Estamos los fans de la comedia, de lo que alguna vez significó un gran late night show, donde los intereses empresariales y políticos estaban en segundo lugar ante la comedia.
Suena utópico, pero eso fue lo que a muchos nos gustaba de la televisión estadunidense. Algo similar al buen periodismo: no se trataba de estar con un lado o con el otro, sino de hacer reír —e informar— partiendo de lo que estaba pasando y afectaba a todos. No de posturas políticas.
En la comedia hemos tenido bellos y breves momentos de lograr eso en la televisión mexicana. Demasiado breves. Me vienen a la mente los tiempos originales de Hechos de Peluche; le daban con la pala o con el bat a quien fuera. Hasta soundtrack había y nos encantaba.
En cuanto a comedia social, éramos afortunados: No empujen, La cosquilla… eran tiempos de observarnos y aprender de nuestros comportamientos con una risa colectiva. Hoy habrá risas en algunos programas, pero demasiado limitadas a lo políticamente correcto y conveniente.
Regreso a Colbert: salió del aire por incómodo para los intereses gubernamentales de CBS. Dijeron que fue presupuesto, pero todos sabemos —en especial quienes crecimos con la televisión mexicana— que las concesiones en los medios mueven al mundo. Esa era la gran excepción de ese formato. Eso era lo que buscábamos emular. Y ahora, con la misma Casa Blanca posteando una versión hecha con IA de Trump tirando a Colbert a la basura, no queda lugar a dudas: no son mejores tiempos para nadie.
No lo son para la comedia, que difícilmente se reconoce sin posturas políticas, y menos para la libertad de expresión. Colbert no es un mártir, pero vaya que sus enemigos están haciendo todo lo posible para que así sea recordado. Prefiero quedarme con las risas antes de dormir.