Política
  • Lula: la última batalla del líder obrero contra la ola derechista de Trump

  • Después de la cárcel, Bolsonaro y tres presidencias, Lula da Silva vuelve a las urnas. El líder obrero encontró una nueva bandera para su séptima campaña: la soberanía de Brasil frente al tsunami Trump.
La última batalla de Lula: salvar a Brasil de la ola derechista | Portada
Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

DOMINGA.– Lula da Silva dejó el Nordeste brasileño de niño, llegando a San Pablo junto a su madre y faro espiritual, doña Lindú, mientras su padre vivía una doble vida. Estudió en una escuela técnica pública y popular, se recibió como tornero mecánico, perdió un dedo trabajando, se casó, enviudó. Luego conoció a Marisa Leticia, fundó la Central Única de los Trabajadores, la CUT, y más tarde el Partido de los Trabajadores. Dirigió enormes huelgas contra la inflación y la dictadura militar: ganó y perdió. Intentó una y otra vez ser presidente, hasta que lo logró.

Ahora busca volver a ganar las elecciones con los vientos del norte en contra. Su enfoque es la “soberanía nacional”. ¿La razón principal?: Donald Trump. Lula ha sido particularmente crítico con Marco Rubio, a quien llamó un “latinoamericano frustrado”. A él lo responsabiliza por el acercamiento de la Casa Blanca a la familia Bolsonaro –de la ultraderecha en Brasil–, y por decisiones intempestivas, como los aranceles en un vínculo económico que es superavitario para Estados Unidos.

Si la campaña Lula 2022 se centró en la idea de democracia, tras el auge autoritario bolsonarista, 2026 asoma bajo el marco de soberanía nacional. Esas dos palabras aparecen 31 veces en el programa del binomio Lula-Alckmin y hay una razón principal. Tras el 3 de enero con la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el continente cambió drásticamente y Lula lo sintetizó en una frase que dijo al lado del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, también integrante del bloque BRICS: “Si no nos preparamos para defendernos, en cualquier momento nos invaden”.

Después de la cárcel, Bolsonaro y tres presidencias, Lula da Silva vuelve a las urnas. El líder obrero encontró una nueva bandera para su séptima campaña.
Partidario del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sostiene una bandera con la inscripción en portugués "Lula libre"| AP

“Tenemos petróleo para el mundo”, dijo Lula haciendo alusión a la situación en el Estrecho de Ormuz, embarullado desde el ataque de Trump a Teherán. La frase fue a mediados de agosto, durante el anuncio de descubrimiento de petróleo en el pozo Morpho, a 175 kilómetros de la costa brasilera de Amapá, en aguas de 2 mil 886 metros de profundidad. “Puede ser un pasaporte para el futuro del país”, anunció emulando la foto de 2008, en el Presal, que a su vez era un guiño a Getulio Vargas.

Días después, durante su visita al Centro Industrial Nuclear de Aramar, Lula defendió la construcción del que será el primer submarino de propulsión nuclear de Brasil. “Tenemos que estar preparados para que [otros países] sepan que tendremos la fuerza de decir no, para decir que vamos a competir”, dijo. Brasil no puede estar “con la cabeza baja toda la vida”, señaló, en una recurrente frase de su pedigree que tiene que ver con el concepto de vira lata, en relación a una supuesta inferioridad brasileña frente al resto de las naciones.

De lograr su cuarta presidencia, Lula da Silva promete gastar más en defensa: habla de tomarse en serio el tema y propone que no sea un tabú para las izquierdas. Incluso mantuvo una conversación telefónica con el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, en la cual se abordó la ampliación de la cooperación en materia de defensa. De acuerdo al medio brasileño Tecnologia & Defesa, la conversación trató sobre una posible colaboración relacionada con la familia de vehículos blindados Tulpar, de la empresa Otokar, y los vehículos aéreos de combate no tripulados –o drones de combate– Bayraktar TB3, de Baykar.


Si en 2022 fue decisiva la llamada de Joseph Biden en la noche de la elección, reconociendo la victoria de Lula, queda por ver qué pasará este octubre próximo si el desenlace es similar. ¿Validará el trumpismo el resultado o le dará alas al bolsonarismo para cuestionar (una vez más) el desenlace? Lo sabremos pronto.

Las tres derrotas en las urnas y las victorias de Lula da Silva

Para algunos no parece quedar lejos el año de 1989. El bautizo electoral de Lula da Silva en una contienda presidencial se celebró a pocos días de la caída del muro de Berlín. Con sólo 43 años, pasó a segunda vuelta donde perdió –contra Fernando Collor de Mello– pero ganó el liderazgo de las izquierdas.

De hecho, el líder del histórico Partido de los Trabajadores, el PT, al calor del lanzamiento de su más reciente candidatura, hace poco compartió en sus redes sociales una emotiva carta a su yo de 1979, diez años antes de su debut. En el clímax de la carta, Lula sentencia “Hoy estoy infinitamente mejor”, en alusión a la práctica deportiva diaria, a la experiencia del tiempo, y a la sabiduría por llorar derrotas.

En su segunda candidatura, en 1994, Luis Inácio acumuló más porcentaje pero fue vencido por Fernando Henrique Cardoso. No faltaron motivos para que en 1998 el PT insistiera con su propuesta y Lula fue entonces candidato por tercera vez: nuevamente derrotado por Cardoso (en ambas ocasiones en primera vuelta).

Cuenta Fernando Morais, biógrafo de Lula, que fue Fidel Castro quien convenció a Lula de seguir persistiendo electoralmente, cuando las fuerzas de este flaqueaban: “Fidel creía que Lula no podía desistir porque representaba una esperanza para millones de trabajadores”, afirmó. Ambos habían fundado juntos, en 1990, el Foro de São Pablo, importante herramienta de las izquierdas regionales, hoy demonizada por la derecha internacional como el presunto eje de todos los males.

La tercera no fue la vencida. El cuarto intento del PT en 2002 tenía que jugarse de otro modo. Sudamérica ya estaba bajo el protagonismo de Hugo Chávez, que ese año enfrentó un golpe de Estado, y el modelo neoliberal se resquebrajaba en más de un lugar. Pero la definición de los votos no sólo estaba en manos de las grandes mayorías populares y trabajadoras: las mesas de los poderosos, las élites, también deciden. Entonces Lula escribe la “Carta ao Povo Brasileiro (Carta al pueblo brasilero)” donde se compromete a respetar los contratos con los privados y a mantener responsabilidad fiscal absoluta, entre otras cosas.

Se ganó las confianzas que le faltaban. El presidente obrero gobernó por primera vez Brasil en 2003 luego de ganar los comicios de manera contundente en segunda vuelta, con más del 61% de los votos. El 1 de enero de 2003 al ser posesionado en el cargo, sentenció llorando: “Y yo que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mi país”.

Después de la cárcel, Bolsonaro y tres presidencias, Lula da Silva vuelve a las urnas. El líder obrero encontró una nueva bandera para su séptima campaña.
Luiz Inácio Lula da Silva asumió por tercera vez el poder en 2023 | EFE

En su quinta contienda electoral fue reelecto. El año 2006 se afianzó por cuatro años más en el Palacio de Planalto –colosal pieza arquitectónica diseñada, como buena parte de Brasilia, por Oscar Niemeyer para albergar el despacho presidencial– haciéndose del poder en el balotaje frente a Geraldo Alckmin, mismo que años más tarde se convertiría en su aliado y actual vicepresidente.

El periplo de Lula entre 2011 que dejó la presidencia y 2022 que fue electo por tercera vez es una odisea. Su sexta campaña, la más reñida de todas, la libró contra el expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro en un balotaje que favoreció al PT por sólo dos millones de votos de diferencia. El derrotado no toleró el veredicto popular y ensayó un intento de golpe de Estado por el cual fue condenado a veintisiete años de prisión.

Lava Jato, Vaza Jato y resurrección política

Con sus primeras dos presidencias, Lula mejoró la vida de millones de personas y le dejó la posta a su compañera Dilma Rousseff. Pero en abril de 2018 fue detenido en el marco de la causa Lava Jato, uno de los casos más escandalosos de corrupción a nivel regional. El modus operandi consistía en la suscripción de contratos inflados por parte de empresas públicas con grandes constructoras como Odebrecht, que luego pagaban sobornos para el financiamiento ilícito de la política y el enriquecimiento de autoridades.


Pero en Brasil la operación Lava Jato tenía un objetivo de fondo: el fin de la experiencia del PT en el gobierno, a través del impeachment a Dilma, vía golpe parlamentario, y la prisión de Lula. El juez Sergio Moro, que luego sería ministro de Jair Bolsonaro, lo condenó e inhabilitó. Lula pasó 580 días detenido en una celda de quince metros cuadrados en la ciudad de Curitiba, bien lejos del triplex de Guarujá –que no era de él– por el que lo habían sentenciado.

Siguió después el Vaza Jato, que fue una gran filtración que desmontaba los postulados por la justicia, demostró la connivencia entre Moro, juez de la causa, y Deltan Dallagnol, fiscal. Habían complotado contra el entonces expresidente, como queda evidenciado en el libro O fim da Lava-Jato (2022), de Aguirre Talento y Bela Megale. Los principales medios del país reprodujeron la noticia, a través de chats filtrados, y la justicia brasileña no pudo tapar el sol con las manos: Lula fue liberado y la causa cayó. Luego, lo conocido: recuperó sus derechos políticos y venció a Bolsonaro, que desconoció el veredicto de las urnas, impulsó la toma de los tres palacios y fue condenado.

¿Lula de nuevo?

“El hijo de doña Lindú, nuestro presidente Luiz Inácio Lula da Silva”. El locutor gritó y Lula entró, todo vestido de blanco y con un sombrero panamá en el mítico estadio Primeiro de Mayo, en San Bernardo do Campo, el ABC Paulista. Es 16 de agosto de 2026, hay miles de asistentes y muchas banderas verdeamarelas: todos los presentes se dan cuenta que están viviendo un remake histórico. Allí donde Lula condujo una histórica asamblea en la huelga de 1979 –subido a una mesa de bar que pidieron prestada–, el presidente de Brasil decidió lanzar su séptima candidatura.

Después de la cárcel, Bolsonaro y tres presidencias, Lula da Silva vuelve a las urnas. El líder obrero encontró una nueva bandera para su séptima campaña.
Fotograma de la película "Lula, o filho de Brasil" ("Lula, el hijo de Brasil"), que narra la vida del presidente | EFE

En ese mismo evento Janja da Silva, primera dama de Brasil, decidió reivindicar también esa historia política colectiva al homenajear a Marisa Leticia, compañera de vida de Lula durante sus inicios sindicales y políticos. Leticia bordó la primera bandera del Partido de los Trabajadores. Lula, que ahora con ochenta años busca una cuarta presidencia, no está dispuesto a abandonar su ya añeja épica popular.

La importancia de la elección para México

Al igual que México, Brasil tuvo anuncios arancelarios por parte de la administración Trump. Si a Andy López Beltran le quitaron la visa estadounidense en agosto de 2026, antes fue el turno de Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal de Brasil, en 2025 –luego revocada– mientras se desarrollaba el juicio contra el expresidente Bolsonaro, por intento de golpe de Estado.

México y Brasil, en el marco del binomio Sheinbaum-Lula, proponen ser la alianza económica más importante de Latinoamérica. Para ambos países el petróleo es central, por eso en junio de este año firmaron un amplio y estratégico acuerdo binacional. Las estatales Pemex y Petrobras acordaron trabajar conjuntamente en temas estratégicos como la exploración no convencional del oro negro en el Golfo de México. Si alguno de estos dos países pierde control sobre sus recursos naturales, este acuerdo que por ahora tiene validez de dos años, no podrá llevarse adelante.


Los recientes triunfos de la derecha regional en Chile, Honduras y Colombia le dan otro volumen a la elección brasileña: un hipotético triunfo de Flavio Bolsonaro dejaría a Claudia Sheinbaum en relativa soledad en our hemisphere, tal como llama el Departamento de Estado.

Bonus: 3 libros + 1 película

La película más conocida sobre Lula es El hijo de Brasil (2009), inspirada en un libro de Denise Paraná. Allí se retrata, entre tantas otras cosas, el discurso de Lula en 1979 que inspiró el lanzamiento presidencial de 2026.

El libro Querido Lula, cartas a un presidente en prisión (2023), editado por Fondo de Cultura Económica, recopila una serie de textos enviados por simpatizantes a la prisión de Curitiba donde Lula estuvo 580 días detenido, antes y durante la presidencia de Jair Bolsonaro.

En 2022 Clara Ant, fundadora de la CUT, publicó Cuatro décadas con Lula. En ese mismo año Planeta publicó en español, Lula, la biografía escrita por Fernando Morais, en la cual hay detalles del momento de la entrega del ahora presidente en el Sindicato de Metalúrgicos del ABC Paulista.

Futurock en Argentina editó Lula, de la cárcel a la presidencia (2023), de Juan Manuel Karg, uno de los autores de esta pieza. Es una serie de crónicas sobre los doce años en los cuales Lula dejó la presidencia, fue perseguido en el marco de la causa Lava Jato, estuvo detenido, recuperó derechos civiles y políticos y logró regresar al Palacio Planalto.


GSC


Google news logo
Síguenos en
Valeria Silva Guzmán
  • Valeria Silva Guzmán
  • Es boliviana, historiadora y analista en temas de política internacional, integración regional y geopolítica. Actualmente está enfocada en la relación de México con países de América Latina.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.