Política

¿Y la propia CIA, mientras tanto?

Calificar a Maru Campos de “traidora a la patria” es un verdadero despropósito. Los traidores son de otra catadura, para empezar, y en esa infamante categoría caben más bien sujetos como el antiguo Secretario de Seguridad Pública del estado libre y soberano de Tabasco, jefe de una banda de asesinos, y otros tantos funcionarios dedicados a delinquir flagrantemente pero, eso sí, al abrigo de un régimen que los encubre de manera tan abierta como indecente.

La gobernadora de Chihuahua no hizo otra cosa que organizar, de la mano de sus cuerpos de seguridad, una acción para desmantelar uno de los laboratorios de sustancias sintéticas y metanfetaminas más grandes del país. Se evitó así la distribución de millones de dosis de drogas y la acción acometida tuvo un impacto directo en las finanzas de las organizaciones criminales.

Muy bien, el tema es que en la operación participaron cuatro agentes de la CIA, ni más ni menos, dos de los cuales murieron al desbarrancarse el coche en el que viajaban de vuelta, junto con otros dos policías mexicanos. No estamos hablando, en lo que toca a la referida agencia estadunidense, de un cuerpo dedicado específicamente a combatir la delincuencia, dentro o fuera de las fronteras de los Estados Unidos, sino de una organización que ha promovido golpes de Estado en nuestro subcontinente, que realiza labores de espionaje, que se ha dedicado a desestabilizar a los regímenes que no sigue las pautas de la gran potencia imperial y que ha consumado muy oscuras labores de sabotaje e intervencionismo.

Esto, el perfil mismo de la corporación, sería lo más inquietante del asunto. No sabemos, hasta el momento, cómo fue que les abrieron las puertas a los oficiales de esa corporación y, en el apartado de las responsabilidades, tampoco nos quedan muy claras cuáles son las potestades de las distintas áreas del gobierno mexicano, federales o estatales, para tramitar o negar la participación de agentes extranjeros.

Lo que sí parece estar fuera de duda es que su intervención no fue consentida directamente por la gobernadora, así sea que el régimen de doña 4T le quiera endosar la tremebunda culpa de haber despreciado el principio de la sacrosanta soberanía nacional.

Pero, miren ustedes, ¿y la propia CIA, mientras tanto? ¿No corresponde que el supremo gobierno de los Estados Unidos Mexicanos enfrente directamente a la agencia, que pida cuentas, que exija explicaciones y que reclame una disculpa del tamaño de una casa, siendo que el suceso no aconteció hace 500 años sino unas semanas atrás?

La presidenta Sheinbaum podría encarar a los altos mandos de la agencia estadunidense de espionaje: ¿Qué demonios hacían ustedes en mi país, señores, cómo fue que se sintieron facultados para intervenir en otra nación, así nada más, sin previo aviso, sin contar con el debido permiso o, en todo caso, sin habernos informado quién o quiénes fueron los que autorizaron su presencia en el operación ocurrida en El Pinal, Chihuahua?

Pero no, es más sencillo agarrarla contra Maru...


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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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