Sociedad

¿Sueñan los dragones con tesoros eléctricos?

Uno de los personajes más temibles que se recuentan en las historias a lo largo de las épocas son los dragones. Estos seres mitológicos nacidos en la oscuridad de un pasado remoto son parte esencial de las sagas más famosas de los últimos años como Game of Thrones y su precuela House of the Dragon, además de The Lord of the Rings, The Hobbit, Harry Potter.

Estas abominables criaturas reptilianas, que vuelan y escupen fuego, son parte indispensable de una historia de aventuras que se respete: el dragón es parte de las misiones imposibles que un héroe debe afrontar como ritual de paso, que muestran las cualidades del héroe y también la limpieza de su corazón.

Los dragones, con su piel de acero y sus dientes como espadas, son la representación de lo malvado y cruel, su existencia misma es la esencia del terror, que destruye pueblos enteros con el fuego de su aliento y que tiene en su guarida un tesoro como lecho.

Muchas de las películas sobre dragones refieren a universos que evocan lo medieval, aunque una de las excepciones es Reign Of Fire (2002) que sitúa a los dragones en el futuro: el Londres de 2084 se trastoca cuando las excavaciones de una constructora se topan con el hallazgo terrible: dragones que se alimentaron del mundo prehistórico hasta destruirlo y que despiertan para consumir la civilización humana.

Esta película futurista me hizo cuestionarme del por qué el resurgir de la figura draconiana en los tiempos actuales. La respuesta parece sencilla dado que los dragones son villanos estupendos. Pero ¿no son nuestros monstruos el reflejo de nuestros miedos? Porque sobre otras bestias, los dragones poseen un significado asociado al poder y a la ambición. 

El dragón orientales símbolo de la autoridad del emperador, acuático y benévolo, que manejan el clima, los ríos y océanos; espíritus mágicos y protectores que también pueden causar desastres, como las tormentas y las inundaciones, pero que buscan proveer del agua que necesitan los campos y la tierra para su florecimiento.

Por el contrario, los dragones occidentales son un símbolo demoniaco, esencia del fuego y el metal, de la guerra y la destrucción, que dominan el aire y desde donde arrasan villas y pueblecitos.

Aunque las características físicas han cambiado drásticamente, su esencia terrorífica radica en su enorme inteligencia y su avaricia insaciable: el tesoro en el que duermen es su propia cárcel.

Los dragones han vuelto a nuestras historias con más fuerza que nunca gracias a que la tecnología les ha dado un cuerpo en movimiento: en el cine, los videojuegos y el streaming, los dragones cobran una apariencia de dimensiones colosales en comparación a sus hermanos medievales que eran más grandes que una boa, pero más pequeños que un caballo.

Ahora los dragones de CGI son de increíble realismo en la pantalla, con sus enormes alas llenas de picos, su piel escamosa, su gesto malvado. El símbolo actual del dragón va muy acorde con esa tecnología que los crea.

El dragón, como la tecnología, custodia nuestros tesoros, despierta nuestros terrores y, como a los héroes de antaño, nos pone a prueba.

Miriam Yvonn Márquez


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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