Política

¿Quién recuerda a 'Marcos'?

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La primera página de su periódico MILENIO de edición de fin de semana ha impreso una fotografía que dejó frío a Gil: “Marcos se deja ver en San Cristóbal”. “Marcos, dirigente histórico del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, asistió al ciclo de conferencias bautizado ‘Semillero guerra contra la humanidad’, en el que los ponentes hablaron sobre violencia, desapariciones forzadas y corporaciones  delincuenciales”. 

La primera impresión de Gamés no es ideológica sino nutricional: el subcomandante ha engordado muchos kilos. Se entiende: la hamaca, el tlacoyo, el sope, el aguardiente, la tortilla recién echada con sus frijoles calduros.

En la fotografía, Marcos trae su pipa, nunca se le quitó lo fanfarrón. Los años han pasado y si usted ve los ojos del guerrillero traen unas bolsas de aire en las ojeras muy serias. Dejemos la frivolidad de los kilos de más, no pocos por cierto, y vayamos a la tristeza de la historia. Los primeros que se olvidaron de Marcos fueron sus ciegos admiradores de los años noventa.

Gil buscó en sus viejos archivos y encontró decenas de notas en las cuales se refería al subcomandante Marcos. Se trata en este caso de artículos del año de 1998. Gil sí recuerda a Marcos. Aquí van unos botones de muestra, o unas muestras de botón

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Gamés ya sabe que un nuevo libro aparecerá en el mercado editorial mexicano, ni más ni menos que la prosa del subcomandante Marcos editada por la editorial Plaza y Janés. Con Marcos, Gil no tiene ningún problema, siempre ha creído que es un fanfarrón armado. Gamés tampoco tiene problemas con los seguidores de Marcos, si lo ponen de ícono en su disco duro o si mandan hacer unas sabanas para taparse en la noche con su efigie, le da igual. De hecho, Gilga no tiene problemas con nadie: cómprense su libro, léanlo, memorícenlo, sean felices, coméntenlo en los cafés. Por su parte, Gil no verá ni la portada; que quede claro: no leerá las crónicas de la presentación, no discutirá con nadie, con nadie en absoluto, sobre esas páginas. Gamés tampoco se va a enfrascar en una discusión chicharrina sobre si eso que hace Marcos es literatura o no lo es. Cada quien en su casa y Dios en la de todos, como decía la señora Gamesa cada vez que la invitaban a cenar unos familiares que le caían gordísimos.

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Unos amigos que quieren bien a Gamés pero que lo aconsejan mal, le dijeron que tendría que leer el último comunicado del subcomandante Marcos publicado en La Jornada. Y allá va Gamés, incauto. Gil se topó con un texto de unas veinte cuartillas, impreso en tres páginas completas del periódico. Ningún escritor, recordó Gamés, ha recibido tanto espacio en ese periódico desde su fundación hace quince años. En fin, que Marcos se despachó con el cucharón y arremetió contra varios analistas políticos que no hace mucho lo apoyaron cuando se levantó en armas. Such is life, farfulló Gil mientras lo derrotaba el sueño, una consecuencia natural después de la lectura de ese documento de cemento armado.

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Pobre Gamés, transformista indeseado de sí mismo. No hay de qué avergonzarse, se dice Gilga, en esta época todos son transformistas. Vean si no el lector, la lectora: el subcomandante Marcos dice esta boca es mía y lanza desde las montañas del sur un comunicado largo como una culebra y habla de las elecciones del 2 de julio. Gamés sufrió unos temblores como del mal de Parkinson cuando vio la extensión del comunicado marquista publicado en La Jornada ¡Casi tres páginas del diario!  "Esto no se lo zampa Gamés ni aunque le coaccionen su voto".

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Nadie sabe los castigos que esperan a la vuelta de la esquina. Por esta razón Gil Gamés estaba tan quitado de la pena hasta la mañana en que por una imprudencia sin perdón leyó unos cuantos párrafos del más reciente, candente, estridente (y todo lo que termine en dente) comunicado del subcomandante Marcos publicado por el periódico La Jornada. Perpicaz como es, Gil notó que era mucho más que un comunicado, aquellas declaraciones eran todo un suplemento, un encarte de cuatro páginas con sus fotos de políticos malvados y toda la cosa. El suple del sup estaba plagado de epígrafes, de subtítulos, de alegorías en letra grande y tenía un gran título, "México 1998: tres mesas para la cena de fin de siglo". 

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Todo es muy raro, caracho, como diría Benjamín Franklin: “La admiración es hija de la ignorancia”. 

Gil s’en va


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Gil Gamés
  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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