Política

2 de julio de 2006 (III)

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M+.- Había sido un día largo y tenso para Andrés Manuel López Obrador. Empezó bien por la mañana, porque la mayoría de las encuestas de salida parecía confirmar su triunfo, pero al mediodía todas comenzaron a dar empate, salvo la suya, hecha por Covarrubias y Asociados. Con esa información, Andrés Manuel llegó al hotel Marquis. Ahí permaneció encerrado con sus hijos y sus amigos más cercanos, entre ellos José María Pérez Gay. Chema estaba desde el mediodía en el hotel. Entonces las cosas marchaban bien. Había un ambiente festivo, recuerda su hermano Rafael. Pero al regresar por la tarde, todo era distinto. Había ya caras largas. En la suite del hotel Marquis, la televisión, prendida en los noticieros, mostraba el júbilo de los panistas, los globos azules y blancos agitados en el aire. Todos estaban serios. Marcelo Ebrard entró con ellos unos minutos, junto con Mario Delgado. Después salieron. Había un aire de derrota. Rafael Pérez Gay acababa de dejar a su hermano Chema —hacia las 7 de la noche, aún con incertidumbre— en el hotel Marquis. Muchos años después, él mismo recordaría lo que sucedió esa noche, en un testimonio publicado en MILENIO. “A las nueve de la noche”, escribió, en alusión a su hermano, “me llamó desolado y me dijo esto: ‘Andrés me llevó al balcón, me puso la mano en el hombro y me dijo: Perdimos, Chemita, por muy poco. No vimos llegar el voto de la clase media’”.

En ese momento de la noche, entre las nueve y las diez, las encuestas de salida le daban la ventaja, casi todas, a Felipe Calderón, quien además estaba 5 puntos arriba en el PREP y muy alto, también, en el conteo rápido de Covarrubias y Asociados. López Obrador no tenía manera de saber que había perdido: la moneda seguía en el aire. No tenía la certidumbre de su derrota, pero la había vislumbrado. Y había tomado, entonces, la decisión de no aceptarla. Fue su punto de quiebre el 2 de julio. A partir de ese momento —a partir del momento que acepta que perdió, ante la mirada atónita de su amigo— toma la decisión de comenzar a mentir. Empieza a construir una verdad alternativa, que él mismo terminaría por creer. Su discurso sería ya, desde entonces, un discurso de poder, no de verdad. Esa confesión, hecha en el ámbito más íntimo, no fue nunca conocida, según parece, por el grupo más político, instalado ahí cerca, en la otra suite del penthouse. No la conoció en ese momento, ni le daría crédito más tarde. Pero era cierta. Andrés Manuel López Obrador había pronunciado la palabra terrible: Perdimos. Hubo unos minutos de silencio —minutos clave, en los que cambió íntimamente de actitud frente a los resultados. Después, todo fue distinto. Con ese espíritu de rechazo a la realidad escuchó el mensaje del presidente del IFE, pronunció su discurso en el hotel Marquis y habló más tarde frente a la multitud del Zócalo. Y con ese espíritu escuchó también la voz aguda y nerviosa de Ana Cristina Covarrubias que le decía, a la una de la mañana con cinco minutos, que estaba abajo de Felipe Calderón en el último corte del conteo rápido de Covarrubias y Asociados.


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Carlos Tello Díaz
  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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