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Jueves , 25.04.2019 / 05:39 Hoy

El nuevo orden

Es un pecado

Wenceslao Bruciaga

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En Literally, libro que captura la transpiración de los jadeantes días de la primera gira mundial de los Pet Shop Boys desde la bitácora del periodista británico Chris Heat, publicada por primera vez en 1990, Neil Tennant cuenta que la letra de “It’s a sin” era en cierto modo su impugnación a la estricta y castrante educación católica de la que fue objeto mientras cursaba en la St. Cuthbert’s High School, ubicada en el área de Benwell Hill en Newcastle, Inglaterra. Recuerda cómo a punta de persuasión culposa, rezos en repetición tormentosa y castigos físicos, sobre todo durísimos reglazos en la palma de la mano, los maestros pretendían inculcar el apotegma de una verdad celestialmente única capaz de mantener el alma de los estudiantes, su propia alma, capturada en la prístina estabilidad de la salvación y de la que no había escapatoria que no fuera el pecado: “En la escuela me enseñaron a ser tan puro en pensamiento, palabra y obra, pero no tuvieron mucho éxito… Todo lo que he hecho y hago, todo lugar en el que he estado, todos los lugares a los que voy, es un pecado”, canta Neil en clave de estribillos de derrota eclesiástica sobre los sintetizadores programados por Chris Lowe y que terminarían siendo fundacionales en la religión del synth pop.

“It´s a sin” (Es un pecado) era la canción más devotamente codiciada en esa gira según las notas de Chris Heat en las que describe cómo Neil se da tiempo de precisar, a Heat y probablemente a él mismo, que la letra no era una venganza por los traumas escolares, ni alegatos a favor de los exiliados de la rectitud moral vigilada por los Diez Mandamientos. Los Pet Shop Boys empezarían a salir del armario de forma oficial conforme el disco Very, de 1993, cautivaba hasta los críticos más escépticos y el sencillo “Go west” no dejaba lugar a las sospechas, consolidándose como el himno gay más determinante del fin del milenio, con sus esperanzadores beats de utopía homoerótica.

Quizás por el estigma de aquellos años en que Literally llegó a librerías, Neil Tennant omitió la coyuntura en un acto de autocensura deliberada, pero lo cierto es que cuando “It’s a sin” sacudía las estaciones de radio y la MTV de 1987 con su blasfemo videoclip, el VIH también sacudía la vida de los homosexuales. El arriesgado primer sencillo del Actually, del 87, supuso una suerte de antihimno al orgullo gay de aquel entonces, descalabrado por las circunstancias que ponían nuestra identidad en una cruda incongruencia: el virus aún se comportaba de modo errático y mutante incluso para los infectólogos expertos en el tema, lo que generó desconcierto que se tradujo en paranoia al interior de la intimidad gay y estigma de cara a la sociedad hetero, quienes no dudaron en catalogar al VIH como el castigo perfecto al pecado de la homosexualidad. Algo que tampoco debió sorprender, como decía Nietzsche en Humano, demasiado humano, en muchos sentidos la religión no es más que un error moral, la inducción de meras opiniones, pero leídas desde la paráfrasis que supone la revelación.

En fechas recientes, cuando el presidente López Obrador hacía referencias al pecado social y revoluciones cristianas, el rumor de un posible desabasto de medicamentos antirretrovirales circulaba en pulso modesto al interior de aisladas conversaciones de activistas con larga trayectoria en VIH. El tema no causó un despliegue viral, no como la monogamia esterilizada de los Aristemo o el sobreactuado feminismo de algunos homosexuales. Sin querer solté el tema en una improvisada reunión familiar en la que había un par de parientes convencidos del proyecto de nación de Andrés Manuel y la respuesta fue contundente: en México había cosas más importantes que la homosexualidad; al final, un pecado en términos celestiales.

AMLO anunció el veto a tres farmacéuticas que monopolizaban la compra de medicamentos asegurando frente a pregunta expresa de un periodista en las mañaneras que el desabasto de antirretrovirales simplemente no sucederá. Todo acto de corrupción debe corregirse. El tema requiere un zoom descarnadamente autocrítico. Y el tiempo dirá si sus estrategias fueron congruentes con la izquierda que dice representar y por la que muchos homosexuales votamos. Al menos yo.

Lo cierto es que la noción del pecado, esa palabra sin escapatoria tal y como la cantaban los Pet Shop Boys, empieza a contraerse en redes, alentados por las analogías de un Presidente que habla de frente a una sociedad de mayoría religiosa con sus respectivos procedimientos morales, en los que la homosexualidad no siempre es bien vista, tanto así que desde esa misma religiosidad surgen organizaciones capaces de “curarnos”.

Treinta años después de aquel éxito de los Pet Shop Boys, los avances médicos han dado gigantescos pasos, el PReP es un polémico botón muestra, pero ello no ha desterrado la idea del pecado y el castigo a los homosexuales. Y no dejo de pensar en ello cada que AMLO menciona la palabra, es un pecado, en el contexto que sea. “It’s a, it’s a, it’s a, it’s a sin…”. 


Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com


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