Política

La doctrina Donroe vs. la doctrina Ortiz

El ex director del Banco de México supone que el republicano sería la solución. ARCHIVO MILENIO
El ex director del Banco de México suponeque el republicano sería la solución. ARCHIVO MILENIO

Muchas personas comparten la misma idea, pero no se habían atrevido a ponerla en blanco y negro. Guillermo Ortiz tomó la decisión de presentarla en un texto publicado el miércoles 4 de febrero en el medio digital Project Syndicate.

El ex director del Banco de México y ex secretario de Hacienda afirma, desde el título, que Donald Trump no está del todo mal cuando contempla una acción militar directa contra los cárteles de la droga en territorio mexicano, aunque esta sería poco efectiva, ya que para ganar realmente la partida también se requeriría la exposición de las conexiones criminales de Morena, el partido gobernante.

La sinceridad de la propuesta hace que merezca ser bautizada, a partir de ahora, como la doctrina Ortiz. Me consta que otros integrantes de la élite mexicana piensan en voz baja lo que este ex funcionario de alto rango refiere a voz en cuello: suponen que Trump sería la solución para regresar al régimen político que gobernó México antes de 2018. 

Tal como está escrito en el texto de marras, no rechazan de plano la invasión de tropas estadunidenses, aunque su verdadero objetivo sería dinamitar la legitimidad del gobierno en turno.

El principal defecto de la doctrina Ortiz es que no se hace cargo de la doctrina Donroe. Se trata del corolario Trump a la doctrina Monroe, que reclama al conjunto del continente americano como protectorado para Estados Unidos.

El texto de Guillermo Ortiz se publicó cuarenta y ocho horas después del aniversario número 178 de la guerra Mexicoamericana del 1846-1848. Resulta inquietante que sus palabras no se hayan hecho cargo del discurso pronunciado por Donald Trump a propósito de este evento.

Aquí uno de sus párrafos más tronantes: “Guiados por la creencia firme de que EU tuvo como destino divino de la providencia expandirse hacia las doradas costas del océano Pacífico… y con la promesa del destino manifiesto latiendo en el corazón… en mayo de 1846 fue declarada la guerra contra México”.

En más de siglo y medio, Trump es el primer presidente en celebrar el triunfo de su país sobre el nuestro y lo hizo con un tono tan humillante como otros que nos ha recetado últimamente.

En la misma hebra, una semana atrás recomendó en sus redes la lectura de un libro firmado por el ultraconservador Peter Schweizer. Se trata del Golpe Invisible cuyo tema principal es el riesgo al que estaría sometida la seguridad nacional estadounidense por una supuesta conspiración planeada y diseñada, entre otros actores, por el gobierno de México, que habría venido utilizando la migración ilegal como arma para recuperar el territorio disputado precisamente en la guerra de 1846-1848.

Según este ideólogo del Trumpismo —y también de la doctrina Donroe— México tiene instalados cincuenta y dos consulados en el país vecino para presionar, desde adentro, una dinámica demográfica y una serie de políticas tendientes a la desestabilización estadunidense.

Desde hace varias semanas Golpe Invisible se encuentra entre los diez libros de no ficción con mayores ventas en Amazon. Tanto revuelo despertó que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tuvo que responder para despejar la intriga: no existe tal conspiración, la migración no es un arma y los consulados son muchos porque nuestra población radicada del otro lado de la frontera requiere de protección, sobre todo a la luz de la guerra cultural que se ha lanzado

en su contra.

¿Cómo hacer compatibles las doctrinas Ortiz y Donroe? Quien lo intente resbalará en una trampa porque es materialmente imposible. ¿Siendo lo que es, cómo se le puede pedir a un gobierno como el de Trump que intervenga en México?

Hay varias razones para desestimar la inteligencia de la doctrina Ortiz: la presidencia de ese país deriva hacia la autocracia; no es más nuestra aliada; recurre con frecuencia a la humillación, tanto del pueblo como del gobierno mexicanos; está en desacuerdo con la integración económica y, más importante que todo lo anterior, se ha convertido en la principal amenaza contra las libertades de las personas mexicanas que vivimos en ambos lados del río Bravo.

En efecto, Donald Trump se ha colocado, en solo un año, a la cabeza de los líderes autocráticos que promueven la concentración de todos los poderes exagerando problemas como la migración y la violencia para imponer contextos de presunta excepción.

Las intervenciones cuasimilitares encabezadas por la policía migratoria (ICE) en Minnesota, Chicago, Boston o Los Ángeles son eventos que no habrían ocurrido bajo la normalidad democrática.

Llegó la hora de llamar a las cosas por su nombre: Estados Unidos no es más aliado de México. Su presidencia ha roto todas las reglas de la buena convivencia, entre ellas el T-MEC que, durante algún tiempo, impulsó un desarrollo favorable para los tres países signatarios.

Canadá también ha sido objeto de la retórica humillante lanzada desde la Casa Blanca, lo cual llevó a que su gobierno asumiera antes que nosotros el fin de una era. Allá el primer ministro, Mark Carney, se ha tomado tan en serio las fracturas que su administración cuenta con un plan dispuesto para enfrentar una hipotética invasión estadunidense. No se trata de una broma, ni de una bravuconería, sino de una previsión que debería llamarnos a la imitación.

Quienes temen por la democracia y las libertades de México bien harían en asumir que, más allá de los muchos desafíos domésticos, la principal amenaza proviene de la ciudad de Washington D.C. La ruptura del orden internacional y el desprecio por cooperación geopolítica de Norte América son hechos incontrovertibles que, por encima de todas las cosas, han puesto en riesgo los derechos, primero de la población mexicana que vive en Estados Unidos y, desde luego —en caso de escalarse el fuego de la Doctrina Donroe—  de quienes habitamos en territorio mexicano.

La realidad se impone sobre los delirios y en este caso debe decirse sin ambigüedades: la doctrina Ortiz es delirante. Se halla desconectada de las amenazas y riesgos más graves y supone una racionalidad estadunidense que no existe más.

Cierro esta página con las palabras pronunciadas por el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, para celebrar el más reciente aniversario de la Constitución de 1917: “Que quede bien claro, México no acepta dictados extranjeros, no admite instrucciones de nadie, no pacta su integridad y jamás, jamás, nuestra dignidad”.


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Ricardo Raphael
  • Ricardo Raphael
  • Es columnista en el Milenio Diario, y otros medios nacionales e internacionales, Es autor, entre otros textos, de la novela Hijo de la Guerra, de los ensayos La institución ciudadana y Mirreynato, de la biografía periodística Los Socios de Elba Esther, de la crónica de viaje El Otro México y del manual de investigación Periodismo Urgente. / Escribe todos los lunes, jueves y sábado su columna Política zoom
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