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Martes , 23.04.2019 / 19:25 Hoy

Estado fallido

#MeToo y nuestra rampante irresponsabilidad

Susana Moscatel

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No puedo creer que, a estas alturas de la situación, después de todo lo que ha sucedido, tras tan buenas intenciones y tan mala ejecución al respecto, sigamos sin entender un carajo sobre nuestras reacciones ante lo que está pasando respecto al derecho de las mujeres de vivir sin ser agredidas y un nivel absoluto de irresponsabilidad que está llevando a tantos a los peores extremos. Primero que nada. Si Niurka habla y dice que todas las mujeres que no saben decir “no” se están prostituyendo, muy problema de la señora. Qué bueno que ella tenga la fuerza y “el ovario”, como dice, para defenderse con un “no” de quienes, admite, sí le han pedido favores sexuales a cambio de otras cosas. Que ella opine lo que quiera, está en su derecho. Que tantos piensen, escriban y le aplaudan sus palabras solo habla de una ignorancia espantosa. Y que nosotros amplifiquemos esa voz, sin la menor duda nos sigue volviendo gran parte del problema. ¿Y preguntarle a Carmen Salinas? ¿A qué estamos jugando? Aquí hay muchas vidas en juego, empezando por las víctimas. Que bien por ellas que ésa sea su realidad. ¿Sabrán que no la es para la gran mayoría de las personas? Hay tantas aristas en todo lo que ha ocurrido que me parece que se están perdiendo algunas de las más fundamentales lecciones entre este mar de desacuerdos y agresión. La primera es que no todo el mundo, y las mujeres en particular pero no exclusivamente, tiene la capacidad de decir “no”, quedarse sin trabajo y sustentar a su familia. Pero aunque no llegáramos a ese extremo, nadie debe sentirse incómoda porque se está ejerciendo poder sobre ella en un contexto en el que no hay otra salida. Y señores, sabemos bien que en muchos casos no la hay. Una vez dicho esto, quienes ya están con posturas radicales traten de pensar qué le están haciendo al movimiento. ¿De verdad piensan que volver esto una guerra de géneros nos va a sacar del estercolero en el que estamos? Necesitamos aliados de todos lados, no alienarnos. Y sí, absolutamente nada es admisible cuando estamos hablando de avances sexuales no deseados, lo cual, en efecto, incluye un piropo en la calle. Sin embargo, no hay manera de equiparar eso a una violación o a un abuso sistemático de poder. Hay que pararlo todo, pero también hay que entender que no todo lo que nos incomoda es necesariamente lo que parece. Tengo un amigo, un buen hombre, que está verdaderamente enamorado de una mujer. ¿Pero qué creen? Ella nunca lo sabrá. Porque él tiene miedo de que acabe en una de estas listas, simplemente porque trabaja en las artes. Sí, suena a una reacción ridícula, pero, ¿lo es? Los mensajes son tan confusos que solo acabamos escuchando voces como las de Niurka o Carmelita. O el caso de #MeTooMusicosMX, donde ayer despidieron “el movimiento” diciendo algo cierto: que vivimos en un país donde aún no se entiende la libertad, el respeto y el dolor de una mujer. Pero también fue un espacio donde vimos centenares de mensajes aplaudiendo el suicidio de Armando Vega-Gil. Admitieron que su reacción inicial fue inadecuada. Pero el odio está rampante y suelto. Y las voces que se multiplican son las de las Niurkas de nuestro país. Así no vamos a entendernos nunca.

susana.moscatel@milenio.com

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