Política

¿Quién lo puede hacer? ¡El Ejército!

Nuestros militares son gente admirable en todos los sentidos: la carrera de las armas exige una recia disciplina —algo de lo que carecemos mayormente en México, un país poblado de legiones de ciudadanos desobedientes— y a los incorporados se les infunden valores como la lealtad, el sentido del deber y el honor, por no hablar del espíritu de sacrificio que exhiben en sus misiones.

Los izquierdosos suelen repudiar a las fuerzas castrenses —cuando no han todavía infiltrado sus filas, esto es, porque luego, al instaurar el consabido régimen de socialismo obligatorio, se sirven de la soldadesca para someter al pueblo y para reprimir (aquí sí que vale la palabra en toda su extensión) cualquier atisbo de oposición— y denuncian, por principio y por consigna, violaciones a los derechos humanos perpetradas aquí y allá por las Fuerzas Armadas. ¿No siguen diciendo que los militares participaron en la masacre de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o, en todo caso, que incineraron sus cadáveres en los hornos crematorios que tienen en un cuartel de Chilpancingo?

En fin, más allá de las arremetidas de quienes no parecen diferenciar al Ejército Mexicano de aquellas catervas de gorilas que tomaron por asalto en poder en Suramérica y que, ellos sí, detuvieron, torturaron y desaparecieron a miles de chilenos, argentinos y uruguayos por el mero hecho de haberse opuesto a los dictadores que asolaron aquellas comarcas, y sin soslayar tampoco que el poder civil, en estos pagos, se sirvió de los militares para lanzar una feroz embestida contra los jóvenes que emprendieron la revuelta social de 1968 (un episodio en el que la participación efectiva de los elementos militares no ha quedado del todo clara y, para mayores señas, lean ustedes lo que escribió el entrañable Luis González de Alba, un protagonista y testigo directo de los sucesos), el hecho es que el Ejército y la Marina son muy probablemente las instituciones más solventes del Estado mexicano. En ninguna otra corporación encontramos un nivel parecido de organización, de capacidad operativa y de simple profesionalismo. Por el contrario, la mayoría de los organismos de la Administración se ha caracterizado ancestralmente por los incumplimientos, las ineficiencias y, desde luego, por los malos manejos de la casta de corruptos que nos ha gobernado.

Es entonces perfectamente entendible que nuestras Fuerzas Armadas sirvan ahora —luego de los denuestos que les habían dedicado en su momento esas huestes de Morena reconvertidas ahora en autoridades encargadas de gobernar y de llevar los asuntos públicos— de gran remedio a la práctica mayoría de los asuntos nacionales: ¿seguridad pública? El Ejército. ¿Construcción de infraestructuras? El Ejército. ¿Edificación de las sucursales bancarias que los mandamases de la 4T quieren poner a lo largo y ancho del territorio patrio? El Ejército…

Habría que preguntarles a nuestros combatientes cómo se sienten al serles impuestas esas faenas de albañilería y qué les parece estar participando en la construcción de un aeropuerto… civil. Pero, bueno, a falta de gente capaz… ¡el Ejército! 



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Román Revueltas Retes
  • Román Revueltas Retes
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  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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