Espectáculos

Titán dentro de una gomichela: la banda electrónica ahora hace cine y cambia de forma

Nunca quisieron encajar. Mientras otros escogían el “calor” latino, ellos apostaron al minimalismo e hicieron del ruido, el caos y el ego, música. Ahora producen el soundtrack de la cinta ‘Venganza’.

DOMINGA.– Yamil Rezc deambula en medio de la marea humana, se hunde en la resaca de olas de gente. Con las manos hacia adelante, como quien ofrece, sostiene una grabadora de audio en busca de sonidos. Está concentrado. Hace un momento sacó de la bolsa su Tascam en un gesto urgente con la que ampliará su archivo de sonidos: voces que se mezclan con las notas tumbadas de una banda sinaloense, gritos de un vendedor de micheladas fusionados con las notas del bajo, que se desprenden de esas bocinas gigantescas que están en el umbral entre un bar y la calle.

Yamil transformará los sonidos en música, distorsionados, irreconocibles, mezclados en las entrañas de sus máquinas, esas que él llama “mis juguetes”, que vi en acción hace unos días en el vórtice de sonidos de su estudio que tiene en Coyoacán. Cuando todo este material entre en las máquinas “masticadoras”, se transformará en otra cosa. Pero ahora es desmadre, ruido, materia bruta, casual, delirante, materia del alquimista, del hechicero. Yamil camina y graba.

Yamil Rezc, Emilio Acevedo y Julián Lede en la Feria Nacional de San Marcos, una de las más importantes del país | Federico Mastrogiovani
Yamil Rezc, Emilio Acevedo y Julián Lede en la Feria Nacional de San Marcos, una de las más importantes del país | Federico Mastrogiovanni


Emilio Acevedo
habla, pasea y sonríe complacido, como si estuviera de vacaciones en un lugar de playa, platicando con unas amigas que se sumaron después del concierto. Sus lentes de sol que siempre lleva puestas en público, en medio de la noche lo protegen de las luces de colores que espantan la oscuridad e ilumina de fiesta. Sobre todo lo protegen del contacto excesivo con los demás, algo que no le agrada demasiado. Sus lentes de sol funcionan como los de Clark Kant pero al revés. Cuando los trae puestos es un superhéroe capaz de hacer bailar a la gente.

Julián Lede está en éxtasis, disfrutando de la distonía que nos rodea, intentando no sucumbir a una metamorfosis que a los demás parece inevitable, similar a la que un licántropo vive en las noches de luna llena.

Esta noche estoy con la banda Titán en las calles de Aguascalientes, que pululan de vida, deliran, pulsan ebrias, y Julián juega y se ríe, sabiendo que en cualquier momento puede transformarse en Silverio, esa entidad alternativa, ese Mr. Hyde que aparece en el escenario tomando su lugar, con una peluca greñuda y se hace llamar su majestad imperial, descendiente de los monos, agresivo, grosero, descarado.


A nuestro alrededor las calles desbordan miles de cuerpos que se vuelven agua, se vuelven sonidos indistinguibles de risas borrachas, se vuelven caderas danzantes, delirio en dos patas, se vuelven fila para orinar en los baños de a diez pesos.

Desde el escenario, donde tomo fotos a Titán y al público, se percibe esa unión de plástica y emotividad, pero es desde la explanada donde se disfruta toda su potencia de Titán. Y el público aprecia, y los que al principio titubeaban ahora bailan. Titán, la banda de electrónica que en los años noventa representó a una generación de inconformes que no querían el rock latino ni el pop, que hizo bailar miles de personas con propuestas siempre sorprendentes y nunca repetitivas, que trajo las sonoridades de Berlín a México antes de que México supiera que quería ser Berlín.

No son ni las 12 de la noche de este 23 de abril que casi es 24, cuando el concierto de Titán ha terminado y Aguascalientes está que revienta. Pues claro, es la Feria de San Marcos, la fiesta que los hidrocálidos esperan durante un año entero, la fiesta que llena las calles de locura, día y noche, durante tres semanas, el Carnaval.

Con una mezcla de electrónica y experimentación sonora, Titán reunió a miles de asistentes en la Feria Nacional de San Marcos | Federico Mastrogiovani
Con una mezcla de electrónica y experimentación sonora, Titán reunió a miles de asistentes en la Feria Nacional de San Marcos | Federico Mastrogiovanni


Los antiguos romanos llamaban saturnalia al periodo en el que los esclavos eran amos y los amos esclavos, los hombres mujeres y las mujeres hombres. Se pensaba que los dioses poderosos en esos días de diciembre salían de las profundidades de la tierra y se tenían que aplacar con dones y fiestas.

El dios más importante era obviamente Saturno, hijo de Urano, padre de Júpiter. Saturno, quien fagocitó a sus hijos por temor a que uno de ellos lo destronara.

Saturno, el titán.

El grupo adolescente que originó Titán

Todo empezó con una banda juvenil a finales de los años ochenta. Unos adolescentes algo deprimidos, ensimismados, con granos en la cara, que se juntaron a hacer música: Julián Lede, los hermanos Emilio y Gabriel Acevedo y Tiosha Bojórquez.

Tenían entre catorce y diecisiete años y no se sentían niños, se sentían una banda que iba a cambiar la escena musical mexicana, se llamaba Melamina Ponderosa, como el material plástico que simulaba la madera y que estaba muy de moda en los ochenta. Era una band como la que monta cualquier adolescente con los amigos de la escuela, nada más que ellos la veían muy en serio.

—Porque éramos muy pretenciosos. Lo tomábamos muy en serio, íbamos a hacer algo importante. Y sí tuvo su trascendencia —me dice riendo Tiosha Bojórquez en entrevista telefónica. Hoy tiene 53 años, es lingüista y traductor, ya no sube al escenario pero fue un elemento importante de ese núcleo adolescente que se volvió Titán. El grupo ensayó durante casi dos años antes de empezar a tocar en 1990.
—Con Melamina Ponderosa no hicimos más que seis tocadas en total, pero fueron memorables. Una fue en el Reclusorio Norte. Pregúntale a Julián si se acuerda quién era El Vida Loca—se ríe fuerte— y del incendio del edificio enfrente del Chopo, eso fue nuestro último concierto.
—¿Un incendio? ¿A qué se debió?
—No tengo la menor idea. Estábamos ahí preparando el concierto, todos viajando en ácido desde el día anterior. Y de repente se incendió un edificio enfrente, así, pum. Yo sentía que nosotros habíamos provocado el incendio con telepatía. Seguramente no pasó eso.

O sí.

Melamina Ponderosa fue el antecedente de Titán. El grupo surgió en Ciudad de México cuando sus integrantes tenían entre 14 y 17 años | Octavio Hoyos
Melamina Ponderosa fue el antecedente de Titán. El grupo surgió en Ciudad de México cuando sus integrantes tenían entre 14 y 17 años | Octavio Hoyos

Más tarde, el mismo día, Julián Lede, me cita en el Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México.

—¿Por qué aquí? ¿Tiene algún significado particular para ti?

Sonríe con amabilidad. Lo primero que se nota de Julián es su gentileza.

—Pues me encanta. Realmente me parece tan extraño. Es como nazi-azteca. Hay unas águilas negras ahí —indica unas figuras oscuras encima del monumento soleado—. Esto iba a ser como un Bellas Artes pero nada más terminaron la parte de en medio y se quedó así para siempre. Me encanta este lugar. Me parece tan raro.

Sentados a la sombra del monumento le pregunto si se acuerda del Vida Loca del Reclusorio Norte. Me mira como preguntando qué es lo que sé.

—Me acuerdo que tocamos en el Reclusorio Norte con Melamina, debe haber sido el ‘90. Había un tipo que se quería escapar dentro de un bombo. Nosotros teníamos cajas de ritmos, pero ahí tocaban otros grupos y el tipo se quería ir adentro del bombo… Pero ¿quién te dijo?

No contesto a eso pero le digo:

—También sé de un incendio en su último concierto en el Chopo y que pensaban que lo habían causado ustedes con la telepatía.

Julián ahora suelta una carcajada.

—¡Ya sé quién te contó eso! ¡Tiosha! Es la única persona que conoce todos estos detalles. Del Chopo me acuerdo que hubo un incendio la vez que tocamos ahí. Habíamos consumido LSD. Esos años de Melamina... fue la base desde la cual luego nació Titán. Totalmente. Yo lo veo como un “protoTitán”.

La melamina ponderosa es una madera sintética, un material que vendían en esa época, una imitación de madera, una madera de plástico.

Mientras el rock en español dominaba la escena, los futuros integrantes de Titán escuchaban Bauhaus y música industrial europea | Octavio Hoyos
Mientras el rock en español dominaba la escena, los futuros integrantes de Titán escuchaban Bauhaus y música industrial europea | Octavio Hoyos
—¿Por qué se pusieron así?
—Nos gustaba la idea de la madera de plástico, era basura. Era un material totalmente fabricado, sintético, pero que pretendía pasar por madera.

Mientras a su alrededor la moda era el rock en español, los integrantes de Melamina Ponderosa pasaban las tardes escuchando la música que les gustaba: Meat Beat Manifesto, Kraftwerk, Public Enemy, Devo, Tuxedomoon, Bauhaus, The Residents y en general la música industrial europea.

—Más que seguir la onda de la época con el “rock en tu idioma”, nuestra búsqueda era expresar la desesperación que teníamos. Fue una época muy dark y desesperada. Los grupos que nos gustaban eran diferentes entre sí, pero estaban enfrascados dentro de un mismo universo. No querían parecerse a nadie. Nos juntábamos a oír música todo el fin de semana sin parar, todos así, viendo el disco. Luego con Titán, más que con la escena de la música aquí, nos relacionamos más con una escena del mundo del arte. Me costaba mucho conectar con los músicos.
—¿Por qué?
—Me parecía demasiado básico lo que estaban haciendo, la verdad. [Nos interesaba] que nuestra música tuviera una parte de plástico con sonidos sintéticos y luego una parte extremadamente emotiva.


Antes, si eras electrónico usabas máquinas, si eras rockero usabas instrumentos, pero mezclar esas cosas no era tan común. Y es lo que empezaron a hacer Melamina Ponderosa y luego Titán.

—Nosotros encontramos en las bases de cajas de ritmos y synthex todas esas sonoridades plásticas, de chicle o hasta superficiales que nos interesaban un montón entonces y ahora y la parte emotiva venía de las guitarras y las voces.

González Iñárritu los lanzó a la dimensión internacional

Yo estaba bailando con la música que los titanes ponían en la fiesta de presentación de la película Venganza, cuando los conocí en persona. Lo primero que entendí es que estos señores lo que disfrutan es divertir y bailar a la gente. Venganza, la película de acción de Rodrigo Valdés, que se estrenó en Amazon Prime, interpretada por Omar Chaparro, Alejandro Speitzer, Iazua Larios y Paola Nuñez, fue su primera experiencia como autores del soundrack.

Con un disco cada varios años, siempre anticipando tendencias musicales, nunca siguiendo las modas, Titán cambia de piel una vez más. No se parece a nada.

Un día antes de la Feria de San Marcos, alcancé a Julián, Emilio y Yamil en un estudio en Coyoacán. El grupo Titán me invitó a asistir a su ensayo en vista del concierto de mañana en Aguascalientes. Cuando entro, Julián me advierte que mejor encuentre un lugar en medio de la sala porque ahí donde me quedé, cerca de su bocina, “me va a reventar el cerebro”. Hace calor en la sala insonorizada.

El éxito de “Corazón” tras su aparición en Amores Perros marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Titán | Octavio Hoyos
El éxito de “Corazón” tras su aparición en Amores Perros marcó un punto de inflexión en la trayectoria de Titán | Octavio Hoyos


Me acomodo en donde puedo y me dejo invadir por la música de este grupo que ya en los noventa era una referencia de la música electrónica de la escena mexicana, en total contratendencia con la moda del rock latino que se imponía en el continente. Mientras todos escogían el “calor” latino, el ritmo, la sensualidad, Titán le apostaba al minimalismo, la frialdad industrial, la ironía. Una postura contraintuitiva y radical. Introducían en México una estética techno-industrial global, anticipando lo que se desarrollaría, décadas después, en la capital mexicana.

En medio de todo esto, el éxito del sencillo “Corazón”, que Alejandro González Iñárritu incluyó en Amores Perros, los lanzó en la dimensión internacional.

De hecho, si se escucha con atención la música de Titán se puede notar un sinfín de referencias a la cultura popular, al cine. Titán fagocita todo, lo mete en las máquinas sintéticas, lo digiere y lo transforma en algo nuevo, único. Entre la infinidad de referencias incluso irónicas, se nota el amor a los grandes compositores de cine como Ennio Morricone. Pregunto a los tres titanes en diferentes ocasiones por qué no habían hecho antes una banda sonora. Nadie lo sabe. Más bien los tres me contestan que ellos también están sorprendidos de que no se hubiera dado antes esta oportunidad. Pero tanto Julián como Emilio coinciden en que fue la llegada de Yamil Rezc lo que cambió varias cosas.

Con Yamil llegó la posibilidad de trabajar en el soundtrack de Venganza. Los tres titanes estaban emocionados por la nueva aventura. Esta vez no iban a hacer música para Titán, sino música de Titán para una película. Los tres coinciden que los egos bajaron mucho y todos trabajaron en función de algo compartido. Y eso fue muy importante para el grupo. Además del negocio, Yamil consiguió juguetes nuevos para todos para que los tres se divirtieran, despertaran nuevas emociones, para que pudieran estarle picando para que el sonido se fuera hacia otro lado.

Titán pasó de hacer música para sí mismo a crear una banda sonora al servicio de una historia cinematográfica | Octavio Hoyos
Titán pasó de hacer música para sí mismo a crear una banda sonora al servicio de una historia cinematográfica | Octavio Hoyos
—¿Y cuáles fueron los juguetes nuevos?
—Cada quien escogió uno. Pues sintetizadores loquísimos. Loquísimos. Increíbles, que normalmente nos hubiera tomado más tiempo comprar. Pero era parte del beneficio y del presupuesto de la película. Fue genial. 

Un punk que cantaba en el coro de la Catedral 

Julián Lede de chavito estudiaba composición y, entre los diecinueve y los veintiún años, cantaba en el coro de la iglesia. Dice que es ateo, que no está bautizado, “pero cuando era punk, cantaba los domingos en la Catedral de México”.

Tenía el pelo pintado de rojo y así iba a la escuela de música, una escuela de religiosos. Así entró al coro de la escuela y terminó cantando en la iglesia. Tiosha iba con él. Era la época de Melamina Ponderosa.

—Él estaba todo rapado. Traía a la virgen tatuada acá, en una época que nadie tenía tatuajes y pues nos vestíamos como podíamos.

Cantar en el coro de la iglesia como ateos punk tatuados es probablemente lo más punk que pueda imaginar. Se ríe de mis comentarios.

Mucho antes de Silverio, Julián Lede era un joven punk que cantaba en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México | Octavio Hoyos
Mucho antes de Silverio, Julián Lede era un joven punk que cantaba en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México | Octavio Hoyos
—Pero como formación fue absolutamente increíble, porque la potencia que tiene cantar en un coro y las piezas que cantábamos... Tienes a cien personas atrás que cantan increíble, estás sintiendo la potencia y a los que peor cantan y a los primerizos nos ponían hasta adelante, entonces terminábamos cantando bien también. Sentir toda la potencia del coro atrás era una experiencia de la mente. Yo volvería ahorita mismo. Lo que estoy pensando es cómo volver a un coro.

Es difícil, hablando con el amable Julián, imaginarse al excesivo, grosero, siempre encuerado Silverio, su alter ego que desde el escenario insulta al público, que le lanza cualquier cosa. Julián es el músico sofisticado, Silverio el DJ desenfrenado. En la Feria de San Marcos la transformación está todo el tiempo a punto de darse. Veo a los tres titanes perderse en la muchedumbre, la multitud fagocitando al Titán.

La incorporación del productor Yamil Rezc

En Terrodisco, primer álbum de Titán de 1995, el bajista era Andrés Sánchez, quien fue sustituido por Jay de la Cueva en los discos Elevator (2000), Titán (más conocido como disco de la calavera) y Dama (2016). Durante la producción de Nave Nodriza (2023) Jay salió del grupo y Yamil tomó su lugar. Pero Yamil no sólo es un músico multiinstrumentista, es un productor experto que ha trabajado perfiles tan diferentes como Julieta Venegas, los Ángeles Azules, Zoe o Pepe Aguilar. Es decir: sabe cómo lidiar con los artistas y sus egos. Yamil me citó en su casa de Coyoacán, que es también donde tiene su estudio.

Titán siempre ha sido una banda muy democrática —me dice Yamil sentado en una mesita en la cocina de su casa en Coyoacán—. Es una banda en la que los tres componían las ideas al mismo tiempo. Lo cual de pronto es muy romántico y está bien, pero a veces se vuelve muy tardado. Cuando hicimos Venganza les dije: juguemos a que una hora tú, Emilio, eres el jefe. Julián y yo estamos a tu servicio. ¿Qué hacemos? ¿Qué ritmo quieres? Vamos a lo que tú nos digas. Y lo hacíamos. La siguiente hora es para mí. Y la siguiente hora tú, Julián, y entonces salíamos de aquí con tres ideas y cada uno comandaba su idea, la trabajaba en su casa, la pensaba, la ordenaba, la traíamos después aquí e involucrábamos a la banda para comentar y enriquecer. Inmediatamente sacamos tres rolas increíbles.
—¿Cuáles?
—No han salido todavía, al rato te las enseño.

Su terapeuta dice que la recámara de cuando tenía quince años se convirtió, con el tiempo, en su estudio de grabación.

La llegada de Yamil Rezc a Titán abrió una nueva etapa creativa para la banda, marcada por la experimentación | Federico Mastrogiovani
La llegada de Yamil Rezc a Titán abrió una nueva etapa creativa para la banda, marcada por la experimentación | Federico Mastrogiovanni
—En esa época salieron unas grabadoras de cassette con cuatro tracks. Cuando lo descubrí, inmediatamente fui y conseguí una. Tenía las bocinas del estéreo, el amplificador, y con eso ya tenía un estudio en mi casa. Y cajas de ritmo y empezar a entender cómo grabar y cómo producir ideas. A grabar mi batería y le ponía los efectos de la guitarra. Pasaba todo el día encerrado en mi recámara.

Después de más de dos horas de entrevista sentados a la mesa de su cocina, Yamil finalmente me invita a su estudio.

—Aquí es donde hago la música de las películas, donde invito a mis amigos a componer, donde llegan artistas a producir sus canciones, donde estoy todo el tiempo que puedo aprendiendo a usar instrumentos.

El estudio está en una casita a un lado de la casa en la que vive, con la que comparte jardín. El cielo en Coyoacán está nublado, pronto va a llover, así que no entiendo bien qué hora es. Me siento desubicado. Podrían ser las tres de la tarde. O las seis. Es un espacio cuadrado, sí, pero todo el equipo dispuesto alrededor del centro de la sala hace pensar más en una espiral, en cuyo centro está inmóvil una silla, desde la cual Yamil puede controlar todos sus juguetes electrónicos.

Al encenderse las máquinas, una por una se van prendiendo lucecitas de muchos colores y la espiral empieza a tomar vida.


Yamil se sienta en el ojo del ciclón y casi sin que el resto de su cuerpo se dé cuenta, ya sus manos están picando botones, activando palanquitas, perillas, deslizadores, y las bocinas enormes posicionadas en las esquinas nos inundan de vibraciones y sonidos nunca escuchados. Hay un sintetizador que se diseñó en 1973. Es una caja de Pandora. Está basado en un sistema aleatorio. Yamil, el alquimista, lo prende y lo deja ahí sonando y la máquina va haciendo cosas.

Cierro los ojos y siento que estoy bajando al Maelström, ese vórtice de mar que Edgar Allan Poe describe como una fuerza natural monstruosa, imparable, aterradora, que se engulle todo lo que se le acerca. No hay forma de resistirse. En esta telaraña electrónica pulsante de Yamil me hundo en un Maelström sensorial.

Pasan varios minutos (¿cuántos? No sé) antes de que uno de los dos vuelva a pronunciar palabra. Cada quién con su viaje diferente, perdido, ensimismado. Yamil, plenamente absorto por la música que va cambiando, que se compone mientras la hace; yo, en trance, estoy viajando en espacios recónditos de mi mente, cobijado por las vibraciones que me atraviesan.

—Todo lo que hago, lo hago para poder tener esto. ¿Lo entiendes? —me dirá después Yamil. Todo lo que hace, lo hace para poder tener este trance creativo para sí. Y también para compartirlo. Me parece la única cosa sensata que hacer. Sí.
a incorporación de Yamil Rezc aportó a Titán una dinámica de trabajo más ágil sin renunciar al espíritu colectivo de la banda | Octavio Hoyos
La incorporación de Yamil Rezc aportó a Titán una dinámica de trabajo más ágil sin renunciar al espíritu colectivo de la banda | Octavio Hoyos

Dos hermanos de cuidado

Yamil llegó a conformar un nuevo equilibrio entre Emilio y Julián, que llevan una relación de más de 35 años. Cuando fui a entrevistar a Emilio, de 51 años, en su departamento/estudio, me habló de su relación con Julián casi como la de una vieja pareja. A un cierto punto, en los noventa, acabaron viviendo juntos.

—Después de irnos una temporada a Los Ángeles, intentamos firmar un sello de por allá, al final nos terminó firmando EMI de México. Cuando regresamos, pues no tenía casa ni él. Yo me fui a casa de mis papás un ratito. Y después creo que Julián me dijo, ‘oye, está este lugar. Pues compartamos’. Porque siempre hemos sido muy amigos. Somos como hermanos ese güey y yo. Y las peleas son más como de hermanos que se enojan. O sea, sí hay pasión y todo, pero hay un chingo de respeto y de cariño. Entonces cuando me invitó a vivir con él fue chingón, al final sí.

En la relación entre Julián y Emilio se juega mucho de Titán. Con los años han aprendido a convivir a pesar de las diferencias. Una de las principales, hacer música más entendible, comercializable, como la quisiera Emilio, que con su otro proyecto, María Daniela y su Sonido Lasser –el dúo electropop que Emilio creó en 2002 con María Daniela Azpiazu donde, además de músico hace de DJ, productor y autor– logra alcanzar públicos muy amplios, mientras Julián quisiera que Titán fuera un grupo con una gran vocación artística. Si hubiera una lista de reglas pues una de ellas sería no parecerse a nada y la otra sería ni siquiera a uno mismo.

La historia de Titán también es la historia de una amistad que ha sobrevivido a giras, mudanzas y diferencias artísticas | Octavio Hoyos
La historia de Titán también es la historia de una amistad que ha sobrevivido a giras, mudanzas y diferencias artísticas | Octavio Hoyos
—El disco que prefiero es el de la Calavera, es un blues espacial. Yo he querido siempre regresar a ese sonido pero la misma estructura del grupo lo impide, porque Julián dice: esto se parece al disco de la calavera. Y ya lo siente como covers de Titán, no sé qué siente, pero él no quiere entrar a ese terreno.

Titán fagocita a sus hijos, fagocita todo, lo mastica en sus dientes mecánicos para regresarlo en formas diferentes, absurdas, impensables.

Silverio, el ‘ater ego’ de Julián Lede

Sentados en la banca del monumento nazi-azteca Silverio no está. Le pregunto a Julián qué relación tiene con él, por qué no vino.

—Porque está guardadito.
—¿Qué quiere de ti?
—Pues explotarme, destruirme.
—¿Te quiere destruir?
—Yo creo que sí. Es complicada la relación.
—¿Por qué se te ocurrió parirlo?
—Es que no se me ocurrió.
—¿A él se le ocurrió nacer?
—Pues... No sé. Eso sí no sé.
—No está aquí. ¿Te cae bien o te cae mal?
—Lo quiero mucho. Lo respeto un montón.
—¿Qué es lo que más respetas de ese señor?
—Su desempeño en el escenario me parece sorprendente.
—¿Tú no serías capaz de desempeñarte de esa forma?
—Imposible, no puedo.
—Le envidias un poco esa capacidad.
—Totalmente, me sorprende. Es de los shows que más me gustaría ver en la vida, pero no sé por qué nunca lo he podido ver. Pero es uno que yo disfrutaría mucho de ver.

Julián empieza a reír mientras habla. Y aumenta a cada pregunta. Yo tampoco puedo resistir.

“Somos codependientes”, dice Julián Lede al describir su relación con Silverio | Octavio Hoyos
“Somos codependientes”, dice Julián Lede al describir su relación con Silverio | Octavio Hoyos
—¿Te gustaría hacer un show así?
—Me encantaría y también verlo.
—¿Nunca pudiste ir a verlo?
—No.
—¿No te invita?
—No he tenido tiempo, no sé…
—Pero a la vez es un tipo algo problemático…
—Es problemático, sí.
—¿Te acosa?, ¿por qué dices que te arruina la vida?
—Porque yo creo que se aprovecha un poco de cierta situación. Y yo padezco las peores. Como el día siguiente. Las consecuencias. Por alguna extraña razón él se la pasa muy bien y yo padezco las consecuencias.
—¿Es una relación tóxica?
—Es una relación bien extraña. No nos conocemos, pero somos codependientes. Jajajaja. Deberíamos de hacer algo. Él no quiere trabajar conmigo.
—¿Por qué?
—Se refiere muy mal a mí.
—¿Cómo crees?
—Sí, como que no que no quiere nada con esa persona.
—¿Por qué tiene esa actitud contigo? Tú lo respetas.
—Yo sí.
—¿Entonces?
—No sé. No le gusta. Le caga a Titán. Le parece horrible, mediocre.
—Bueno, todo le parece mediocre a su majestad imperial Silverio...
—Tiene mala impresión de mi trabajo.
Para Julián Lede, Silverio no es un personaje sino una presencia incómoda con la que mantiene una relación compleja | Federico Mastrogiovanni
Para Julián Lede, Silverio no es un personaje sino una presencia incómoda con la que mantiene una relación compleja | Federico Mastrogiovanni
—Yo recomiendo que hagan algo, hablen por lo menos. ¿Han pensado en ir a una terapia? Algo así.
—Jajaja ¿de qué tipo? ¿Qué terapia existe para algo así?
—No lo sé.

De repente Julián se pone más serio.

—Mi madre lo vio. Mi madre era terapeuta. Me dijo que nunca más quería verlo en su vida. Ella sí lo encontró. fue a ver en un show. Quedó en shock, en pánico. Fue una vez y nunca más. Dijo, no lo quiero volver a ver nunca.

En las calles de Aguascalientes pierdo de vista a Julián pero sospecho que la transformación ha tenido lugar porque varias personas en la última hora lo han visto, reconocido y le han dado de beber.

La versión reinventada y regurgitada de “Corazón”

Le pregunté a Emilio Acevedo si conoce a Silverio.

—Sí, claro, pero aparte, esa nueva moda que trae Julián de que no está Silverio cuando Julián está... es mentira.
—A ver, cuéntame...
—Jajajaja, pues tú dale una botella de tequila y aparece Silverio!!!
—Pero ¿desaparece Julián?
—Pues tampoco. Está oscilando. Es radical ahora la visión que tiene, pero siempre existió Silverio. O sea, la peluca le dio un... Como que ya logró entender que sí era descendiente de los monos. El personaje primitivo y grosero y todo esto, sí se confirmó más. Pero el patear el mapamundi... ese es Silverio. [...]. Y cuando está Silverio el teatro está completo, no tiene por qué aparentar nada, pero tampoco se mete en cosas de amigos. Con Silverio se mete más bien en el juego donde es bien recibido por el público como es bien recibido un luchador.

También Emilio tiene su máscara que, como toda máscara, como la nariz roja de un payaso, le permite cambiar de identidad, aunque de manera más sobria: sus lentes de sol.

Emilio Acevedo asegura que el mayor atractivo de Titán es que todavía existen cosas por descubrir | Federico Mastrogiovanni
Emilio Acevedo asegura que el mayor atractivo de Titán es que todavía existen cosas por descubrir | Federico Mastrogiovanni
—Los lentes me abren mucho espacio. Incluso cuando voy a escuchar a un buen DJ me pongo los lentes y bailo tres veces más desinhibido que si no me pusiera lentes. Empiezo a sentir que ya no soy yo, soy más espectador, es más tranquilo. La gente me ve bailar de pinche macuarro de exhibición, pero no importa porque lo que yo quiero realmente es llegar a ese trance que me da ese estado de conciencia. Es liberador ponerse algún personaje. Me gustaría que no hubiera intercambio visual.

Ni Julián ni Yamil son DJs de oficio. Al preguntarle si le gusta hacer bailar a la gente no titubea y se contradice.

—Sí, me apasiona. Oír una canción que te gusta a todo volumen, ya es un rush. Y luego crear una conexión inmediata, una conexión que existe.
—¿Por qué es tan importante que Titán siga vivo como proyecto?
—Me encantan los retos —ríe Yamil—. Aparte siempre me gustó el grupo. La única regla es que no hay reglas. Me la paso bien. No hay límites, no son rolas de amor. Con Julián me lo puedo pasar todo el día oyendo música, tenemos colecciones de discos increíbles y nuestras pláticas de música son interminables.
—¿Qué imaginas para el futuro de la banda?
—Qué hay algo por descubrir todavía. Creo que nuestro músculo es tocar en vivo. Nos gusta y es donde somos más cabrones. Somos otras personas, yo tocando la batería con Titán tengo una energía que solamente con ellos la tengo y puedo remontarme a mis grupos favoritos, a Talking Heads, a grupos que son sólidos y que te hacen bailar. Me encanta la manera de tocar de Emilio, me encanta cómo toca Julián en vivo, siento que los tres tenemos una muy buena sopa que te llevas.
“Hay una cosa que todavía hay que descubrir. Cuando he tocado con otras bandas, ya sé el futuro. Hay que hacer otra rola que hable de esto, güey. Es esto lo que va a pasar. Aquí está abierto, hay juguetes nuevos, a ver qué pedo. Y un día se te ocurre a ti o luego a él. Hay muchas posibilidades y sobre todo es una banda que emana creatividad y respeto porque no me gusta estar del lado que todos están, no me gusta perseguir el éxito a lo pendejo. En realidad para mí el éxito es estar en situaciones importantes, no ganar dinero, no me mueven esas cosas. Y no porque no tengo ningún pedo con el dinero pero no es la meta.
Para sus integrantes, la creatividad importa más que la repetición o la nostalgia | Federico Mastrogiovanni
Para sus integrantes, la creatividad importa más que la repetición o la nostalgia | Federico Mastrogiovanni
“Disfruto mucho tener el control de mi vida creativa y no le voy a dar la rienda a nadie. Cuando tocas en otro tipo de bandas con otro tipo de valores y con mucho éxito te vuelves el esclavo de ti mismo, de los fans, de los managers.
“No creo en estar haciendo el mismo edificio del Infonavit, como las canciones de Zoe. Odio a ese grupo, por más que me dio cosas muy importantes. Hoy los aborrezco, aborrezco su entorno político y su entorno económico, de cómo los engrandecen para... En realidad ellos, como están nutridos de puro ego, no se dan cuenta que al que hacen millonario es al corporativo para el que trabajan, Ocesa, la cosa más asquerosa que te puedes imaginar”.

La versión reinventada y regurgitada de su éxito “Corazón” resuena entre los cuerpos bailantes del público de Aguascalientes. Todos la reconocen, y a la vez parece que se preguntan qué es esta pieza tan famosa y tan diferente. Titán lo fagocita todo, incluso el Titán del pasado. Puede comerlo todo, nada está a salvo.

Después del concierto deambulamos por las calles de una fiesta dedicada al dios Saturno y la sensación es la de estar dentro de una gigantesca gomichela, que un titán está a punto de tragar. Para luego digerirla y transformarla en algo nuevo.


GSC / MMM


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Federico Mastrogiovanni
  • Federico Mastrogiovanni
  • Escritor y periodista, autor del libro 'Ayotzinapa y nuestras sombras' (Grijalbo 2024), entre otros libros. Es ganador del Premio Nacional de Periodismo 2021 en la categoría “entrevista/perfil”
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