Política

Sarampión… again?

  • Me hierve el buche
  • Sarampión… again?
  • Teresa Vilis

Las vacunas no eran una creencia. Eran una práctica. Nadie “confiaba” en ellas, nadie las defendía en sobremesas, nadie las discutía. Se aplicaban. Punto. El brazo se pinchaba y la vida seguía. No había retórica, ni identidad, ni videos explicativos en Tik Tok. Había prevención.

Hoy las vacunas son sospechosas. Algo pasó ahí.

El sarampión volvió a Jalisco con números que no admiten eufemismos. Apenas es el primer mes de 2026 y más de la mitad de los casos del país se ubican aquí. Más de mil contagios acumulados desde 2025. Tonalá y Tlaquepaque a la cabeza. Niñas, niños y adolescentes hospitalizados por una enfermedad prevenible. Más del 90 por ciento de los casos sin esquema completo de vacunación. No es un error del sistema. Es el sistema funcionando con grietas.

No fallaron las vacunas. Falló la voluntad de aplicarlas.

Esto se volvió evidente en la cocina del periódico esta semana, cuando Poncho, mi amigo y compañero de trabajo, lavaba sus trastes y hablaba de los temas que le parecían interesantes después de la jornada. Lucha Villa, cansancio, frío. Entre esos tópicos soltó uno más, sin darle mayor relevancia: “¿En qué momento dejamos de creer en las vacunas?”. No estaba buscando una respuesta brillante. Estaba señalando una ruptura. Algo que durante decenios funcionó sin discusión, resulta que ahora genera miedo.

La Organización Mundial de la Salud lleva años diciendo lo mismo con palabras más educadas. La desconfianza hacia las vacunas es una de las mayores amenazas para la salud pública. No porque falten dosis, sino porque sobran interrogantes. En México, la cobertura de la segunda dosis contra el sarampión cayó por debajo del 90 por ciento. En Jalisco, el estado se fue al fondo de la tabla. La prevención dejó de ser un acuerdo colectivo y se volvió una decisión individual con consecuencias ajenas.

La pandemia no inventó esta desconfianza, pero la normalizó. Nos entrenó para sospechar. Para creer que todo tiene agenda. Para pensar que el cuerpo es un campo de batalla ideológico. Hoy un video mal editado pesa lo mismo que décadas de evidencia científica. Dudar se volvió una pose. La ignorancia, una bandera.

El resultado no es abstracto. Es concreto y cruel. Hospitales ocupados por enfermedades que no deberían existir. Brigadas de vacunación escoltadas por militares. Médicos gastando energía en convencer en lugar de atender. Mientras tanto, el virus circula sin pedir autorización ni consentimiento informado.

No vacunarse no es una decisión íntima. Es una acción política que se disfraza de libertad. Es elegir no cuidarse y arrastrar a otros en el camino. Las dubitaciones contagian. La desinformación también enferma.

El sarampión no regresó por nostalgia. Regresó porque dejamos de creer en algo elemental: que cuidarse implica hacerse cargo del otro. Mientras discutimos si confiar o no, esta enfermedad y otras que creíamos enterradas, avanzan sin tomar en cuenta nuestra opinión. ¡Me hierve el buche!


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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