El exitoso operativo para acabar con el liderazgo de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, del Cártel Jalisco Nueva Generación provocó el domingo más largo de Jalisco, que lleva 48 horas y contando.
La luz de las primeras horas del lunes develó lo que fue la noche más oscura del occidente del país.
Carreteras y autopistas vacías; improvisados campamentos de camioneros y conductores de vehículos particulares en casetas y gasolineras; casetas federales con libre acceso y cientos de vehículos calcinados que fueron usados para bloquear las vías terrestres.

El fulgor del alba rompía la noche, al igual que las flamas consumían una camioneta en los límites entre Michoacán y Jalisco; esa era la bienvenida para los que ingresaban a la Perla de Occidente.
Para evitar agresiones, cientos de vehículos particulares y camioneros improvisaron campamentos para pasar la noche y esperar que la luz del día trajera normalidad en su tránsito.

Guadalajara, zona cero
Ingresar a Guadalajara era estar en una zona donde el tiempo transcurría muy lento: calles semivacías, una ciudad que se sentía fría, lejos, muy lejos de su característica alegría.
Decenas de camiones cruzados en el principal acceso, aún humeantes, aún olían a plástico y pintura quemada, materiales que se consumieron durante toda la noche, pues nadie fue para sofocar el fuego… ni de los vehículos ni de los criminales.
La urbe tapatía despertó sin transporte público: apenas unos valientes, que la necesidad o bien sus circunstancias laborales los obligaban a salir de su casa, coincidían con otros choferes que, a pesar de que sus camiones son los más codiciados para robar y quemar, decidieron transitar.
Los servicios de Uber y renta de carros se suspendieron. La ciudad parecía un domingo, sin negocios abiertos, sin tráfico, sin gente en las calles.
Parecía que sus habitantes habían decidido pasar tiempo en casa, como cualquier domingo familiar. Lo cierto es que fueron obligados a permanecer en sus hogares y extender el domingo 22 hasta el 23 de febrero.
Bienaventurados los que tenían en su hogar alimentos, pues la gran mayoría de cadenas de comida, tiendas de conveniencia y supermercados bajaron la cortina, a lo que se sumó que los servicios de delivery también apagaron motores.
Los que se arriesgaban a transitar lo hacían sin mirar a los coches vecinos, pues no querían desatar un infierno nuevamente.
En la autopista de Guadalajara a Puerto Vallarta, los estragos también se observaron: una larga fila de cientos de camiones cumplía más de 30 horas varados por un par de camiones de pasajeros atravesados.
“Queremos que las autoridades pongan orden. Llevamos horas sin comer y sin agua. Hay niños y mujeres y ya no podemos resistir más”, clamaba Luis Hernández, chofer de una unidad.
Al momento, cuatro patrullas de la Guardia Nacional arribaron al lugar y se comprometieron a dar solución al flujo vehicular: “En dos o tres horas estará liberado y podrán pasar”.
La desesperación obligó a varios conductores a improvisar caminos en terracería, con carriles en contraflujo en las autopistas, lo que elevaba las posibilidades de accidentes.
También la psicosis orilló largas filas en gasolineras, pues había muy pocas abiertas por el riesgo de que las incendiaran o bien que hubiera desabasto de combustible por la situación.
Así, trayectos de dos o tres horas se hicieron de hasta cinco, escaseando todo lo que estaba a su paso: alimentos, combustible y la paciencia por la situación.
Paraíso playero se detiene
Puerto Vallarta, el tradicional destino turístico de nacionales y extranjeros, apagó su brillo en las últimas horas; sus restaurantes, bares y demás atracciones bajaron sus cortinas por seguridad.
Los turistas varados encuentran diversión en las albercas de sus hoteles, contemplando el mar a la distancia.
En los hoteles escasea la comida, por lo que los huéspedes van al único lugar donde se encuentran alimentos: Soriana.
Atún y verduras en lata, sándwiches improvisados, son la cena de los turistas en Puerto Vallarta, que tiene un 80 por ciento de aforo este fin de semana.
Hoteleros, restauranteros, turistas y autoridades confían en que Puerto Vallarta recupere su esplendor.
