DOMINGA.– Un par de días antes aprobar los bombardeos sorpresa sobre Irán, el presidente de Estados Unidos estaba frustrado con su equipo más cercano. Quería atacar Teherán lo antes posible pero ningún nombre para la guerra le parecía adecuado, así que estaba dispuesto a poner todo en pausa hasta que el marketing de la destrucción fuera perfecto. “Me dieron como veinte nombres”, dijo Donald Trump en un mitin en Kentucky el pasado 11 de marzo, “pero todos me hacían dormir”.
Rechazó nombre tras nombre hasta que alguien le propuso Operación Furia Épica. Quedó fascinado de inmediato. “¡Ese nombre sí me gustó!”, presumió el republicano ante sus seguidores y miles aplaudieron. Y entonces se hizo la luz verde para el asesinato de Alí Jameneí, el líder supremo iraní, el 28 de febrero.
Rabia con epopeya. Un evento que, inesperadamente, está por beneficiar al crimen organizado internacional y que podría repercutir en los cárteles mexicanos.
Trump: “They gave me a list of names. Sir, pick the name you like, sir! The name of what? The name of the attack on Iran, sir. They gave me like, 20 names. I'm like, falling asleep, I didn't like any of them.
— Republicans against Trump (@RpsAgainstTrump) March 11, 2026
Then I see Epic Fury. I said, I like that name” pic.twitter.com/c1xBIqJaWQ
Donald Trump pronto explicó –y justificó– ese nuevo conflicto en Medio Oriente. Aseguró, sin pruebas al público, que Irán guardaba armas nucleares y que planeaba usarlas contra Estados Unidos. “Nuestro objetivo es defender al pueblo eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní”, anunció en cadena nacional. Y volvió a hinchar el pecho cuando recordó que no sólo decapitó al régimen, sino que cortó sus brazos y piernas, pues entre las bajas de sus rivales hay, al menos, ocho altos funcionarios iraníes, como Mohammad Pakpour, comandante de la Guardia Revolucionaria, y Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa.
Sin embargo, hay algo que Estados Unidos no puede amputar en suelo iraní y que hoy mantiene atentos a los grupos clandestinos globales que viven del robo y reventa de petróleo: el estrecho de Ormuz.
Se trata de un cuerpo de agua angosto bajo control del gobierno de Irán y que es el paso marítimo desde el golfo Pérsico hasta el océano abierto más relevante del mundo. Todos los días pasan por ahí miles de productos. Pero uno es estratégico para cada ser viviente en el planeta: el petróleo. Entre 2024 y 2025 el flujo promedió unos 20.9 millones de barriles cada día, es decir, uno de cada cinco que consume el mundo.
Irán ordenó el cierre inmediato del estrecho de Ormuz como venganza contra Estados Unidos. Un cortón estratégico. Luego, amenazó con abrir fuego contra buques estadounidenses que quisieran pasar por ese trayecto. El amago ha funcionado: más del 90% del tráfico marítimo se ha desplomado, lo que ha provocado fuertes alzas en los precios globales del petróleo. Estados Unidos vive una carestía de gasolina y diesel que amenaza con convertirse en una crisis económica, un duro revés para Donald Trump, quien está a ocho meses de medir su popularidad en las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 .
Y no sólo es la Unión Americana. Asia se va a pique con ellos: Corea del Sur vive su primera imposición de tope a los precios del gas en 30 años; Tailandia recurre al fomento del teletrabajo como respuesta a la escasez y el encarecimiento del combustible; Pakistán estableció una semana laboral de cuatro días en oficinas gubernamentales; en Filipinas los burócratas “trabajan a medio gas”; Bangladesh tiene cerradas a decenas de universidades públicas y privadas.
Cuando el combustible se vuelve caro o difícil de conseguir, los mercados criminales entran en acción. El contrabando, la adulteración y el robo se vuelven rentables casi de inmediato. En Nigeria, los ladrones de petróleo y quienes perforan oleoductos extraen miles de barriles cada día pese a años de esfuerzos gubernamentales por detenerlos.
“En África occidental y el Sahel, las redes ilícitas de combustible están entrelazadas con los mismos sistemas que mueven drogas, armas y personas. La regla básica se cumple en todas partes: cuando el suministro oficial falla, los criminales se convierten en los proveedores alternativos”, escribió Robert Muggah, un reconocido especialista en materia de seguridad, en un artículo en su perfil de LinkedIn.
El efecto dominó desde Asia hacia el mundo recuerda la última gran contingencia sanitaria del mundo, cuando miles pensaron que el crimen organizado sufriría un revés y resultó todo lo contrario: la pandemia fue terrible con las economías legales y maravillosa con las ilegales.
El bloqueo de rutas comerciales es una oportunidad para el crimen organizado
En 2020, con las rutas de Asia cerradas hacia el mundo por el covid-19, el flujo de precursores químicos para hacer metanfetaminas y opioides se detuvo. Al principio, los cárteles perdieron millones de pesos con contenedores varados, pero rápidamente se recuperaron usando los principios capitalistas de la oferta y demanda: a la escasez se le combate con un alza de precios en productos básicos.
Ahora es la gasolina y el gas pero, hace seis años, era la droga que no llegaba a los puertos de Manzanillo, Colima, o Lázaro Cárdenas, Michoacán. Así que los pocos narcóticos que seguían en el inventario de los cárteles tenían precio de oro. Y por tratarse de un producto de primera necesidad para un segmento de la población, su compra estaba garantizada. Cada compra mejoraba el precio de la siguiente. Los jefes de plaza se volvieron ricos administradores de la carencia.
“Perdimos miles, ganamos millones”, me dijo en los años del confinamiento un vendedor de droga en los bares de Madero, la calle peatonal más concurrida, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México. “Se pelean por la droga porque traigo poca y no alcanza para todos”. Pienso que ahora lo mismo puede aplicar para quienes acaparan gasolina o gas, mientras el mundo se seca como parte de la venganza de Irán a partir de la guerra de Israel y Estados Unidos. Luego, llegará el saqueo y la reventa.
Las rutas comerciales interrumpidas son una oportunidad, no sólo un problema para el crimen organizado. Cuando el transporte legítimo se vuelve poco confiable o más costoso, el valor de los intermediarios criminales capaces de garantizar entregas aumenta de forma drástica.
“Los principales puertos de Europa –Rotterdam, Amberes, Hamburgo– ya están profundamente penetrados por redes criminales que corrompen a trabajadores portuarios, manipulan códigos de contenedores y mueven carga ilícita junto con mercancía legal. Lo mismo ocurre en América, donde las terminales de contenedores de Santos [Brasil], Manzanillo y la Costa Este [de Estados Unidos] han sido durante años vulnerables a sobornos e infiltración. La presión sobre las cadenas de suministro les da a esas redes más margen de maniobra, no menos”, insistió Robert Muggah.
Y si algo nos enseñó la pandemia es que las dinámicas criminales en Asia, más temprano que tarde, se reflejan en América y, por lo tanto, México: la reserva de drogas para su reventa, el incremento en la extorsión y el aumento de delitos cibernéticos, por ejemplo.
Corea del Sur ya empezó. Ante la inestabilidad de los precios domésticos de los combustibles, Park Sung-ju, jefe de la Oficina Nacional de Investigación de la Agencia Nacional, anunció este 16 de marzo que pagará recompensas de hasta 500 millones de wones (unos 370 mil dólares) por información relevante sobre actividades ilegales como el acaparamiento. Luce inevitable que más países comiencen a reconocer que esta crisis no es sólo económica, sino de seguridad nacional.
Al momento en que escribo este texto, seis días antes de su publicación, los precios del petróleo muestran una fuerte tendencia al alza: el crudo Brent cotiza hasta en 105 dólares el barril, mientras que el WTI West Texas Intermediate está acercándose rápidamente, hasta 98 dólares.
Un cambio en el flujo de negocios petroleros, un pastel codiciado para los cárteles
¿Dónde parará? Greg Newman, CEO de Onyx Capital Group, especialistas en exportación petrolera, calcula que es altamente probable que el mundo vea, por primera vez en la historia, un barril de petróleo a 200 dólares. Ebrahim Zolfaqari, alto mando militar iraní, concuerda y hacia allá va el desquite.
Y si Irán, Estados Unidos o Israel no reabren en un mes el estrecho de Ormuz, se haría realidad la profecía de Meghan O’Sullivan, directora del Proyecto de Geopolítica de la Energía en la Harvard Kennedy School: recesión global, aumento de costos de endeudamiento, alterar el resultado de guerras en curso y cambiar el equilibrio de la competencia de poder global. “Estaríamos entrando en un mundo completamente distinto”, aseguró O’Sullivan a ‘The Atlantic’.
Es un cambio que impactaría en México, según JP Spinetto, experto en economía: con el mundo sacudido por los riesgos de un shock en los precios del petróleo, América Latina podría avanzar su papel geopolítico, si refuerza sus políticas internas, particularmente en materia de crimen e inseguridad. Brasil, Guyana, Colombia, Chile y México podrían beneficiarse, según un informe de Goldman Sachs Group Inc. México entonces se volvería un jugador relevante.
También el crimen organizado. Al menos siete grandes cárteles nacionales –Sinaloa, Jalisco, Santa Rosa de Lima, Golfo, Noreste, Nueva Familia Michoacana y Cárteles Unidos– tienen negocios ilícitos vinculados al robo de combustible. Un cambio notable en el flujo de negocios petroleros en México sería un pastel codiciado para ellos, que lo pelearían a sangre y plomo.
“Iniciamos esta guerra a causa de Israel y su poderoso lobby”
“Todo el mundo está volteando a ver a Irán, pero muy poca gente sabe que en Irán hay un ‘huachicoleo a la inversa’: los precios del combustible en Irán están extremadamente subsidios y en un un régimen corrupto algunos miembros ocultos de la Guardia Revolucionaria de Irán estaban sacando gasolina combustible de su país para comercializarlos en otros lugares, principalmente países pequeños de Asia”, cuenta Gonzalo Monroy, especialista en energía, a DOMINGA.
Algo similar pasaría en México: el gobierno federal subsidiaría la gasolina para evitar una tendencia inflacionaria, lo que haría muy atractivo que los grupos criminales empiecen con la extracción de gasolina directamente los ductos, o de Petróleos Mexicanos, y que luego la revendan en países pequeños y cercanos, como Cuba o Haití, mediante lanchas rápidas y ligeras.
“Con altos precios baja el contrabando, pero aumenta el robo. El negocio está en sacar el combustible de un país subsidiado a otro que lo necesita y que tiene sus propias redes criminales que lo pueden distribuir por su territorio. Es una economía ilegal de la exportación”, afirma Monroy.
Mientras la guerra por el petróleo continúa, también otras bajas: tras semanas de conflicto, el 17 de marzo el director del Centro Nacional de Contraterrorismo estadounidense, Joseph Kent, un trumpista de ala dura, renunció en protesta por una “campaña de desinformación” alrededor de la nueva guerra.
“No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán”, afirmó en su carta de renuncia que compartió en la red social X. “Irán no representaba una amenaza inminente contra nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra a causa de la presión de Israel y su poderoso lobby”.
Hay fuerzas más poderosas detrás de la guerra. El crimen organizado global chapotea en la fiesta de la Furia Épica.
GSC/ATJ