Policía
  • Colitas, Fabuloso y Canicón: los pandilleros que pusieron de cabeza a Monterrey

  • Durante los años más oscuros de la guerra contra el narco, Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios. El resultado fue una ciudad sitiada por el crimen.
Portada/Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios | MILENIO

DOMINGA.– Gracias a testimonios de víctimas y victimarios podemos confirmar que lo más insólito e inverosímil en las páginas negras de la historia de Nuevo León lo redactó la violencia desatada por un grupo de jóvenes “pandilleros” que apenas rebasaban los 25 años o que incluso aún no cumplían la mayoría de edad, bajo el cobijo de Los Zetas. Eran los años más álgidos de la guerra contra el narco. Tres de los protagonistas fueron identificados en el inframundo criminal como Colitas, Fabuloso y Canicón.

Aún no terminaba la primera década del siglo cuando el rostro de la barbarie se asomó en la zona metropolitana de Monterrey. Eran los días en que el salvajismo deambulaba por todos los rincones de la metrópoli –incluso en las calles exclusivas de San Pedro Garza García–, se posaba en las paupérrimas colonias del Cerro de la Campana o rondaba por las noches los antros de la calle Villagran.

Lo que vivía el estado más rico del país provocó sucesos inimaginables: que decenas de empresarios poderosos huyeran a Texas; que en las puertas de la más prestigiada universidad privada del estado, el Tec, se colgaran moños negros; que la intensa vida nocturna del Barrio Antiguo se apagara. Años de tristeza, incertidumbre y zozobra que se apoderan de sus 4.5 millones de habitantes.

Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios.
Uno de los periodos más cruentos para Nuevo León fue protagonizado por los tres pandilleros | REUTERS/Tomas Bravo

Antes de cumplir la mayoría de edad, Jesús Rafael Torres Bautista, alias El Colitas, ya registraba en su currículum criminal haber mandado unas diez almas al Averno. Para cuando pudo votar, encabezó el más atroz atentado en la historia de la ciudad: provocó que 52 personas en el Casino Royale quedaran atrapadas entre el humo y el fuego, siendo la mayoría mujeres.

Hernando Rodríguez Hernández, alias El Fabuloso, un joven petiso y musculoso, le “cerró los ojos” a un general del Estado Mayor PresidencialJuan Arturo Esparza–, quien había protegido la vida del presidente Bill Clinton y el papa Juan Pablo II durante su estancia en México, además hizo huir, desaforado, a otro general del Ejército que combatió al EZLN en Chiapas.

Pero esas asombrosas hazañas fueron superadas por las que realizó Sigifredo Nájera Talamantes, El Canicón, un joven que logró “apagar” la señal de la más importante cadena de televisión del país. Además, al igual que Pancho Villa, atacó a los estadounidenses en su propio feudo de la avenida Constitución provocando que, a partir de ese instante, los diplomáticos y miembros del consulado sintieran miedo y sacaran a sus familias del país. También emboscó, degolló y torturó a soldados, policías federales, rivales y civiles inocentes.

En los escasos cinco años que duró el reinado de Los Zetas en Nuevo León, entre 2008 y 2014, quienes venían de conquistar Tamaulipas y se establecieron buscando tomar la plaza de la zona metropolitana de Monterrey, eliminando a sus rivales del Cártel de Sinaloa.


Esa narcoguerra obligó al grupo delictivo a instituir unos cinco inmensos campos como fosa común o para incinerar y desaparecer a sus víctimas. Durante ese “reinado del terror” se acumularon unos cinco mil asesinatos violentos y más de tres mil desaparecidos a los que sus familiares y las autoridades les perdieron sus pasos, según las estadísticas oficiales de la Fiscalía estatal.

Colitas en el caso del Casino Royale


Al mediodía del 25 de agosto de 2011, Jesús Rafael Torres Bautista, El Colitas, acudió puntual a un lujoso y concurrido restaurante especializado en cabrito, el platillo típico de Monterrey. Lo convocaron sus jefes: José Alberto Loera Rodríguez, El Voltaje, Francisco Medina Mejía, El Quemado y Baltazar Saucedo Estrada, El Mataperros, los cuatro jefes de plaza en la zona metropolitana.

Colitas era el responsable de las colonias de la zona norponiente cercanas a las faldas del Cerro del Topo Chico, además encabezaba una pequeña célula integrada por jovencitas menores de edad. Después de saciar el apetito y recibir órdenes, El Colitas salió del restaurante El Gran Pastor junto con al menos una docena de colegas para dirigirse en tres vehículos a comprar unos 200 litros de gasolina que verterán en la entrada del Casino Royale.

El caso Casino Royale vinculó a Los Zetas con el empresario Raúl Rocha Cantú. Años después, su nombre aparece envuelto en otro tipo de humo.
El 25 de agosto de 2011 un comando irrumpió con garrafones de 200 litros de combustible en el Casino Royale lleno de clientes. Foto: Roberto Alanís

Raúl Rocha Cantú, dueño del casino ahora investigado de tráfico de armas para el crimen organizado y lavado de dinero, se negaba a pagar una cuota de alrededor de 150 mil dólares para que Los Zetas los dejaran trabajar. En el techo de su negocio Rocha Cantú escondía al menos un rifle de asalto. Cuando la parvada de Zetas arribó al Casino Royale, El Colitas se paró en la puerta, accionó su AK-47 disparando al techo y gritó: “¡Sálganse todos a la chingada!”, mientras sus acompañantes rociaban la gasolina por todo el local.

Después del atentado, Torres Bautista regresó a su centro de operaciones: los barrios marginados del norte de la zona metropolitana donde destaca la colonia Croc, que era controlado por pandillas. Colitas era líder de una célula integrada por Josué Mejía Garza El Flaco, de 24 años, y los menores de edad Jesús Chuy Pestañas e Itzama, Chama, de dieciséis; Yesenia de diecisiete y Yaresi de quince. La zona donde Los Zetas los reclutó no registra pobreza extrema, son barrios marginados socialmente donde la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, consumo de droga o las agresiones sexuales forman parte de su vida cotidiana.

Al Colitas y las mujeres adolescentes los reclutaron las pandillas que controlaban entonces la delincuencia organizada en Monterrey. Sus nuevos miembros que fortalecieron la estructura de Los Zetas en todo el país salieron de las pandillas de esta zona metropolitana. A diferencia del Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Zetas jamás tuvieron que recurrir a falsas promesas de empleo para reclutar o reponer a sus miembros caídos. Utilizaron la estrategia de las maras, iban a barrios donde repartían juguetes en Navidad, entregaban despensas en situaciones de desastre o pagaban a mujeres, niños y ancianos para que acudiesen a las calles para protestar contra la presencia de militares.


En colonias, como Cerro de las Campanas, Croc o Nuevo Almaguer, Los Zetas reclutaron a cientos de jóvenes y adolescentes para utilizarlos como “carne de cañón”, convertirlos en sicarios, halcones o vendedores de droga al menudeo. “Estudio Longitudinal de Pandillas en Monterrey”, realizado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en 2010, apuntó que la zona metropolitana de Monterrey sumaba unas 2 mil pandillas integradas. La Secretaría de Seguridad Pública del estado detectó que alrededor de veinte de esas pandillas estaban controladas por Los Zetas y el Cártel del Golfo, de donde sacaron a cientos de sus nuevos miembros.

La manera de cooptarlos la contó un expandillero que habló bajo la condición del anonimato: “Los Zetas están usando el mismo método que los maras para reclutar”. El sistema era muy sencillo: consistía en provocar conflictos y riñas entre pandillas. Las más débiles eran atacadas por las más fuertes para que los jóvenes se pasaran con la pandilla más poderosa, en este caso, controlada por Los Zetas. También tenían como prioridad reclutar mujeres para atraer a más jóvenes.

Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios.
Colitas detenido, días después de su participación en el atentado al Casino Royale | Juan Alberto Cedillo


Semanas después del atentado al Casino Royale la investigación de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León ubicó a El Colitas y su célula de jóvenes. Fueron detenidos y quedaron internados en el tribunal para menores. Las pesquisas también arrojaron que Torres Bautista y su banda de menores estuvieron implicados directamente en diez homicidios y por lo menos en otros 50 actos delictivos, entre secuestros, asaltos y robos con violencia.

Fabuloso en el caso del alcalde Bronco


Hernando Rodríguez Hernández, El Fabuloso, fue jefe regional de Los Zeta a sus 24 años, pero a esa corta edad ya había logrado la hazaña de derrotar a un general brigadier de cuatro estrellas: Juan Arturo Esparza, responsable de la seguridad de mandatarios que visitaron México, como Bill Clinton, George Bush, el Rey Felipe de España o el papa Juan Pablo II.

El 4 de noviembre de 2009 el general cayó acribillado junto con tres de sus escoltas, a manos de pistoleros encabezados por El Fabuloso en calles del municipio rural de García. Apenas días atrás el militar Esparza había sido designado secretario de Seguridad para ese municipio por el alcalde Jaime Rodríguez Calderón, quien aún no se había ganado el conocido mote del Bronco.

En la estructura zeta, El Fabuloso fungía como responsable de varios municipios de la zona metropolitana de Monterrey, donde habita 90% de la población de Nuevo León. Posteriormente de que Rodríguez Calderón ganara la elección en García, el capo Zeta llamó al nuevo alcalde para advertirle que ellos controlaban el pueblo y que tenía que acatar sus reglas. La voz del mozalbete no amedrentó a Rodríguez.


A tres días de que tomara posesión, Los Zetas lo amenazaron diciendo que estarían en su casa para secuestrar a su hija. En ese momento llamó a su secretario de Seguridad para que fuera a vigilar su domicilio. Juan Arturo Esparza no alcanzó a llegar, a pocas cuadras de la presidencia lo emboscaron pistoleros del Fabuloso, en su vehículo junto con sus escoltas.

En esa época Los Zetas comenzaron a imponer su cruento reinado eliminando a rivales del Cártel de Sinaloa, a policías al servicio de “contras”, a narcomenudistas y a todo aquel que se resistiera a su dominio. Ya habían acumulado la fuerza y el control de territorios para romper con el Cartel del Golfo, sus creadores. Jaime Rodríguez seguía sin someterse, así que Fabuloso organizó un primer atentado en su contra.

La mañana del 25 de febrero de 2011 al menos tres camionetas con unos 15 pistoleros persiguieron el vehículo donde se desplazaba el alcalde que era seguido por otra camioneta con sus escoltas. Se desplazaban por una transitada avenida Abraham Lincoln que conecta Monterrey con García, la cual durante la mañana está atestada de autobuses urbanos, camiones y tráileres.

Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios.
Hernando Rodríguez Hernández, El Fabuloso, organizó un atentado contra El Bronco | AP

La emboscada ocurrió a la entrada de la colonia Lomas. Los primeros disparos de los fusiles de asalto AK-47 y AR-15, que impactaron en la camioneta donde viajaba el alcalde, rebotaron como granizo, ya que tenía un blindaje nivel cinco, el más poderoso, según contó Rodríguez Calderón. Los impactos provocaron que el chofer apretara el acelerador dejando atrás la camioneta de los escoltas que se enfrentaban a un número superior de pistoleros.

En ese momento el alcalde ordenó a su chofer que regresara y que protegiera con su vehículo blindado a sus jóvenes escoltas exmiembros del Ejército. Gracias a esa protección los certeros disparos de los exmilitares lograron matar a tres atacantes y posteriormente otros dos sicarios fueron detenidos. El resto huyó. Después de esa hazaña, al nombre de Jaime Rodríguez Calderón se le agregó el alias de El Bronco.

El Fabuloso cayó después de un enfrentamiento contra el ejército. La Secretaría de Seguridad de Nuevo León informó en un comunicado que falleció junto con otros dos presuntos miembros de la organización criminal en un tiroteo con militares y policías, ocurrido en el municipio de García, el 30 de julio de 2011.

Canicón y la sede diplomática de EU


Sigifredo Nájera
, originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, se “graduó” como pandillero en las calles de Dallas, Texas, a donde se fue a radicar y estudiar siendo niño. Se ganó el mote de El Canicón por su voluminosa cabeza.

En Dallas, Sigifredo conoció a otros dos jóvenes pandilleros mayores que él: los hermanos Miguel Ángel y Omar Treviño Morales, quienes años después regresaron a Nuevo Laredo para transformarse en Z-40 y Z-42, respectivamente. El Canicón se consolidó como jefe de plaza después de la captura de El Gori 1 por fuerzas especiales de la Marina Armada de México. Su ascenso lo transformó en un sinónimo de maldad por la crueldad a la que sometió a sus víctimas.

Cuando tomó el liderato sus huestes visitaron los clubes nocturnos más exitosos del Barrio Antiguo y exigieron una tarifa de protección semanal de entre 5 mil y 10 mil dólares. A los que se resistieron les mostraron fotos de sus hijos, esposas, viviendas, etcétera, cuenta en su libro el exagente de la DEA, Leo Silva, El reinado del terror (2025). Al Barrio Antiguo acudían miles de jóvenes los fines de semana. Los Zetas vendían su droga en los baños de los antros. Pero la zona comenzó a vaciarse con los casos de secuestro, con la ayuda de policías municipales y “franeleros” que avisaban a los Zetas quiénes llegaban en autos lujosos.

Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios.
Elementos del Ejército Mexicano arribaron a las inmediaciones del consulado de Estados Unidos ante los disparos | Juan Carlos Perez/Notimex

“En 2008 [...] el Barrio Antiguo era el lugar de reunión nocturno más popular. En el centro histórico de Monterrey, Barrio Antiguo ofrecía restaurantes y entretenimiento de primera clase para personas de todas las edades. Estaba prosperando. Los dueños de negocios buscaron ansiosamente la oportunidad de abrir un restaurante o bar en el sector, pero todos los locales ya habían sido tomados y los alquileres eran extremadamente caros. La vida era buena para los dueños de negocios en Barrio Antiguo –y Monterrey en general–, hasta que el lobo tocó a la puerta. El lobo, o debería decir una manada de lobos, apareció como Los Zetas.


“A lo largo de este período, Los Zetas mostraron un liderazgo formidable y aprovecharon rápidamente las oportunidades que se les presentaron. Los líderes de Los Zetas eran estrategas y el único objetivo en mente era ganar dinero y mucho, sin importar el costo. Los Zetas gobernaron en Monterrey a través del entonces jefe de plaza zeta Sigifredo Nájera Talamantes”, señala Silva.

En esa época El Canicón intentaba imponer su poder. Los enfrentamientos entre el ejército y los cárteles ocurrían por todos los rumbos de la ciudad y a cualquier hora del día. Las pandillas zetas lanzaban granadas de mano como si fueran confeti: contra bares que no querían pagar cuota; un periódico recibió al menos ocho ataques contra sus instalaciones.

Otras más se lanzaron contra una televisora, debido a que los criminales querían convertirse en “jefes de la información” sobre lo que se debería publicar. El atentado más audaz que ordenó Sigifredo Nájera ocurrió el 12 de octubre de 2008 contra la sede diplomática de Estados Unidos en Monterrey, sobre una transitada avenida del centro, debido a que conocía que la DEA estaba investigando a los Zetas.

“Dos hombres sin identificar se han acercado al consulado de Estados Unidos, en la ciudad de Monterrey. Uno de ellos ha disparado varias veces contra la puerta principal de la instalación. El segundo hombre ha lanzado una granada de mano que no ha explotado”, informó el consulado en un comunicado.

El atrevido ataque conmocionó a las altas autoridades de Washington y la presión que ejercieron sobre sus homólogos mexicanos provocó una feroz respuesta del Estado. Se lanzó una ofensiva encabezada por militares para capturar a los jefes zetas. No obstante, los altos capos no se sintieron amenazados y tiempo después ordenaron el asesinato de dos policías que cuidaban la sede diplomática: Arturo Zavala Ramos y Rolando Ábrego González. En su honor el consulado colocó dos placas con sus nombres en sus instalaciones.

Así fue la caída de Canicón


Meses después, una unidad de inteligencia del ejército que trabajaba con la DEA logró ubicar al Canicón en un lujoso fraccionamiento de Saltillo, Coahuila, a donde el capo regresaba a descansar después de operar toda la noche en la zona metropolitana de la capital regia. Cuando oficiales encubiertos visitaron su residencia para preparar el operativo para capturarlo, observaron un pequeño aviso donde el capo estaba contratando albañiles para realizar reparaciones a la vivienda. Posteriormente dos soldados se presentaron como albañiles.

Fueron contratados por Canicón y gracias a ellos los militares consiguieron la llave de su lujosa residencia. Para el mediodía del 20 de marzo de 2009 un helicóptero sobrevolaba la amplia casa mientras que vehículos y decenas de militares cercaron el fraccionamiento Residencial San Patricio, al norte de Saltillo.

Los Zetas encontraron en las pandillas de Monterrey un semillero de sicarios.
Presentación de Sigifredo Nájera Talamantes "El Canicón" operador de la organización de Cárdenas Guillén | Octavio Hoyos/Milenio

No necesitaron tumbar puertas. En ese momento Sigilfredo dormía plácidamente en su cama. Cuando un coronel cubierto con un pasamontañas lo despertó, “en ese momento Canicón comenzó a llorar suplicando que no lo torturaran, que iba a cantar todo lo que sabía”, contó a un reducido número de periodistas de Monterrey uno de los oficiales que participó en el arresto.

“Con la información aportada por este narcotraficante se logró la detención de Yaneth Deyanira García Cruz, administradora financiera de esta organización. Al momento de su detención llevaba consigo dos maletas grandes y un portafolio conteniendo aproximadamente 10 millones 110 mil 700 pesos” y 930 dólares, precisó el comunicado emitido por la Secretaría de la Defensa Nacional.

Después de su captura, Sigifredo quedó recluido en la prisión de Almoloya de Juárez teniendo como vecino a Joaquín Guzmán Loera, hasta que se fugó la noche del 11 de julio de 2015. Dos meses después El Canicón también abandonó la prisión pero sin tener que construir un túnel: el 9 de septiembre de 2015 la Comisión Nacional de Seguridad informó que Nájera Talamantes falleció a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.

GSC


Google news logo
Síguenos en
Juan Alberto Cedillo
  • Juan Alberto Cedillo
  • Juan Alberto Cedillo, periodista independiente y autor de los libros ‘Las guerras ocultas del narco’, ‘La masacre de Allende, un crimen de E(z)tado’ y tres títulos más sobre el espionaje nazi en México durante la Segunda Guerra Mundial.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.