Angélica María Hernández Ramírez cumplió con su rutina dominical: se levantó temprano, se alistó con sus dos hijos y acudió a misa de las 09:00 horas a la Parroquia de Nuestra Señora de la Altagracia, en Zapopan.
Al terminar la ceremonia, los niños corrieron al parque. Ella, con 45 años y un embarazo de cuatro meses, prefirió sentarse en una banca para observarlos mientras reían y jugaban. Lo que Angélica no sabía es que esa sería la última vez que vería a sus hijos correr.
Angélica María estaba embarazada, por lo que se sentó al filo de una jardinera en el parque mientras, con la mirada, seguía la alegría de su hija y su hijo, que corrían llenos de felicidad.
A un costado se encuentran unas pequeñas oficinas del ayuntamiento de Zapopan, y una de ellas corresponde a la Policía Municipal.
El ataque armado en el parque
El sol empezaba a arreciar. Pasaban ya las 10:00 horas cuando, de forma intempestiva, un convoy de civiles armados arribó al parque e interrumpió la tranquilidad y la paz de la gente. Descendieron de sus vehículos y, con armas largas, atacaron a los elementos de la Policía de Zapopan.
Angélica María no tuvo tiempo de correr y quedó en medio de la balacera…
“No estaba haciendo ejercicio, estaba sentada”.
Una vecina de la colonia Altagracia comentó: “Dicen que estaba haciendo ejercicio, pero no; estaba ahí sentada, ahí donde está el poste blanco y su veladora. Salió de misa, se sentó mientras sus niños estaban jugando aquí, una niña y un niño”. Lo dijo con temor, como quien revive la tragedia al narrarla.
“Corrigieron y dijeron que no era cierto, que no estaba corriendo, (pero) no estaba de irresponsable. Venía saliendo de misa; eso fue lo que comentaron todas las personas, que venía saliendo de misa de nueve y fue a las 10 cuando pasó esto”, comentó otra vecina.
En ambas mujeres se notaban vestigios de dolor e impotencia. Aún sentían miedo, el terror de lo vivido. Sus voces temblaban al recordar las ráfagas, al señalar el lugar exacto donde cayó Angélica María, sin imaginar que esa mañana de domingo sería la última.
En la colonia Altagracia, la tragedia de haber perdido a una mujer que solo cumplía con su rutina —sentarse en el filo de una jardinera a ver jugar a sus hijos— duele más porque no hizo nada para merecerlo. Solo estuvo ahí, en el momento equivocado, en el lugar donde la muerte llegó sin avisar.
A dos días de los hechos, el concreto donde estaba Angélica María continúa manchado por su sangre, por lo que su familia y seres queridos colocaron una veladora en su honor tras su fallecimiento.
???? Angélica María fue la única víctima civil durante el ataque atribuido al CJNG en Zapopan. La mujer, embarazada, quedó en medio de la balacera cuando un convoy armado atacó la sede policial cercana al parque donde se encontraba con sus hijos.
— Milenio (@Milenio) February 25, 2026
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Los vecinos continúan consternados y, como doloroso recordatorio de la tragedia, en el parque permanecen las unidades de la Policía de Zapopan con impactos de bala en sus cristales.
Angélica María murió junto con el bebé que llevaba en su vientre, dejando huérfanos a sus hijos. Su muerte fue parte de los daños colaterales registrados tras los actos violentos desencadenados por la captura y muerte de Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, el pasado 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco.
Sus restos fueron velados en un recinto funerario de la colonia Americana, en Guadalajara. MILENIO tuvo la oportunidad de conversar con su familia, quienes pidieron, de manera amable y respetuosa, que se les brindara espacio para despedir a su querida Angélica María.
Su historia es importante contarla para que no se convierta en un número más, sino en la de una mujer inocente que murió tan solo por estar en el parque mientras sus hijas e hijos pequeños jugaban.
Porque Angélica María no era una estadística ni un dato frío en la carpeta de un fiscal. Era la mamá que cada domingo se sentaba en esa banca; la feligresa que salía de misa con la fe intacta; la mujer que aquella mañana solo quería ver reír a sus niños mientras el sol calentaba la colonia Altagracia.
Hoy, una veladora ilumina el lugar donde cayó, y su sangre sobre el concreto es el recordatorio imborrable de que la violencia no distingue misas, ni parques, ni vientres que apenas comienzan a latir.
El deber hasta el final
Pero la violencia que sacudió al área metropolitana tras la muerte de “El Mencho” no solo dejó bloqueos, enfrentamientos y civiles fallecidos por el fuego cruzado. También arrebató la vida de un elemento de la Fiscalía de Jalisco que, hasta el último momento, cumplió con su deber.
La tarde del lunes 23 de febrero, familiares, amigos y compañeros despidieron a Mario Fernando Tejeda Medina en una funeraria de Tonalá.
El oficial, de 49 años y con 16 años de servicio como policía investigador A, fue velado en un recinto resguardado por unidades y elementos de la propia corporación, quienes montaron guardia mientras recordaban anécdotas y momentos compartidos con quien describieron como un compañero leal y comprometido.
El silencio se rompía solo con las voces entrecortadas de quienes aún no podían creer que aquel domingo hubiera sido el último día que vieron con vida a su amigo.
De manera preliminar, se informó que Tejeda fue uno de los primeros en atender los reportes de violencia la mañana del domingo. Sufrió un primer ataque sobre la avenida Calzada y Circunvalación y, minutos después, un segundo atentado en el cruce de avenida Patria y Federalismo, a un costado de la estación Atemajac del Tren Ligero.
Ahí resultó herido de bala. Aunque fue trasladado de urgencia al Hospital Zoquipan, en Zapopan, las lesiones fueron letales. Su muerte marcó el rostro más doloroso de una jornada sin precedentes recientes en Guadalajara.
Sus familiares lo recordarán como un hombre entregado a su trabajo y a la protección de la ciudadanía. En cada rincón de la funeraria flotaba el orgullo por su valentía, pero también la pregunta que nunca tendrá respuesta: por qué a él, por qué justo el domingo que salió a servir.
Hoy, en medio del luto, su nombre se suma al de quienes dieron la vida en el cumplimiento del deber, dejando una ausencia que ningún homenaje podrá llenar.
Entre sirenas y aplausos, sus compañeros despidieron al policía investigador la tarde de este martes 24 de febrero.
Con un recinto lleno, sirenas encendidas y un aplauso prolongado que estremeció las instalaciones de la Fiscalía de Jalisco, se realizó el homenaje luctuoso al policía Mario Fernando Tejeda Medina.
Autoridades se reunieron para despedir al elemento, recordado por su valor, disciplina y compromiso con la justicia.
El fiscal de Jalisco, Salvador González de los Santos, expresó sus condolencias a la familia y al personal de la institución, y compartió también el pésame enviado por el gobernador Pablo Lemus Navarro.
Durante su mensaje, González de los Santos subrayó que la institución “abre sus puertas para rendirle un homenaje muy merecido” a quien consideró un servidor público ejemplar, que ofrendó su trabajo en la protección y defensa de la justicia.
A la guardia de honor se sumaron vicefiscales y representantes de corporaciones de seguridad estatales y municipales.
En el homenaje de cuerpo presente, elementos de la Fiscalía reconocieron su trayectoria con un aplauso cargado de emoción, mientras las sirenas de las unidades oficiales sonaron como símbolo de respeto y admiración.
Fue un instante en el que el dolor se transformó en reconocimiento, en el que cada palmada y cada mirada al féretro intentaron decirle adiós a quien ya no volvería.
Autoridades estatales reiteraron que el legado de Tejeda Medina permanecerá en la institución y que su ejemplo fortalecerá el compromiso diario de procurar justicia y servir a la ciudadanía.
Pero más allá de los discursos oficiales y las guardias de honor, lo que queda es el vacío en una familia que perdió a un padre, a un esposo, a un hijo. Lo que queda es la imagen de sus compañeros despidiéndolo entre lágrimas, conscientes de que la próxima vez podría ser cualquiera de ellos.
JVO