Las emociones son reacciones fisiológicas que se originan en la parte sensible de las personas, los sentidos, y que son necesarias para la supervivencia. Sin agrado y atracción, grados de alegría, la humanidad no se hubiese multiplicado. Sin indignación y coraje, grados de enojo, se permitirían injusticias y violaciones con la consecuente auto-aniquilación. Sin precaución y atención, que se desarrollan como respuesta racional al miedo, accidentes y/o desastres naturales como los virus hubiesen terminado a la humanidad. Sin tristeza, no se desarrollaría gratitud donde se valora lo que se tiene en lo que se pierde, y no habría arrepentimiento del mal hecho y consecuente conversión.
Una analogía sobre la relación entre la razón y lo sensible consiste en una carroza donde las emociones son los caballos y la razón es la que dirige. Sin razón, las emociones se desbocan; y sin emociones no se puede avanzar. De la suma de emociones(involuntarias y transitorias) y de cómo se manejan surgen los sentimientos(voluntarios y duraderos). Por ejemplo, un sistemático abuso, donde las emociones no se expresan, conduce al rencor, un sentimiento. Un extremo en el manejo emocional consiste en reprimir (“los hombres no lloran”) y otro extremo consiste en la ausencia de razón donde las pasiones e impulsos toman el mando. Un extremo en el manejo del miedo es la temeridad e imprudencia ante el peligro; y el otro extremo es la parálisis o estrés que conduce a debilitamiento del sistema inmunológico resultando en vulnerabilidad ante lo que se teme.
Cada acto apunta a tres posibles fines: honesto, utilitario y deleitable. Cuando el fin solo atiende a los sentidos en lo deleitable y utilitario, las pasiones llegan a esclavizar a la razón y todo fin se pierde.
La explicación es que la sola obtención de lo útil y deleitable tiene efectos emocionales inmediatos y transitorios, generando vacío, ansiedad por llenarlo, y conduciendo al vicio. Los vicios cardinales son gula (apetito por evadir la realidad como sustancias, imágenes, comida, etcétera.); lujuria (sujeción a los lujos deleitables y útiles); pereza (deseo de lo fácil y la ausencia de esfuerzo); ira (dependencia a los impulsos irascibles); avaricia (subordinación al deseo de poseer); envidia (resentimiento por los bienes de los demás); y la madre de todo vicio, soberbia (necesidad de lanzarse por el poder visible al mundo). El testimonio de personas que vencen vicios es que se siente repulsión de lo que se hace, pero no se puede dejar de hacer, un poder que domina y una pérdida de la libertad.
Con fortaleza, se asegura firmeza y constancia en la búsqueda del bien ante adversidades para superar obstáculos como miedo o tentaciones. Siempre hay algo a lo que se teme y con fortaleza se supera el temor y se logra el fin honesto. Con la templanza se modera la atracción a placeres y se dominan impulsos y deseos. Virtudes secundarias relacionadas son paciencia, sobriedad, fidelidad, moderación, abstinencia, pureza, pudor, constancia, honestidad, gratitud, firmeza, etcétera.
El vicio es como un salvavidas para aferrarse en medio de la desolación que se encuentra enraizada en vacíos (ausencia de nutrientes afectivos) o heridas (abusos en lugar de afectos) derivadas de decepciones, engaños o traiciones; sobre todo de aquellas personas en quien más se confía y quiere; y usualmente durante las primeras etapas de la vida cuando hay más inocencia y vulnerabilidad. Cuando se hiere llega a ser por ignorancia o no haber sanado. La sanación se encuentra en el perdón, que no es olvidar o bloquear recuerdos y sufrimiento, pero hacer que el pasado doloroso que no se puede cambiar ya no siga teniendo poder sobre uno. Para lograr perdonar se bendice (desear bien) en lugar de maldecir (desear mal), a través de ayudar a otros para que no caigan en los mismos errores o a sanar si ya se cayó, sobre todo aquellos más cercanos.
Los principales problemas y causas de muerte en el mundo son enfermedades cardiovasculares, accidentes automovilísticos, y violencia física y emocional, donde emociones y vicios influyen poderosamente. Todos estos problemas se combaten con virtudes como respeto, humildad, paciencia, compasión, perdón y, sobre todo, caridad. Algunas enseñanzas de fortaleza y templanza las dan Mónica de Hipona, Maximiliano Kolbe y Giovanni Melchiorre Bosco.
Roberto Rosas Romero