hasta 80 mil bicis robadas
“Parece ser cuestión de suerte. Aquí tienen un dicho que dice que ‘no eres realmente holandés ni de los Países Bajos hasta que te roban la bici’; por suerte, a mí no me ha pasado”, dice Andrés, un joven estadunidense que radica en Ámsterdam por cuestiones de trabajo.
En esta ciudad, considerada “la capital mundial del ciclismo”, se dice que hay más bicicletas que personas y eso potencia la proporción de los robos, en comparación con la Ciudad de México.
A pesar de que en la capital mexicana hay 18 veces más habitantes que en Ámsterdam, en esa ciudad europea se registran hasta 70 veces más robos de bicicletas que en México.
Aunque los registros públicos holandeses indican que en 2024 se reportaron unas 11 mil bicicletas robadas, también advierten que la cifra negra es alta, por lo que las investigaciones académicas estiman que el robo anual de estos vehículos puede llegar hasta los 80 mil casos, según la plataforma Open Research, un sitio holandés de datos abiertos.
En la Ciudad de México, las estadísticas más recientes de la Fiscalía de Justicia capitalina indican que ese mismo año, en 2024, se reportaron mil 178 robos.
Mientras en Ámsterdam viven poco más de 940 mil habitantes ─un poco menos que en la alcaldía Gustavo A. Madero─ en la capital mexicana hay más de 17 millones de personas, sin considerar la zona metropolitana, por lo que la proporción entre el robo de bicis y el número de gente en Ámsterdam es muy superior.
“La mayoría de la gente, no sé si os habéis dado cuenta, tiene bicicletas muy antiguas, muy viejas. Es porque no quieren tener esa sensación de perder una bicicleta de mucho valor, entonces, suelen utilizar bicicletas de bastantes años”, platica Mikel, español residente en Ámsterdam, sobre una de las maneras en que se evita el robo de bicicletas en la ciudad.
“Yo opté por una suscripción porque me han robado como tres veces mi bicicleta. Acá tenemos bastante la problemática de que la gente de la calle roba bicicletas y las revende. Es como un mercado negro. En otros países roban teléfonos, otras cosas, pero acá, bicicletas”, dice Andrea Reinero, joven peruana que explica que una de las soluciones que han encontrado frente al robo es suscribirse a una empresa de préstamo de bicis.
“Es una empresa donde por 15 o 20 euros tienes una bicicleta, tienes el mantenimiento incluido y, si te la roban, te traen otra el mismo día. Ahora es bastante popular este sistema”, comenta Mikel.
A diferencia del sistema Ecobici de la Ciudad de México, que es un esquema público que presta bicicletas por un tiempo determinado al día, la suscripción que ofrece la empresa privada Swapfiets ─aunque hay otras─ permite tener la bicicleta por varios días y garantiza, según los testimonios, mediante un pago, la reposición inmediata en caso de robo, para poder seguir pedaleando.
Esas bicis, dice Andrea, tienen un localizador que permite ubicarlas tan pronto sean robadas para ser recuperadas.
“Esa suscripción ayuda porque, por lo mismo de que no se pueden quedar tan fácil con las bicicletas, las personas ya no invierten tiempo en robárselas; todo el mundo sabe que si es una bicicleta de tal color es una Swapfiets y nadie se va a robar eso”, añade.
Una de las prácticas más recomendadas para evitar los robos en Ámsterdam es amarrarlas con dos o más candados.
“La mayoría tiene candados bastante buenos. Algunos no, pero casi todos tenemos dos o tres candados”, dice Hans, un holandés que considera que los robos no son tan graves en Ámsterdam, pero admite que la gente sí cuida muchos sus bicis.
Sin embargo, en un recorrido por las calles de Ámsterdam, MILENIO pudo apreciar que la idea de seguridad es diferente a la que se tiene en México y hay quienes consideran, como en muchas ciudades de Europa, que amarrar la bici a sí misma, para evitar que ruede, es suficiente.
Es decir, si no hay espacio en los biciestacionamientos o no hay uno cerca, los holandeses simplemente entrelazan una cadena a la llanta y al cuadro de la bici o utilizan un candado, muy común en Europa, en forma de herradura, que se instala junto al freno trasero y bloquea la llanta.
Así las dejan en las calles, sin estar fijas a un poste o una estructura sólida.
En México, sería impensable que eso signifique que se aseguró una bicicleta y que así se evitará su robo. Sería muy fácil que alguien cargue con ella, la suba a una camioneta y se la lleve y, después, de alguna manera, rompa el candado.

Las bicis gordas
El otro problema que recientemente se ha incrementado en las calles de Ámsterdam es el tránsito de bicicletas eléctricas, llamadas fat bikes.
No son los pequeños vehículos ligeros hechos en China que abundan en la Ciudad de México, sino que se trata de bicicletas de gran tamaño.
Aunque de diferentes dimensiones, tanto en México como en Ámsterdam, este tipo de vehículos representan en ambas ciudades un riesgo para otros usuarios de ciclovías por la velocidad que alcanzan.
“La gente está un poco cansada del tema, porque, claro, ahora tienes, en el mismo carril bici donde estaban todas las bicicletas, tienes a las bicicletas eléctricas que van a una rapidez que aplastan a todas las demás. Yo llevaba como 25 años, desde que llegué aquí, en bici todo el rato y la he dejado porque me da miedo por las bicis eléctricas, por las fat bikes”, platica Elena, una mujer mayor, española residente en Ámsterdam.
El problema, coinciden Andrés y Mikel, no son las bicis eléctricas del mismo tamaño de una convencional y que se ayudan de un motor, porque mucha gente vive lejos y está optando por el uso de estos vehículos más veloces, sino que el conflicto vino con las bicis de dimensiones superiores.
“Suelen tener neumáticos y cuadros más grandes y la gente, especialmente los jóvenes tienden a usarlas de forma un poco temeraria”, dice Andrés.
El uso de estos vehículos se ha agravado porque hay quienes modifican su configuración para exceder el límite de velocidad al que están programadas, de fábrica, las bicicletas eléctricas en general, que es de 25 kilómetros por hora.
“Parece que no tienen mucha regulación y la gente las chipea, las hackea y entonces tienen como más (alto) el tope”, dice Andrea.
De acuerdo con el periódico The Guardian, el 13 por ciento de las bicicletas que se vendieron en Países Bajos durante 2024 fueron de las llamadas fat bikes, según cifras de las asociaciones automovilísticas RAI Vereniging y BOVAG.
El diario británico también citó a la organización de seguridad VeiligheidNL, la cual estimó que cada año son atendidos hasta cinco mil usuarios de fat bikes en los hospitales de urgencias, principalmente jóvenes de entre 12 y 15 años.
El problema en la Ciudad de México ya generó una regulación aparentemente más avanzada que en la capital holandesa.
En Ámsterdam, las únicas restricciones especiales conocidas para estos vehículos son el límite de velocidad de 25 kilómetros por hora, que de violarse amerita una multa por parte de la autoridad de tránsito, y la prohibición del uso de este tipo de bicicletas en parques públicos como el Vondelpark, el más importante de la capital holandesa.
En la Ciudad de México, la regulación incluye que estos vehículos deben registrarse ante el gobierno capitalino para tener placas, contar con tarjeta de circulación y deberán ser conducidos únicamente por una persona con licencia, circular por la vía destinada a vehículos motorizados, es decir, fuera de ciclovías, y cumplir las reglas aplicables a motocicletas, incluido el uso de casco.
“Es una jungla”
Sin embargo, esos no son los únicos inconvenientes que enfrentan los holandeses, pues también hay quienes se quejan de la falta de respeto de ciclistas hacia peatones, pues, a decir de Mikel, en esta ciudad, la reina es la bicicleta y no el peatón.
“La prioridad la tiene la persona que va en bicicleta, no la persona que va en coche o caminando. Y todo el mundo lo respeta, porque todo el mundo tiene una bicicleta. Entonces, el que conduce respeta al ciclista y el que camina también respeta al ciclista. De hecho, puedes ver en muchos sitios que no hay mucho espacio para caminar, pero siempre hay un carril bici, siempre”, dice el joven español.
“A veces es como una jungla”, admite Hans, el holandés. “Pero se intenta no ir demasiado rápido, mantener cierta distancia y ser un ciclista respetuoso”.
Andrea coincide en que, culturalmente, la bicicleta está por encima del peatón.
“Las bicicletas van y no paran, o sea, van esquivando, así son. Son como los carros en Latinoamérica, a veces. Si de pronto te metes a la ciclovía, ya te atropellaron. O se enojan, se enojan y te gritan en holandés”, comenta.
Los habitantes de Amsterdam también padecen la falta de espacio en sus viviendas para guardar sus bicicletas, lo que ocasiona que tengan que dejarlas estacionadas en la vía pública, incluso unas encima de otras, lo que explica que las calles sean una pintoresca escena de bicis amarradas en cualquier lugar y a toda hora.
“¡Aquí los garajes valen carísimos! Entonces, la gente las pone en la calle, claro, ¿dónde las va a poner? Es que es muy caro. Aparte, si vieras las casas, son muy pequeñitas, ¡no hay sitio en las casas tampoco!”, exclama Elena.
LG
