Cada 24 de diciembre alrededor del mundo se celebra la festividad que denominan “Navidad” proveniente del término bíblico “Natividad”, el nacimiento de Jesús Cristo; en la actualidad también está fecha enmarca la llegada de Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás, o en México del Niño Dios, entes que traen regalos a los niños y niñas que han sido buenos a lo largo del año.
La realidad es que esta celebración es de todo menos una fiesta cristiana, pues de inicio Jesús Cristo, ese nazareno que dicen murió por los pecados de todo el mundo, ni siquiera nació un 25 de diciembre; la fecha no está definida en la Biblia, así como el año pues lejos de haber nacido en el año 1 después de Cristo se estima, o así lo hizo el emperador Constantino de Roma, fue en el año 5 o 6 después de Cristo; además de que algunas corrientes de cristianos ortodoxos celebran la Navidad el 6 o 7 de enero, lo que en el país sería el Día de Reyes.
Pero si esto es así, cómo es que a nivel mundial se tiene una celebración cada 25 de diciembre sobre el nacimiento de un personaje bíblico que no tiene fundamento, la respuesta radica en la imposición de las celebraciones de esta nueva religión sobre los pueblos “paganos”, aquellos que no compartían las creencias de un sólo dios o que veneraban a muchos dioses, pues el 21 de diciembre de celebra el solsticio de invierno, en muchas religiones antiguas un evento que no se debe dejar pasar y que celebra el cierre de un ciclo del año en espera de la primavera.
Adaptar o ajustar la fecha de nacimiento de Jesús Cristo al 25 de diciembre permitió que muchos pueblos paganos fueran convertidos al cristianismo de manera más sencilla, pues así como la fecha adaptaron tradiciones emanadas de estos pueblos, como los festines vikingos de celebración, la cercanía de la naturaleza de los celtas con los árboles de “navidad”, así como la entrega de regalos, que en otro momento pudieron ser sacrificios a los dioses, así se conformó la navidad para imponer una religión.
La mítica figura de Santa Claus tiene un origen menos especial pero con la misma intención. Hay muchas variaciones sobre su origen, una de las más antiguas lo relacionan al dios nórdico Odín, que llevaba espadas de madera, arcos, flechas y otros obsequios a los niños y niñas vikingas en el marco de Yule, solsticio de invierno, pero la historia fue deformada por la Coca Cola para que fuera la bandera de su producto en temporada navideña.
Se preguntará por qué en este espacio se habla de temas tan ajenos a los videojuegos, películas o demás tópicos. Simple: al ver bajo su árbol de “navidad”, recuerde que no se tiene que agradecer a una religión por los regalos o a un personaje u otro, sino a las personas que están a su lado al momento de abrirlos y disfrutarlos, porque seguramente en cualquier artículo que tome de esa base de planta sintética adornada sin sentido y propósito más que el consumismo o la imposición, debe haber algo relacionado a los Trazos del Noveno Arte. Felices fiestas, Feliz Yule.
tedsantosf@gmail.com