Política

¿Quién gana con la salida de Salvador Zamora?

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La salida de Salvador Zamora de la Secretaría General de Gobierno deja una pregunta sobre la mesa: ¿quién gana realmente con este movimiento dentro del gabinete de Pablo Lemus? La respuesta apunta hacia Rafael Martínez, jefe de la Oficina del Gobernador, y al grupo político que lo acompaña. Más allá del relevo en una de las posiciones más importantes del gobierno estatal, lo que parece estar en juego es el reacomodo de fuerzas al interior de una administración que nació con dos corrientes políticas: la de Pablo Lemus y la de Enrique Alfaro. Una convivencia que, con el paso de los meses, habría comenzado a mostrar sus diferencias.

En política, los nombramientos nunca son simples cambios de escritorio. También hablan de confianza, lealtades y capacidad para tomar decisiones. El gobierno de Lemus se construyó con perfiles cercanos al actual gobernador, pero también incorporó a personajes vinculados con el grupo de Alfaro. El problema de mantener dos equipos dentro de una misma administración aparece cuando las decisiones dejan de responder a una sola línea de mando. En ese escenario, la llegada de perfiles cercanos a Rafael Martínez puede interpretarse como un intento de fortalecer al equipo directo de Lemus y reducir los espacios de quienes conservaban otros referentes políticos.

Las últimas crisis del gobierno estatal alimentan esa lectura. El caso del SIAPA, los problemas relacionados con la calidad del agua y la polémica alrededor de Eli Castro abrieron frentes que golpearon la imagen de la administración. En el terreno político, además, se ha señalado que algunos de esos compromisos y decisiones respondían a acuerdos de grupos distintos al del gobernador. No se trata de afirmar que cada problema tenga un origen político perfectamente definido, pero sí de reconocer que, cuando las crisis se acumulan en áreas controladas por determinados equipos, las preguntas sobre quién toma las decisiones y a quién le rinde cuentas cada funcionario se vuelven inevitables.

En el Congreso del Estado, Salvador Zamora también enfrentó cuestionamientos por la relación con las fuerzas políticas y la conducción de los acuerdos. A ello se sumó la crisis derivada de la movilización por el agua y la actuación policial durante la llamada megamarcha, un episodio que puso a prueba la capacidad de respuesta y coordinación del gobierno. La ausencia de Zamora en Jalisco durante aquellos acontecimientos, pues se encontraba en España, se convirtió en un elemento de crítica política. En una Secretaría General de Gobierno, donde la anticipación de conflictos y la operación política son parte central de la responsabilidad, las ausencias en momentos delicados inevitablemente generan costos.

En ese escenario aparece Carlos Arias, un perfil que merece una lectura distinta a la de los movimientos de grupo. Se trata de un político ecuánime, con experiencia y conocimiento del derecho electoral, cuya participación fue relevante en la defensa jurídica de la elección de Pablo Lemus. Su trabajo en ese proceso lo colocó entre los perfiles que conocen de primera mano las complejidades legales y políticas que implica sostener un resultado electoral. También se ha destacado su papel en el entorno político de Verónica Delgadillo. No es un personaje improvisado ni alguien que llegue sin conocer los terrenos donde se toman las decisiones; su experiencia jurídica y electoral representa un activo para una administración que necesita cuidar tanto la operación política como la legalidad de sus actos.

No resulta extraño, por ello, que en su momento se especulara con la posibilidad de que Carlos Arias pudiera ocupar la Fiscalía General del Estado. Esa versión, por sí misma, habla de la percepción que existe sobre su preparación y su cercanía con espacios de decisión. Su incorporación a un equipo con mayor peso en el gobierno podría contribuir a ordenar procesos, fortalecer la defensa jurídica de las decisiones y dar mayor certidumbre a la operación institucional. Si el gobernador busca consolidar un círculo de colaboradores con experiencia, capacidad técnica y confianza política, Arias encaja en ese perfil. La clave estará en que esas cualidades se traduzcan en resultados y no solamente en una nueva distribución de cargos.

Al final, el movimiento de Salvador Zamora podría marcar un punto de inflexión en el gobierno de Pablo Lemus. Si la llegada de perfiles vinculados con Rafael Martínez se confirma como parte de una estrategia para fortalecer al equipo del gobernador, el mensaje sería claro: la administración busca una conducción más cohesionada y una cadena de mando menos expuesta a intereses cruzados. Eso no significa que la pertenencia a un grupo político garantice por sí sola lealtad, eficacia o buenos resultados; esos atributos se demuestran con hechos. Pero sí plantea una nueva etapa en la que Lemus tendrá que decidir qué tipo de gobierno quiere consolidar y con quiénes pretende hacerlo. Porque en política, al final, no basta con ocupar una silla: hay que responderle a quien encabeza el proyecto y, sobre todo, cumplirle a los ciudadanos.


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Rubén Iñiguez
  • Rubén Iñiguez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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