En México tenemos un problema muy grave de salud. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó en el 2019 el informe “Las ENT de un vistazo: mortalidad de las enfermedades no transmisibles y prevalencia de sus factores de riesgo en la región de las Américas”. Éste señala que 80% de las muertes anuales en el país están relacionadas con enfermedades no transmisibles (ENT) y que son la principal causa de discapacidad. También llamadas enfermedades crónico-degenerativas, se caracterizan por desarrollarse a lo largo del tiempo, no tener cura, agravarse si no son atendidas, estar producidas por hábitos y estilos de vida no saludables. Las ENT son resultado de factores de riesgo como inactividad física, alimentación no saludable, tabaquismo, uso nocivo de alcohol y polución del aire.
Las ENT con mayor impacto son padecimientos cardiovasculares: hipertensión e infartos; enfermedades respiratorias crónicas: enfisema y asma; diabetes, algunos tipos de cáncer, así como obesidad y salud mental. Todas ellas son un problema serio de salud pública que va en aumento e impacta excesivamente a la población más frágil, es decir aquellas personas que tienen características y condiciones que limitan sus posibilidades de vivir saludablemente.
Esto se agrava al considerar el envejecimiento de la población y los efectos de las ENT como son: discapacidades, cargas económicas para su cuidado, estrés, ansiedad, depresión, pérdida de productividad, muertes prematuras e impacto negativo en la calidad de vida. Las ENT son una amenaza al desarrollo, bienestar y sostenibilidad de las personas, familias y comunidades.
Es evidente la necesidad de prevenir las ENT. Se requiere reducirlos factores de riesgo a través de estrategias que promuevan estilos de vida más saludables. Sin embargo, también son producto de la vulnerabilidad de las personas y comunidades, lo que crea condiciones propicias para su epidemia silenciosa. Por lo anterior, es urgente la acción del gobierno en todos sus niveles, la colaboración de la sociedad civil organizada y de la iniciativa privada alineados al bien común.Cada uno de ellos tiene responsabilidad en este problema y parte de la solución. Es posible prevenir las ENT con cambios en estilos de vida, pero no será viable si las acciones de los involucrados entorpecen este objetivo.
En este sentido, con la evidencia de la oposición a iniciativas como la reducción de horario laboral y aumento de vacaciones, el sector privado debe reflexionar sobre el objetivo de su responsabilidad e inversión social, repensar su cultura laboral que con sus excesos promueve las ENT, y adoptar límites éticos del lucro optando por la salud de la población.
El gobierno debe repensar el asistencialismo y orientarse a afrontar las causas de fondo. Y la sociedad civil debe reflexionar sobre los intereses a los que responden y objetivos reales por los que trabajan. Todos estos actores sociales tienen que colaborar para afrontar la pobreza, desigualdad y la falta de acceso a servicios de salud.
Se requieren estrategias a largo plazo orientadas a la construcción de capacidades para disminuir la vulnerabilidad y aumentar la capacidad de decisión. Además, se debe garantizar que todas las personas tengan acceso a las condiciones mínimas necesarias para una vida saludable y digna. De no hacerlo, enfrentaremos un alto porcentaje de la población enferma, un sistema de salud desbordado e innumerables consecuencias económicas y sociales que impedirán nuestro bienestar.
Jorge Mauricio García Cárdenas**Egresado de la Maestría en Psicología de la Salud en la UAEH