M+.- Kevin tenía 16 años cuando aprendió a callar para sobrevivir en la Academia Militarizada de Marina Doenitz, el plantel de Ciudad Madero, Tamaulipas, que actualmente se encuentra bajo investigación tras la muerte de la adolescente Dafne Zapata Quintos, ocurrida el 16 de julio durante un curso de verano.
Ahí aprendió a no llorar frente a sus agresores, no reclamar, no preguntar, no equivocarse. Aguantar. Durante meses estuvo incomunicado de su madre.
Fue golpeado hasta con un remo, pero entre lo que más le pesa está aquella última imagen de Danna Yanina quedándose atrás mientras él podía marcharse. “Me sentí culpable”, dice en entrevista con MILENIO.
Recuerda que en una ocasión pudo escuchar cómo la joven fue abusada sexualmente y ofrece decir ante una autoridad judicial todo lo que vivió.
Pero tenía sueños que quería recuperar y una vida que intentaba reconstruir. Hoy, cuando habla de aquellos ocho meses que vivió en el lugar, resume: “Yo odiaba estar ahí”.
Dice que no se considera una persona traumatizada por lo que padeció en el plantel. “Yo procuraba no quebrarme para que no la trajeran contra mí. Para que no me tuvieran carrilla, porque ellos, al ver que la víctima sufre, siguen ahí”.
Podían gritarle a centímetros de la cara, amenazarlo y decirle lo que quisieran, mientras él permanecía quieto. Lo que sentía, más que tristeza, era enojo e impotencia porque no podía hacer nada.
“Creo que la única secuela que tengo es una especie de rencor. Un odio hacia ellos”, confiesa.
Menciona por nombre a Estrellita M., Juan Jesús M., Jorge Luis P., Guadalupe M., Juan Jesús M. y América M. Todos, presuntos involucrados o señalados por la muerte de Dafne.
Afirma que siempre procuró tener buena conducta porque desarrolló desde el primer momento un instinto de supervivencia: no meterse en problemas, hacer lo que le ordenaban y evitar que se fueran contra él.
Pero también descubrió algo que todavía le provoca rechazo: las preferencias.
Recuerda que, mientras los alumnos internos comían frijoles con arroz y huevo, los integrantes de la familia a cargo de la Academia podían comer carne frente a ellos. Para Kevin, esa diferencia se convirtió en una de las cosas que más le molestan de lo vivido.
La música lo llevó a Doenitz
Su llegada a Doenitz estuvo relacionada con la música. El joven es cantante y compositor de regional mexicano y tiene un grupo en Valles, San Luis Potosí.
Su madre buscaba que desarrollara disciplina y se mantuviera alejado de las tentaciones que, consideraba, podía encontrar en ese mundo. Ella conoció la academia a través de Facebook.
“Mi mamá también fue víctima de sus mentiras, manipulaciones y engaños, principalmente por parte de Estrellita. Ella hizo lo correcto al llevarme, pero fue engañada”.
Aunque su conducta, asegura, fue ejemplar, la instructora Mora se las ingeniaba para hacerlo quedar mal. Relata que, en una ocasión, ella le pidió que le ayudara a buscar cinco mil pesos que supuestamente se le habían perdido.
Kevin accedió porque la desobediencia no era tolerada.
Estrellita le pidió que revisara su bolsa. Kevin comenzó a sacar las cosas y colocarlas sobre una mesa. Entonces, ella le tomó una fotografía. La imagen habría sido enviada a su madre con el argumento de que el menor había sido encontrado robando.
Según explica el excadete, esa acusación sirvió para decirle a su madre que todavía no estaba listo y no era un buen ciudadano, por lo que su estancia se prolongó.
En total permaneció ahí ocho meses, del 27 de abril al 20 de diciembre del 2025.
“Los primeros cinco meses tuve contacto cero con el mundo exterior. No hablaba ni con mi mamá, ni siquiera en foto. No tenía teléfono, no hablaba con nadie. La primera visita de mi mamá fue porque habían embargado la academia de la Unidad Nacional por adeudo de renta”.
En el inmueble también estaban Danna Yanina y otro interno, Rodolfo "N", cuyos padres se enteraron de lo ocurrido y él regresó a su casa, en Ciudad Madero.
La madre de Kevin supo lo ocurrido por las noticias, dos o tres días después, porque Estrellita no les avisó a los familiares.
Fue entonces cuando Kevin y Danna fueron llevados a la casa de Jorge Luis "P", el entonces director.
En ese lugar, asegura, presenció uno de los episodios que más lo marcaron.
“En esa casa fue donde yo estuve del otro lado de la puerta donde violaron a Danna Yanina. Yo quedé en shock cuando eso pasó”.
Ella había llegado el 2 de mayo al Doenitz y llevaba prácticamente el mismo tiempo sin tener contacto con sus padres. Kevin está seguro de su inocencia en la acusación que se le imputa por el feminicidio de Dafne Zapata. “Siento impotencia porque sé que es inocente”, reitera su excompañero.
“Los ocho meses que estuve ahí los viví con Danna, bajo el mismo techo, con la misma comida, bajo el mismo cuidado de Estrellita. Los mismos días, los mismos gritos, como internos de tiempo completo, ella y yo vivimos lo peor”.
El joven comenta que ellos no salían de la escuela los fines de semana ni a finales de mes. “Éramos hijos de la academia”, expone.
Y subraya: “Danna y yo éramos un equipo”. Se apoyaban para intentar evitar que Estrellita los castigara. Ella no toleraba esa alianza porque disfrutaba de regañarlos y castigarlos, y buscaba que cometieran errores.
“Te pateaban si te cansabas”
El primer acto de violencia contra Kevin ocurrió durante un ejercicio.
“Me patearon, estaba arrastrándome en el suelo, había grava, en mis codos creo que todavía se ven cicatrices. Te pateaban si te cansabas. Yo tengo el pie plano, imagínese, descalzo”.
Refiere que aquella agresión sucedió aproximadamente una semana después de su llegada, en lo que fue “una novatada”. Después comenzaron otros castigos. Una mancha en los tenis podía terminar en una “tableada”.
“En la academia tenían un remo y con él nos tableaban”. Kevin afirma que fue golpeado varias veces con el mismo y los estudiantes lo veían como una práctica “normal”, sin imaginar que era ilegal.
Los responsables justificaban los golpes bajo la idea de que se trataba de una academia militarizada y que la violencia formaba parte de la disciplina.
“Ellos jugaban con nuestra mente, nos manipulaban, nos hacían creer que era lo correcto”.
Señala a Juan Jesús M. y a su hijo, Jesús M., como los presuntos ejecutores de esa violencia. “Ellos tenían poder para golpearnos a la hora que quisieran”, relata. Cualquier error podía desencadenar un castigo.
Describe a Estrellita como una persona a la que prefería ni siquiera dirigirle la palabra.
“Era una persona detestable, que no la quieres ni mirar”. Atribuye su conducta al sadismo y asegura que ella misma les decía que disfrutaba cuando se portaban mal porque sabía que tendrían que acudir con ella a pagar las consecuencias.
Le tocó también presenciar crueles castigos. Recuerda que Danna fue obligada en dos ocasiones a bañarse con agua helada durante la noche y cuando hacía frío. También observó cuando la obligó a peinarse con mayonesa en lugar de gel.
El aislamiento como castigo
La violencia no era el único mecanismo que mantenía a los internos sometidos. También estaba el aislamiento. Cuando su madre acudió finalmente a visitarlo, Estrellita permaneció en la misma habitación y no les permitió hablar a solas. No pudo contarle lo que estaba ocurriendo.
A él le decían que su madre no lo quería.
“¿Cómo lo pude sobrellevar?, no sé, siempre estuve en automático. Los primeros días dormía cansado de llorar. Pero frente a ellos nunca me quebré”.
Pese a su buena conducta, a su madre le informaban que él no se estaba portando bien. Eso, considera, servía para prolongar su estancia. El costo era de 50 mil pesos mensuales.
Un plan para salir
Su salida tampoco fue sencilla. Kevin y Danna habían comenzado a preparar un plan. Eran los dos últimos internos de tiempo completo que habían vivido juntos durante meses y siempre se apoyaron mutuamente.
Querían “contarle todo a Jorge Luis 'P'”, pues el director siempre estaba ausente y llegaron a creer que desconocía las atrocidades.
El plan fue descubierto. Les prohibieron hablarse y, posteriormente, también impidieron a los demás internos hablar con Danna.
En diciembre, Kevin salió de la academia y dejó a Danna atrás. Fue, dice, uno de los momentos que más culpa le provocaron.
Recordó haber visto su rostro triste. Era la última persona que podía apoyarla y ahora también se iba. Pero decidió pensar en sí mismo.
“Me sentí muy mal, pero pensé antes en mi música, en mi futuro”, reconoce. Eligió continuar con su vida y concentrarse en su carrera musical.
Considera que fue un poco egoísta, pero que tenía metas y sueños que quería recuperar. Hoy asegura que le está yendo muy bien con la música, aunque todavía se pregunta a qué costo.
Al salir, sintió que tenía dos caminos: dejar todo de lado para buscar justicia o continuar con su vida. Eligió lo segundo.
“Me enfoqué en mi música, que es mi pasión. No denuncié al salir porque supe que ya había otras denuncias, pero no se hacía nada”.
Describe su salida como el final de una película: después de una gran pelea, el protagonista finalmente se marcha por una carretera.
“Sentí alivio al saber que ya no iba a estar en ese infierno”.
Hoy cree que se sufre para merecer.
No ha tomado terapia. Insiste en que no se siente deprimido ni considera que tenga secuelas importantes, salvo el rencor.
“Pero el karma existe y ya ellos lo están pagando”, sostiene convencido.
Y aunque afirma que va por la calle con una sonrisa, hay algo que todavía conserva: la impotencia. La misma que sintió cuando escuchaba amenazas, cuando era golpeado, cuando veía castigos injustos y cuando tuvo que abandonar la academia dejando a Danna atrás.
“Escuchar a los hijos”
Sobre la situación legal de ella, dice estar dispuesto a declarar a su favor. Actualmente mantiene contacto con la madre y asegura que su testimonio será integrado al juicio.
También expresa estar dispuesto ahora a denunciar lo que en su propio caso vivió, aunque la distancia se lo dificulta.
Actualmente se encuentra en Ciudad Valles, San Luis Potosí, y viajar a Ciudad Madero o Tampico representa para él un problema por falta de tiempo, pues además de estudiar la prepa le ayuda a su mamá en el comercio de granos.
Kevin dice que su madre quedó en shock cuando finalmente le contó todo.
Hay cosas que, comenta, le dijo hasta después de lo ocurrido con Dafne: los golpes, las tableadas, los abusos y lo que afirma haber presenciado respecto a Danna.
No se las había contado antes porque no quería preocuparla.
Por eso lanza un mensaje a otros padres: escuchar a los hijos.
Kevin tiene ahora 17 años. Sigue cantando. Sigue componiendo para su grupo de regional mexicano y trata de olvidar lo vivido, mientras espera su turno de decir lo que sabe ante una autoridad judicial.
JETL
