Política

México: Faro de izquierdas

Personajes como Ricardo Salinas usan de manera vociferante la palabra “libertad”. Cuartoscuro
Personajes como Ricardo Salinasusan de manera vociferante la palabra “libertad”. Cuartoscuro

Las llamadas nuevas derechas —entre las cuales también hay algunas viejas derechas recicladas— se van haciendo de importantes espacios políticos a lo largo y ancho del mundo. Dominan la mayor parte de Europa y una buena proporción de América Latina.

Algunas más estridentes que otras, las derechas actuales se diferencian, no por la novedad de sus propuestas, sino por la variedad de sus odios: en las europeas y la estadounidense se extiende la intolerancia ante los inmigrantes —específicamente los inmigrantes pobres—; otras, como la Argentina, encuentran al enemigo adentro de su propia casa y lo identifican con los políticos tradicionales y los beneficiarios del desmantelado Estado de Bienestar. Algunas derechas claman por el retorno a los papeles sociales tradicionales cortados por la distinción entre los sexos, mientras que otras se proclaman feministas y hasta defensoras de la diversidad de identidades sexuales, pero sólo para justificar su odio a quienes profesen una religión que se oponga a lo que ellos consideran libertades individuales. Al contrario de las derechas más tradicionales del siglo pasado, las derechas actuales suelen ser menos estatistas, aunque igualmente autoritarias y supremacistas.

Si la izquierda moderna celebra la diversidad, la derecha enfatiza la distinción. No son lo mismo. La diversidad es el reconocimiento horizontal de las diferencias en un plano de igualdad; la distinción es la diferencia vertical que pone a unos como mejores, como más merecedores que otros. En las izquierdas, el reconocimiento de las diferencias —citando a Rodríguez Kuri— se articula bajo un enfoque de no-dominación, que es “el horizonte político e ideológico en el cual los actores reconocen su propia desigualdad y establecen demandas y programas que las definen”. En esto la izquierda contrasta abiertamente con las derechas que justifican y esencializan las diferencias sobre la base de ideologías supremacistas: este tiene más porque es mejor, aquél no tiene porque no se lo merece.

Hay un rasgo común, sin embargo, en los discursos de las nuevas derechas: su uso vociferante de la palabra “libertad”. Javier Milei la convirtió en el centro de su lema de campaña. Ricardo Salinas Pliego adorna con ella el nombre de su universidad y de su serie documental. El PAN lo incluye en su nuevo logo: “Libertad, patria y familia”.

La libertad que pregonan las derechas es de un tipo especial: exclusivamente individual, rival de los derechos colectivos —a los que considera imposiciones—, contraria a la regulación necesaria que implica la consecución de la igualdad. Para las nuevas derechas el Estado, pero no cualquier estado, sino el Estado de Bienestar, el que garantiza igualdad y derechos, es un estorbo.

El actual proyecto gobernante en México se alza, en este contexto, como un faro de la izquierda regional y mundial. Para empezar, se alejó del carácter testimonial tradicional de las izquierdas puras que antes preferían la romantización de la derrota que la construcción de grandes consensos en los que, por definición, en algo se debe ceder. El movimiento de transformación demostró que se pueden tejer alianzas sin abandonar principios, y con ello consiguió el poder político por la vía pacífica, que en este país es la vía electoral.

Mucha historia le precede y todavía más futuro le espera; sin embargo, conviene no olvidar que los movimientos democráticos mexicanos son, en gran medida, herederos del liberalismo juarista, ese que separa la Iglesia del Estado y con ello garantiza libertad de culto e igualdad de derechos. También es una izquierda soberanista, que defiende la integridad e independencia de la nación ante el resto de los países, no acepta ni practica injerencismos, ni mucho menos cede a la tentación del nacionalismo supremacista o dominante.

Como cualquier izquierda, la izquierda gobernante en México aspira a la ampliación de derechos —derechos iguales para todos—, por contraste a la aspiración de dominación de las derechas a la que nos referíamos unas líneas arriba, donde los derechos les corresponden a unos pero no a todos.

La ampliación del acceso a derechos no es una figura retórica, sino una realidad manifiesta, por ejemplo, en la reducción drástica de la pobreza multidimensional, de la que salieron 14 millones de personas en seis años, pues recordemos que la medición de la pobreza en México calcula no sólo el ingreso monetario sino también el acceso a los derechos sociales, como la salud, vivienda adecuada, educación, etc.

No será la primera vez en su historia que México se levante con un proyecto de justicia social y bienestar a contracorriente de la tendencia mundial. Para que perdure, habrá que abrazar ese proyecto con todos sus adjetivos y ondear todas sus banderas. Entre ellas, la izquierda mexicana debe recuperar la bandera de la libertad y pronunciar orgullosamente su nombre como principio. Dejar a las nuevas derechas que la arrebaten es dejarles constreñir el concepto de libertad a su versión más reduccionista, el de la libertad individual y de mercado. No hay ninguna razón para ceder esa prerrogativa a los portavoces del odio y el autoritarismo. 


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Violeta Vázquez-Rojas
  • Violeta Vázquez-Rojas
  • Lingüista egresada de la ENAH, con doctorado por la Universidad de Nueva York. Profesora-Investigadora, columnista y analista, con interés en las lenguas de México, las ideologías, los discursos y la política.
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