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Jueves , 18.04.2019 / 06:15 Hoy

En Plural

Nuestra querida contaminación en Toluca

Sergio Villafuerte

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Los toluqueños somos sobrevivientes de nosotros mismos. Al menos hasta ahora. Hemos tolerado una serie de abusos al medio ambiente, particularmente al aire que respiramos, y también mucho hemos contribuido a que sea cada vez más letal vivir en esta ciudad. El problema se encuentra en toda la zona metropolitana, pero la capital destaca entre los 16 municipios de esta región.

Durante casi todo el año pasado, hasta bien entrado noviembre, el Valle de Toluca no tuvo un solo día de “buena calidad del aire” en las mediciones de la Red Automática de Monitoreo Atmosférico. Luego, ya en 2019, durante el primer bimestre de 2019 tampoco. 

Supongo que incluso podríamos ser caso de estudio, para que los científicos analicen cómo es que aún sigue poblado el territorio choricero, pues esta contaminación, está comprobado, acarrea graves daños a la salud. 

Ya hasta hicimos el ridículo internacional, cuando Greenpeace consideró a Toluca entre las cinco ciudades más contaminadas del país, lo que luego fue aceptado por el propio alcalde y por el secretario estatal del Medio Ambiente. 

¿Pero qué nos ha llevado a este lamentable estatus? Está claro que el transporte público aqui es no solo el más deficiente, abusivo, peligroso y de mala calidad, sino también debe ser de los más desordenados y anárquicos de la nación. 

Se ha repetido hasta el hartazgo el exceso de autobuses chatarra circulando y congestionando por horas las mismas estrechas calles a las mismas horas todos los días. No hay carril confinado que respeten. Ese factor es el más evidente. 

Pero también hay otros que ciertamente son atribuibles a nosotros los ciudadanos, quienes creemos por ejemplo que podemos estacionarnos en doble o triple fila y con prender las luces intermitentes mágicamente no se desatará un tráfico infernal. De hecho, en otros casos ni siquiera tienen la delicadeza de las luces. 

Se estacionan así porque el privilegio divino se los permite, como ocurre cotidianamente en la calle Rafael M. Hidalgo, frente al Instituto México. Seguro se trata de una valiosa lección de civismo para los muchachos. A eso súmele los topes que son toda una tradición en toda la ciudad. Si el vecino pone uno, yo pongo dos, faltaba más, y la autoridad lo permite tranquilamente. 

Por otro lado vemos multiplicarse los baches, tema que ha sido hasta argumento de campaña, pero que en los hechos sigue sin solución de largo plazo. ¿Lo mejor que se nos ha ocurrido? coquetear con la posibilidad de importar el “Hoy No Circula”, cuando la experiencia ha dejado claro que, para poder desplazarnos el día que nos toque restricción, compramos una carcacha en pésimas condiciones, al fin que es para un solo día. 

Creo que hay muchísimo que podemos hacer, ciudadanos, transportistas y autoridades, antes de llegar a ese absurdo. Tal vez estamos a tiempo.

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