Comenzó el año con los Critics Choice Awards y lo tengo que decir: va a ser DiCaprio vs. Chalamet esta temporada. Tengo serias reservas al respecto, porque ya vi dos veces Marty Supreme, y entiendo el gran trabajo que tuvo que hacer el joven actor para convertirse en ese personaje. Mi problema es que no podría estar menos convencida de que semejante ser (el personaje, no el actor) merezca algo de nuestras emociones.
Esa es una opinión personal y sé que muchos estarán en desacuerdo, por algo ganó el primer premio importante del año, y seguramente seguirá ganando muchos de los que vienen, pero el vacío que sentí tras ver esa cinta, en comparación con la emoción que me han causado otras películas como Hamnet, Valor sentimental o —por supuesto— Una batalla tras otra.
Una vez dicho eso, fui muy feliz de ver el reconocimiento que Una batalla tras otra (HBO Max) tuvo en esta ceremonia. Si queremos hablar de personajes falibles y llenos de defectos, aquí nos sobran; pero están tan bien construidos, dirigidos, escritos y, por supuesto, actuados, que todo lo que les pasó y las consecuencias que tuvieron que pagar por lo hecho eran algo que no podía esperar a saber. Y en el caso de Leonardo, su vulnerabilidad convertida en torpeza absoluta, su identidad diezmada por el tiempo y la paternidad, y sus momentos hasta hilarantes de ineptitud, lo fueron todo.
Lo que debo preguntarme —y aun no tengo una respuesta certera— es si puedo realmente apreciar una gran actuación como la de Timothée, cuando el personaje y la película capturaron mi absoluta frustración en lugar de mi imaginación.
Es una opinión polémica, ahora que se estrene en México lo discutiremos ampliamente; no porque Leo sea Leo debemos acostumbrarnos a que nos sorprenda con grandes actuaciones, en cintas elegidas porque son historias que gritan por ser contadas.