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El tiempo vuela y… ¡gracias a "MILENIO"!

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Desde hace 15 meses, cada lunes y sin falta, he tenido la valiosa oportunidad de compartir mis opiniones y sentimientos sobre temas de diversa naturaleza.

¡Soy el orgullo del nepotismo de Carlos Marín en MILENIO!

Así solemos bromear —recordando a un ex presidente— en nuestras gratas comidas en el Mesón del Cid, pues no hay parentesco entre nosotros, aun cuando sí mucha generosidad de su parte al abrirme esta página e inmensa gratitud de la mía junto con mi mayor reconocimiento a su talento periodístico, caballerosidad y fino sentido del humor…

En Estados Unidos ocasionalmente escribo en medios, pero esta columna ha sido una experiencia verdaderamente enriquecedora: además de implicar estudio, disciplina y constancia, me ha permitido fortalecer los vínculos con mi amado México y contar con una inmejorable trinchera para promover mis valores y causas a favor de los discapacitados, los migrantes y las mujeres.

Aunado a ello, me encuentro en una etapa de plena madurez intelectual y emocional, pues en agosto cumpliré... ¡Uf, la vida se ha ido como agua entre las manos!

Y, entonces, en lontananza y con melancolía veo a aquella niña de 14 años que, de la popular colonia Puebla de Ciudad de México, emigró a California y con sacrificios, dedicación y mucho trabajo, creció y pudo ser hasta tesorera de Estados Unidos y grabar su nombre en los dólares; y, en época reciente, publicar una columna en un gran medio de comunicación de su país de nacimiento, como es MILENIO

En efecto, ha sido un verdadero privilegio y compromiso compartir la página 3 del impreso con un prominente intelectual como Héctor Aguilar Camín, un renombrado abogado y político como Diego Fernández de Cevallos y un destacado monero como Jabaz, al igual que pertenecer a un grupo de profesionales del más alto calibre como Bárbara Anderson, Joaquín López-Dóriga, Carlos Puig, Juan Pablo Becerra-Acosta y otros que ejercen el periodismo con carácter.

En este contexto, y al tiempo que a mis lectoras y lectores agradezco sinceramente sus consideraciones, no sin pesar comunico que mi columna dejará de aparecer. En últimas fechas, la carga de trabajo, las conferencias, los frecuentes viajes y el tiempo que debo a mi familia me han saturado la agenda y, por ahora, cortado el espacio para seguir escribiendo.

Pero ni me quito la camiseta de MILENIO ni Carlos Marín se librará de mí: de menos, periódicamente lo visitaré en su Asalto a la razón… Así que esto no es un adiós, sino un ¡hasta pronto!

Y, mientras tanto, recordando El Principito: Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos, les exhorto a no claudicar en la lucha por construir un mundo mejor…

rosariomarin978@gmail.com

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