No es novedad decirlo: Monterrey tiene un problema con el aire que respiramos sus habitantes metropolitanos.
Eso ya lo sabemos, y lo que parece apenas estamos empezando a entender es que también tiene un problema con la forma en que lo mide.
Tenemos una estación de monitoreo por cada 496 kilómetros cuadrados, algo nada óptimo para una urbe que respira veneno.
Podemos compararnos con ciudades similares en desarrollo, eso puede ayudar a ponerlo en contexto; en la Ciudad de México hay una estación por cada 71 kilómetros.
Tal parece que diferencia no es técnica ni de recursos económicos, sino de enfoque, porque mientras en la capital el aire se vigila con lupa, aquí se observa a distancia.
El año pasado, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, vino a nuestro estado a decirlo sin rodeos: la contaminación del aire en Monterrey es un problema de salud pública, con hasta 240 días al año con mala calidad del aire.
Hoy mi compañero Eduardo Mendieta exhibe en esta edición de MILENIO que evidentemente las 15 estaciones para una Zona Metropolitana de más de siete mil kilómetros cuadrados son raquíticas.
Es decir, hay zonas donde el aire simplemente no se está “leyendo” con claridad.
La buena noticia es que la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que en breve se presentarán los resultados del nuevo inventario de emisiones al que me han dedicado un año entero.
La duda es: ¿Qué se hará con los resultados? ¿Qué decisiones se tomarán?
¿Viene un Hoy No Circula, una verificación vehicular, un cierre o reubicación de industrias, por fin una mano dura contra la refinería y sus excesos?
¿O nada?
Veremos.