A Mery Pozos le empiezan a llover reclamos desde Jalisco, y no es difícil entender por qué. La presidenta de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados presume que Jalisco recibirá 226 mil 877 millones de pesos de recursos federales en 2027, pero cuando se busca el dinero destinado específicamente a las grandes obras hidráulicas que necesita la entidad, la realidad es mucho menos alentadora: no aparece una partida claramente etiquetada para proyectos como las obras complementarias de El Zapotillo o el acueducto Guadalajara-Chapala.
Y aquí es donde la posición de Mery Pozos se vuelve incómoda. Porque no se trata de preguntar cuánto dinero, en términos generales, llegará a Jalisco; se trata de saber cuánto dinero está asegurado para las obras que Jalisco necesita. La propia documentación oficial del PPEF 2027 distingue entre las transferencias generales y los programas y proyectos de inversión, precisamente porque no todo recurso disponible equivale a una obra determinada.
La diputada responde que existen bolsas generales, participaciones de libre disposición y recursos federales para infraestructura y agua. Incluso ha hablado de más de cuatro mil millones de pesos vinculados al tema hídrico. Pero ahí está precisamente el problema: una bolsa no es lo mismo que una obra etiquetada. Si no dice cuánto, para qué proyecto, en qué municipio y bajo qué mecanismo se ejercerá, Jalisco tiene dinero anunciado, pero no necesariamente dinero garantizado.
Y eso deja una pregunta inevitable sobre la mesa: ¿de qué sirve tener a una jalisciense al frente de la Comisión de Presupuesto si los proyectos estratégicos de Jalisco no aparecen con nombre y apellido en el presupuesto? No basta con decir que “hay dinero”. El presupuesto federal no funciona a partir de buenas intenciones ni de declaraciones públicas. Funciona con asignaciones, programas, proyectos, reglas de operación y mecanismos de ejercicio. Lo demás es, por ahora, expectativa.
El caso de El Zapotillo es particularmente ilustrativo. El propio gobernador Pablo Lemus había señalado que la Federación asumiría las obras complementarias necesarias para que la presa pueda enviar agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara. Sin embargo, el proyecto de presupuesto presentado inicialmente no contempló una partida específica para esas obras. Y sobre el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara tampoco apareció una asignación específica en esa propuesta.
Mery Pozos puede decir que todavía existe margen para modificar el proyecto antes de su aprobación. De hecho, desde Morena se ha reconocido que los proyectos hídricos de Jalisco continúan bajo revisión y que el proceso presupuestario aún puede incorporar ajustes. Pero precisamente por eso la responsabilidad política de la presidenta de la Comisión de Presupuesto adquiere mayor relevancia: si hay margen, habrá que utilizarlo para que Jalisco deje de depender de bolsas genéricas y tenga recursos concretos para sus obras prioritarias.
Porque mientras el dinero permanezca en la ambigüedad, nadie puede garantizar que esos recursos terminen destinados a las obras que Jalisco reclama. Una bolsa federal puede atender distintas entidades, distintos programas y distintas prioridades nacionales. Y si el recurso no está amarrado a un proyecto específico, siempre queda abierta la posibilidad de que las prioridades presupuestales de la llamada Cuarta Transformación terminen llevando esos recursos hacia otros estados o hacia otros proyectos. Eso es precisamente lo que una asignación etiquetada evita.
Así que el reclamo a Mery Pozos no tendría que responderse con la cifra global de cuánto recibirá Jalisco. La pregunta es mucho más sencilla y mucho más incómoda: ¿cuánto dinero está etiquetado hoy, con todas sus letras, para las obras hidráulicas prioritarias de Jalisco? Porque mientras la respuesta siga siendo que existen bolsas, convenios, participaciones o recursos potenciales, pero sin una partida específica para las obras estratégicas, el famoso “presupuesto histórico” seguirá siendo una cifra en el papel. Y para una entidad que necesita agua, el papel no abre las llaves.