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Viernes , 22.03.2019 / 15:38 Hoy

Noches de Ópera

'Così fan tutte': una puesta en escena deliciosa

Vladimiro Rivas Iturralde

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Così fan tutte (Así hacen todas) es una de las óperas bufas más cínicas, divertidas y geniales del tándem Da Ponte-Mozart. Escandaliza que habiéndose estrenado en Viena en 1790, apenas en 1962 se la haya puesto en México. Desde entonces se la ha representado con éxito, pero relativo, porque no existe en la historia de la música compositor más exigente que Mozart. Si el cantante o el instrumentista no dan la nota justa, la línea justa, el acento justo, todo se desmorona.

La puesta que nos ocupa, que ahora se presenta en el Palacio de Bellas Artes es, en muchos aspectos, una delicia. Durante la obertura, Don Alfonso (Jesús Suaste) espera, impaciente, la llegada del director de la orquesta y de la sirvienta Despina, su cómplice en la cruel lección que dará a Ferrando y Guglielmo, los confiados amantes de Dorabella y Fiordiligi. Esta escena, aunque bien concebida y realizada, distrae un poco de la música de la obertura. Pero luego una extraordinaria escenografía a lo Magritte de Jorge Ballina, nos conduce al interior del drama bufo, donde tendrá lugar un complejo juego de almas, con disfraces y mascaradas.

Toda la ópera es una prueba: se trata de averiguar si las mujeres perseverarán en la fidelidad a sus amantes hasta las últimas consecuencias. Poco a poco vemos caer su fortaleza, pero también la de sus amantes. Es una ópera sobre la fragilidad de los sentimientos y, como buena ópera de la Ilustración, un manifiesto en defensa de la racionalidad. Su estructura es simétrica por donde se la vea. Y en medio de esa luminosa, espléndida escenografía, los personajes se desenvuelven a sus anchas. Hace mucho que no veíamos una relación tan armoniosa entre los cantantes y su entorno. El mérito central, sin duda, es del director de escena Mauricio García Lozano, con un excelente equipo de trabajo en el que sobresalen, además del escenógrafo, el director de iluminación y el diseñador del vestuario. La ópera de Mozart es cómica en sí misma, y García Lozano añadió gags muy divertidos, que en nada desentonaban con la historia contada.

Todos se destacaron como intérpretes teatrales. Pero vocalmente las mujeres lucieron más que los hombres. El papel más exigido, el de Fiordiligi, corrió a cargo de la soprano italiana Silvia Dalla Benetta. Con su bella y muy disciplinada voz, tiene que vérselas con las dos arias más largas y difíciles de la ópera: “Come scoglio” y “Per pietá, ben mio, perdona”. Salió airosa de sus dos compromisos y de toda la ópera. La mezzo germano-mexicana Isabel Stüber Malagamba fue una coqueta y vulnerable Dorabella, una verdadera hermana gemela, en voz y contraste, de la soprano. Muy agradable voz y canto inteligente. Patricia Santos fue la voz más mozartiana del elenco. Su pureza de timbre, su gracia en el canto y aun su presencia escénica, la convirtieron en una soubrette ideal, una Despina perfecta, un despliegue de chispa y encanto.

El tenor Orlando Pineda no tiene la pureza de timbre que el Ferrando requiere. Buen cantante, tenía cada nota en su lugar pero no pude evitar mi desagrado por su voz algo rasposa. Como Guglielmo, el barítono Armando Piña empezó brillante, pero a medida que el tiempo pasaba se desbarrancaba en el cansancio. Al final le pasó lo que a Pineda: su voz se volvió áspera. El barítono Jesús Suaste hizo, más joven, un excelente Guglielmo. Ahora le va bien el rol del experimentado y cínico Don Alfonso.

La Orquesta de la Ópera, dirigida por Srba Dinic, pecó de discreta. Respetó demasiado a los cantantes, hasta volverse con frecuencia inaudible. Por ejemplo, en los bellísimos quinteto y luego terceto del primer acto, cuando los violines en sordina insinúan el suave oleaje del mar por el que se van los amantes y también sugieren un paisaje interior, la orquesta no se oyó. Dinic casi la hizo callar y con ello nos perdimos dos de los momentos más bellos y etéreos de la ópera. En el aria “Per pietà” de Fiordiligi, se hizo presente el talón de Aquiles de nuestras orquestas: el corno tragándose notas y desafinando.

Pese a todo, el saldo es positivo. Difícil empresa es poner Mozart con dignidad y este equipo lo hizo espléndidamente. Hay que verla.

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