M+.- Juan Manuel Navarro Alvarado acababa de salir de trabajar. Como cualquier otro día, el herrero tomó su automóvil para regresar a casa, en la comunidad de El Carrizal Grande, en el nororiente de Irapuato, Guanajuato.
Pero al llegar al cruce de Ramón Corona y Revolución, en el Ejido de Malvas, encontró algo que rompió la rutina: gente aglomerada, patrullas y sirenas.
Navarro Alvarado contó en exclusiva a MILENIO que, cuando se bajó de su auto —por curiosidad—, descubrió que entre las víctimas del atentado de Irapuato estaba su hijo José Guadalupe Navarro, de 19 años.
Además, es descriptivo cuando señala que habían pasado apenas unas horas desde que lo dejó en casa, pero al regresar lo encontró tirado en el piso.
“Por ahí me vengo de trabajar y ya cuando miré, pues uno se arrima en el alboroto y desgraciadamente era mi hijo, estaba acordonado (…) Pero tú de lejos conoces a tu familia, cuando estaba tirado. Yo reconocí su sudadera gris y su pelo. Sentí muy feo; le dije al agente que me dejara arrimarme, pero no dejó, hasta que llegaran los peritos y al último no me dejaron”, dice.
"Era un muchacho trabajador (...) buscaba comprar una camioneta"
Juan Manuel y su familia viven en la calle Álamo, en la comunidad de El Carrizal Grande, ubicada a unos cinco kilómetros del Ejido de Malvas, donde la noche de este miércoles se reportaron dos ataques que dejaron cuatro personas sin vida y tres lesionadas, según datos de la Fiscalía General del Estado.
Cuando reconoció a José Guadalupe, Pepito —mote cariñoso con el que se le conocía—, entre las víctimas, Juan Manuel no pudo contener el llanto.
Con dificultad, Juan Manuel acepta hablar con MILENIO y cuenta que Pepito era un joven tranquilo. Trabajaba de lunes a sábado en una herrería, donde llevaba apenas cuatro meses laborando, y por las tardes acostumbraba reunirse con sus tres amigos, a quienes conocía desde niño.
“Yo lo dejé aquí dormido, fue la última vez que lo vi, yo me fui a trabajar y no lo volví a mirar”, dijo con una voz quebrada.
Aunque se estuvo reportando por varios medios que los fallecidos eran jugadores de futbol, José Guadalupe es claro con que su hijo tampoco pertenecía a ningún equipo de futbol. Iba a mirar los partidos con sus amigos.
“Le gustaba ir a mirar, no jugaba, pero le gustaba ir a mirar, era un muchacho muy alegre, todo el tiempo andaba alegre conmigo, para allá y acá”, comenta.
Aun con dolor, la familia responde a MILENIO, señalando que lo que buscan es paz y el respeto por su pérdida. Además, entre la confusión, encuentran el valor de seguir con las preguntas.
Recuerda que su hijo había decidido no continuar con la universidad. Tenía otros planes: quería comprarse una camioneta para salir a pasear con sus amigos, sueño que ya no se cumplirá, pues su familia esperó la entrega del cuerpo para darle un último adiós, velarlo y llevarlo a casa.
Salieron a ver un partido y ya no regresaron
José Guadalupe y Eduardo Córdoba, de 28 años, salieron la tarde de este miércoles de El Carrizal Grande rumbo a las canchas del Ejido de Malvas.
Entre semana, no es habitual que se realicen encuentros deportivos en esa cancha; normalmente, los partidos se llevan a cabo los domingos. Por eso se corrió la voz entre los jóvenes de que habría juego esa noche.
Todo transcurrió con normalidad. Vieron el partido, convivieron con otros jóvenes y, cuando terminó, emprendieron el regreso a casa.
Cerca de las 21:00 horas, todo cambió (...) Varios impactos de arma de fuego sacudieron al Ejido de Malvas y provocaron terror entre los vecinos, que en los primeros minutos ni siquiera sabían qué estaba ocurriendo.
En la esquina de Ramón Corona y Revolución quedaron los cuerpos sin vida de tres hombres tras el ataque armado. En este cruce, fueron identificados posteriormente: José Guadalupe Navarro, de 19 años, y Eduardo Córdoba, de 28, ambos originarios de El Carrizal Grande.
Los primeros reportes por detonaciones de arma de fuego y un ataque armado comenzaron a llegar al 911 a las 20:50 horas, los cuales fueron atendidos por elementos de la Guardia Nacional, debido a que existe un destacamento a unos minutos del lugar.
“Pensamos que eran cuetes”
La mañana siguiente al ataque armado, el Ejido de Malvas intentó recuperar su ritmo.
En el cruce donde localizaron a Pepito todavía podían observarse manchas de sangre sobre el pavimento, mientras los habitantes pasaban por el lugar y miraban con cautela.
MILENIO recorrió la comunidad y encontró vecinos que todavía hablaban con temor de lo ocurrido. Algunos apenas querían hablar. Otros coincidieron en algo: no recordaban que antes hubiera ocurrido un hecho de esta naturaleza en la zona.
Los habitantes confirmaron que los fallecidos eran de El Carrizal Grande, comunidad ubicada a unos cinco kilómetros del lugar del ataque.
María del Consuelo Hernández Castillo, habitante del Ejido de Malvas, todavía narraba lo sucedido con espanto y de manera acelerada.
Eran alrededor de las 21:00 horas y estaba viendo su novela en la televisión de la sala. Su hija y su nieto se encontraban en uno de los cuartos.
Entonces, la señora Hernández Castillo escuchó las detonaciones y llegó a pensar, en un primer momento, que se trataba de cohetes.
“Estábamos mi hija, mi nieto pequeño; ella estaba jugando con el niño dentro del cuarto y ya cuando oímos como un cohete, pues ya de tontas salimos; ya minutos después se vieron los resplandores de las patrullas afuera. Yo me imagino que toda la calle tiene miedo, ¿quién no va a tener miedo?... Pensamos que eran cuetes (sic); esto no suele pasar en la colonia”, indicó.
Otra vecina, que pidió permanecer en el anonimato, aseguró haber escuchado más de 12 balazos.
“Venía de la tienda, cuando se escucharon las detonaciones, estábamos justo metiéndonos a la casa, pues ni modo de ir a asomarnos, por lo que nos tiramos al suelo. ¿Crees que en ese momento uno se va a estar asomando, ¡Pues no!”, decía de manera desesperada mientras hacía ademanes explicando cómo se tumbó al suelo en ese momento.
Los vecinos también confirmaron que esa noche hubo un partido en la cancha de futbol “Malvas” a las 20:00 horas. También aseguraron que antes de este hecho no se habían registrado situaciones violentas de este tipo en la zona.
"No se trataba de un torneo, sino de un solo partido, pues los encuentros normalmente se realizan los domingos".
Las cámaras del C5 captaron el ataque
A unos metros del lugar donde quedaron los cuerpos existe una torre con cámaras de videovigilancia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, conectadas al C5 de Irapuato.
La existencia y utilidad de estas cámaras fue confirmada por la secretaria de Seguridad, María del Consuelo Cruz Galindo, quien señaló que las imágenes ya fueron entregadas a la Fiscalía General del Estado.
“Nosotros hemos aportado ya la información de nuestro sistema de videovigilancia, que captó información importante. Ahí se deduce que hubo fuego cruzado entre los integrantes de estos grupos; ahorita toda la información corre a cargo de la Fiscalía y vamos a esperar”.
La funcionaria también confirmó el saldo de víctimas:
“Tenemos lamentablemente cuatro decesos, cuatro fallecidos y una persona lesionada”.
Sin embargo, el reporte de la Fiscalía General del Estado de Guanajuato estableció inicialmente tres fallecidos y un herido en uno de los ataques, mientras que en el segundo reportó un muerto y dos heridos.
El saldo conjunto fue de cuatro personas sin vida y tres lesionadas.
La otra familia también espera respuestas
MILENIO acudió también a la vivienda de Eduardo Córdoba, de 28 años, cuyo cuerpo quedó muy cerca del de su amigo José Guadalupe.
Eduardo vivía en la calle El Durazno, en la comunidad de El Carrizal Grande.
Sus familiares confirmaron su identidad y señalaron que recibieron apoyo para cubrir los gastos funerarios por parte de la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas.
Mientras en Malvas las manchas de sangre permanecían sobre el pavimento y los vecinos intentaban volver a la normalidad, dos familias de El Carrizal Grande enfrentaban una realidad distinta.
José Guadalupe y Eduardo habían salido de casa para ver un partido de futbol. Uno de ellos quería una camioneta para pasear con sus amigos. El otro simplemente salió a pasar la tarde (...) Ninguno regresó.
