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Miércoles , 24.04.2019 / 05:40 Hoy

El nuevo orden

El triunfo desapercibido

Wenceslao Bruciaga

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La pasada fue una semana intensa: mientras la heterosexualidad se automutilaba como un carnicero harto de sus propias contrariedades, verdades dolorosas e hipocresías tratando de descifrar el lenguaje del abuso, los servicios médicos de la Clínica Especializada Condesa fueron suspendidos de forma abrupta por las protestas de los integrantes de la Sección 18 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (Sntsa), quienes exigían la destitución de Andrea González Rodríguez, directora ejecutiva de la clínica, y su grupo por supuestamente ejercer tráfico de influencias.

A empujones y cabezazos, la Sección 18 prohibió el paso del staff directivo y cualquier empleado no sindicalizado.

Es un pleito de rencores rancios que se remonta al año de 1999, cuando la Secretaría de Salud de aquel entonces decretó que el Centro de Salud ubicado en la calle de Benjamín Hill número 24, de la colonia Condesa, del entonces Distrito Federal, se convertiría en la Clínica Especializada en VIH Condesa, la primera del país.

De pronto, empleados sindicalizados o de base, acostumbrados a tratar enfermedades generales se vieron confrontados con el desinformado dilema de involucrarse y atender a pacientes portadores de un virus estigmatizado hasta lo más apestado de la intolerancia. Desde entonces esta Sección, cobijada por las habituales prácticas con las que se suelen conducir algunos sindicatos mexicanos, ha ejercido presión corporativa para defender sus derechos que no son otra cosa que victorias de escritorio para demostrar músculo y celebrar con ron y refrescos de cola el nulo interés por el VIH: "La confrontación de la Clínica con la Sección 18 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud no es nueva. El año pasado, los activistas lograron la renuncia de un médico nombrado por la anterior administración para que despachara al frente de la Clínica sin la menor idea de lo que es el sida.

También enfrentaron a la Sección 18 por el caso de un médico acusado de acoso, pero protegido por el sindicato. Años atrás hubo otro hecho relevante cuando la Sección 18 se opuso al tratamiento de hormonas para personas transgénero", me explica Manuel Arellano, coordinador de integración comunitaria de la Clínica Condesa.

Las presiones lanzadas como proyectil de guerra contra su directora Andrea González se deben a que ella nunca ha cedido a las peticiones de la Sección 18. Conozco a Andrea, de múltiples reportajes que he escrito, sobre la situación del VIH en México, el PrEP o apoyo a la comunidad transgénero que, por cierto, fue la más aguerrida al momento de confrontar temerariamente a los dirigentes sindicalizados que insistían en prohibir el paso a los directivos de la clínica y del Centro para la Prevención Integral del VIH, que tiene oficinas en su interior del edificio, así como presionar al personal que no se plegó a su estrategia de choque. Incluso una fracción considerable de los 12 mil usuarios que actualmente atiende la clínica se vio afectada por la protesta sindical; entiendo que solo permitieron el paso a consultas de pacientes en situación de emergencia y el funcionamiento de la farmacia para entregar tratamientos antiretrovirales, pero en los momentos más problemáticos de la protesta ni eso. El sistema de detección de VIH se vio interrumpido por completo. Me consta el buen trabajo que ha hecho Andrea al frente de la clínica.

Su comprensión del VIH como un virus de desenvolvimiento complejo sin juzgar a los pacientes desde sesgos morales o prejuicios absurdos ha permitido que este centro sea reconocido a nivel mundial por la profesionalización de su personal, desde el administrativo al médico.

Creo que el final es feliz. Con el apoyo de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, su actual jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y la enérgica presión de usuarios y sobre todo las OSC de las que a veces sospecha la 4T, se decidió expulsar de la clínica a Ricardo Hernández Carmona, líder de la Sección 18 con todo y sus oficinas, por vulnerar la salud de los usuarios. A todas luces un triunfo. Sus espacios fueron clausurados.

De momento la Clínica Condesa es resguardada por un fuerte dispositivo de seguridad conformado por policías de la Ciudad de México y el caso ya se negocia directamente con la dirección nacional del sindicato.

Lo extraño fue que aquella semana intensa pasó desapercibida para muchos homosexuales, que prefirieron sumarse al #MeToo, enajenarse con las pendejadas de Aristemo, quejarse de la discriminación de un antro como tragedia nacional o aprovechando el momento para enfatizar, en redes sociales, los errores de la Clínica Condesa con esa protagónica displicencia que nunca he logrado entender y que termina por diluir la lucha gay en un caldo de egos inoperables. La Clínica Especializada Condesa no es perfecta, pero ha logrado su objetivo de controlar el VIH, un tema del que los gays últimamente prefieren huir.


Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com


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