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Martes , 23.04.2019 / 01:16 Hoy

Derechos Humanos

Desplome

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La infraestructura vial es un elemento esencial para el desarrollo de las ciudades y su crecimiento económico. Es un aspecto que mejora la calidad de vida de los habitantes, ayuda en sus traslados y de mercancías; es elemento clave para apoyar la movilidad, sobre todo en estos momentos que es una de las demandas más sentidas a los gobiernos porque ya quedó atrás el pensar que era solo privilegio de quienes conducían un auto. Los peatones pasaron a ser, por lo menos en el texto, los más importantes en este sentido.

Desde el gobierno de la República se ha ensalzado el asunto de "mover" a México, de seguir avanzando en la infraestructura carretera para agilizar el movimiento de los ciudadanos y productos.

El Estado de México no se ha quedado a la zaga y, ya sea con inversión federal o estatal, trabaja en una serie de proyectos de infraestructura carretera y vial en general.

Algunos fueron concesionados al sector privado. Desde hace años ya no es el Estado el que la hace de constructor, diseñador y planeador. Deja en manos de quienes saben este tipo de obras tan importantes para la vida cotidiana y del crecimiento del país y el estado.

La reciente caída de una trabe en la obra del distribuidor vial de Alfredo del Mazo y López Portillo pone a pensar sobre la calidad de los materiales usados, las técnicas que usan los contratistas que, en teoría, son los expertos.

Hay, desde varios ángulos, una responsabilidad a cumplir, primero porque lo que hacen no es gratuito, hay un pago, incluso un sobrepago por aquello de las concesiones a largo plazo en donde, y de acuerdo a quienes saben, por los años que las empresas tienen el usufructo no solo recuperan sino que obtienen más recursos de los proyectados.

Imagínese que va conduciendo su auto o moto sobre una obra vial aparentemente segura y de repente, de la nada, se le cae una trabe de más de 60 toneladas de peso. Parece increíble pensar que pudiera ocurrir algo así. Pero pasó. El domingo pasado José Juan Díaz Fuentes usó el distribuidor vial y no vivió para contarlo.

No es el primer hecho fatal que ocurre. No en las mismas circunstancias pero baste recordar el atropellamiento de una mujer de la tercera edad y su nieto en la colonia Santa María de las Rosas, en el tramo donde se ejecutan trabajos del Tren Interurbano, éste, en el que también se cayó una ballena, se doblaron varillas de una torre, entre otros aspectos.

Si bien es cierto el Estado no tiene la capacidad de sacar por sí mismo estos grandes proyectos y por ello otorga los contratos, está obligado a supervisar que las empresas cumplan con los estándares de calidad y seguridad.

Una trabe de tales dimensiones no se cae, quiero suponer, tan fácil. Hay expertos involucrados en su diseño, colocación, apuntalamiento, etc.

El 25 se trató de un solitario motoclista que tuvo la mala fortuna de estar en el sitio menos adecuado. ¿Qué tal que hubiera sido un día normal, con niños en la escuela, una jornada laboral cotidiana? La desgracia sería mayor y últimamente, el Estado de México es noticia por eso.

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