M+.- A menos de dos semanas de que comenzó una incursión militar de élite en Durango para diezmar –o acabar– con tres décadas de carrera delictiva del clan Cabrera Sarabia, los efectos son percibidos por miles de habitantes del estado: halcones en retirada, narcotiendas cerradas y una base social criminal agazapada.
MILENIO conversó con diversas fuentes en la Tierra de los Alacranes para saber qué ha pasado en los primeros días después del despliegue de 700 elementos de élite de la Defensa Nacional que tienen un mismo objetivo: ir tras los hermanos que dotan de dinero, armas, municiones e influencia política a La Mayiza.
Los testimonios de un militar de alto rango en la zona, de un periodista local amenazado, un analista político y un miembro de la Guardia Nacional son un retrato hablado de un Durango inimaginable hasta hace un par de años.
En Santiago Papasquiaro, municipio al norte del estado donde se escondía El Mayo Zambada, a los halcones se les retiraron los teléfonos y se los cambiaron por nuevos, pero tienen la orden de usarlos sólo en situaciones de emergencia.
Narcotienditas son abandonadas
En Gómez Palacio, Lerdo y Dimas, la mayoría de los “puntos” (lugares fijos de venta de droga) han sido abandonados. Y en El Salto y Guadalupe Victoria las extorsiones han caído, por primera vez en años, porque quienes las cobraban han huido hacia las rancherías.
“En Hidalgo, tú entrabas al pueblo [Villa Hidalgo] y desde las primeras calles podías ver a adolescentes acostados en unas motocicletas. Ellos son los [halcones] que vigilan todo lo que pasa: quién entra, quién sale y ordenan ‘levantar’ a los foráneos, especialmente los que traen placas de Sinaloa”, asegura el periodista, quien ha pedido el anonimato. “Eso ya no se ve desde hace días”.
El inspector de la Guardia Nacional consultado para este texto asegura que en las colonias periféricas de Durango capital solían verse camionetas de lujo y razers (vehículos todo terreno) con hombres armados y ahora sólo se ven los modestos autos y trocas de la gente trabajadora.
“A los jefes de células de los Cabrera Sarabia les recogieron las radios que tenían con la frecuencia de la Fiscalía del Estado”, cuenta este funcionario en uno de sus pocos tiempos libres.
Importancia de la denuncia ciudadana
Además de la presencia militar, el repliegue criminal es una consecuencia directa de la instalación de una línea telefónica de denuncias anónimas que es administrada por los militares de élite, quienes han comenzado a recibir oleadas de información sobre personal, casas y empresas ligadas a los Cabrera Sarabia.
Es la evidencia de que a la gente en Durango no le faltaba información sobre el crimen organizado local, sino lugares seguros donde depositar todos esos datos.
La narrativa es similar en perfiles de redes sociales asociadas a Los Chapitos –enemigos de los Cabrera Sarabia– que han celebrado el despliegue militar: publican videos que muestran caminos vacíos donde antes había retenes de sus rivales duranguenses, fotografías de militares deteniendo a motociclistas sin placas e imágenes elaboradas con inteligencia artificial con sicarios escondidos en el monte.
“De pronto, ya nadie es ‘alucín’ y los duranguenses dejaron de hablar como culichis”, se burló un tuitero identificado con La Chapiza. “¿Qué pasó, ya no patrullan en Durango? ¿No que son dueños y amigos en Durango? Ni sus camionetas blancas se ven”, escribió otro tuitero, cuya cuenta está dedicada a la “guerra en Sinaloa”.
“Nadie moviliza de manera repentina a cerca de 700 elementos militares, apoyados por vehículos blindados y equipo especializado, únicamente para realizar patrullajes rutinarios o desmantelar puntos de venta de droga”, razona Felipe Correa, analista político en Durango.
“Por un lado, la presencia de un importante número de soldados genera una sensación de tranquilidad y de capacidad institucional para contener posibles amenazas. Para muchos ciudadanos, ver patrullajes permanentes y acciones operativas visibles representa una señal de que el Estado mantiene presencia y capacidad de respuesta.
“Por otro lado, también existe incertidumbre: inevitablemente surge la pregunta sobre qué información poseen las autoridades y qué riesgos buscan prevenir o contener”, añade el experto.
Murciélagos contra los aliados de El Mayo
Mientras el país estaba preparándose para el inicio de la Copa del Mundo, la Defensa Nacional alistaba un movimiento histórico: el mayor desdoblamiento militar de su historia contra los Cabrera Sarabia.
Era el 9 de junio y se afinaba la estrategia para atacar a la estructura criminal de Alejandro y José Luis Cabrera Sarabia, El 02 y El 03, respectivamente, los hermanos que continúan operando y financiando a La Mayiza.
“Definitivamente, es una ofensiva que tiene un objetivo muy claro: los lugartenientes de El Mayo Zambada en Durango. No vamos a esperar a que ese estado se vuelva ingobernable. Estamos actuando para impedir que sigan siendo un factor de desestabilización en la región”, aseguró un militar en el estado consultado por MILENIO.
Ese clan familiar comenzó a operar grandes plantaciones de mariguana y amapola en 1996 como lugartenientes de El Mayo Zambada, para quien obtenían toneladas de narcóticos que trasladaban hacia ciudades en el norte de Estados Unidos como Nueva York o Chicago.
Cinco años más tarde, en 2001, Alejandro y José Luis, así como Felipe y Luis Alberto Cabrera Sarabia, El Inge y El Arqui, fueron sancionados por el presidente George W. Bush mediante la Ley de Designación de Capos del Narcotráfico Extranjeros.
La Casa Blanca se fijó en los cuatro hermanos, pero en México siguieron gozando de impunidad gracias a su mejor seguro de vida: sus conexiones con políticos estatales.
Han pasado 30 años desde que comenzaron a delinquir y ahora enfrentarán el desafío mayúsculo por parte del Estado mexicano: un día antes de la inauguración mundialista en el Estadio Azteca, unos 90 integrantes del Cuerpo de Fuerzas Especiales llegaron a Durango.
Son mejor conocidos como Murciélagos, una unidad militar de élite especializada en operaciones nocturnas de alto riesgo y combate de alta precisión contra el crimen organizado. Los recovecos de la Sierra Madre Occidental son un desafío, no un problema, para “los hombres de negro”.
Dos días más tarde, el 12 de junio, llegaron 300 elementos del 78 Batallón de Infantería procedentes de la Ciudad de México para sumarse a los trabajos de la Décima Zona Militar.
Son expertos en patrullajes en zonas de conflicto, reconocimientos terrestres y bloqueo de vialidades e instalación de puestos de seguridad en áreas prioritarias. Por su rudeza y lealtad entre los militares, se les llama “Perrazos”.
Y al día siguiente, 13 de junio, llegaron otros 300 elementos de la Dirección General de Armas Blindadas, conocidos como los “Acorazados”, cuya especialidad son operaciones ofensivas y defensivas mediante el uso de vehículos blindados. Son rápidos, tienen potencia de fuego y un implacable conocimiento táctico. También son los más jóvenes.
Esos casi 700, afirma el militar consultado, darán continuidad a una estrategia que alcanzó un punto álgido en diciembre de 2025, cuando en Durango fue arrestado Édgar Rodríguez Ortiz, El Limones, operador financiero de los Cabrera Sarabia.
Luego, más detenciones: El 02 de Chihuahua, El Triny, una célula delictiva en Ciudad de México y este 9 de junio un operativo por aire y tierra que estuvo muy cerca de capturar a Leonel García, El 40, jefe de sicarios y encargado de seguridad.
En unos días ya han dado golpes certeros: en San Dimas, el Ejército mexicano desmanteló una armería clandestina con armas largas, cargadores, cartuchos y placas balísticas; en la capital incautaron una bodega de explosivos con 51 bombas caseras, 200 metros de mechas detonantes y tres kilogramos de pólvora.
Y este 20 de junio, el Ejército mexicano incautó un vehículo de lujo dentro de una hacienda en Felipe Ángeles, en la capital duranguense, que extraoficialmente pertenece a los Cabrera Sarabia.
Además, se han colocado retenes en puntos carreteros que tienen una doble utilidad para los Cabrera Sarabia: escapar hacia Coahuila y Zacatecas y sacar a su base social a hacer narcobloqueos, en caso de la detención de uno de sus líderes. Con los militares de élite en los caminos, huir y quemar será más complicado.
“Para el tamaño de Durango, y el número de habitantes, 700 militares puede parecer poco. Pero estamos hablando de gente entrenada para las misiones más complejas. Cada uno vale un regimiento”, asegura el militar en activo.
RM
