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Viernes , 19.04.2019 / 07:58 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

Va a ser tan malo como parecía

Román Revueltas Retes

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Me la he pasado mirando los informativos de las principales cadenas noticiosas de los Estados Unidos y leyendo en la Internet las columnas de opinión que publican los diarios de ese país. Prácticamente ningún comentarista —desde Chris Matthews y Rachel Maddow de la MSNBC hasta David Muir de la ABC, pasando por Don Lemon en CNN y Scott Pelly en CBS—, ningún editorialista, incluyendo los que escriben en diarios tradicionalmente conservadores y, desde luego, ningún comediante de los que protagonizan las emisiones nocturnas (Bill Maher, Stephen Colbert y John Oliver, entre otros, son extraordinariamente divertidos y brillantes) se han privado de criticar desaforadamente a Donald Trump. De hecho, te preguntas cómo fue que el tipo llegó a ganar las elecciones siendo que toda la prensa estuvo en su contra. Bueno, no toda: muchos medios locales, los tabloides amarillistas y, sobre todo, la cadena Fox News apoyaron sin ambages a un candidato colosalmente impresentable, desechando deliberada y tramposamente sus dislates, propalando sus mentiras y mirando hacia otro lado cuando resultaban demasiado incómodas sus posturas (y, hay que decirlo también, la diferencia de casi tres millones de votos a favor de Hillary Clinton vendría siendo una suerte de explicación al extraño fenómeno de que un demagogo populista haya podido triunfar a contracorriente de los medios de comunicación. Dicho en otras palabras: Trump no ganó; está ahí, a las puertas de la presidencia de la nación más poderosa del mundo porque el sistema electoral, arcaico pero beneficioso para un sector de la clase política estadounidense, le otorgó una victoria que no merecía; otra aberración más, en estos tiempos de aconteceres tan absurdos).

El asombroso desenlace de la pasada contienda por la Casa Blanca sería ya muy inquietante en sí mismo: a pesar del desencanto de tantos ciudadanos con su propio país, los Estados Unidos de América siguen siendo una formidable potencia económica y política. Ahora que acaba de ocurrir el incidente del dron que los chinos le sustrajeron a la Armada de nuestro vecino país, los medios exhibieron las imágenes del único portaviones que posee la República Popular China. Sí, señoras y señores, a pesar de que tienen armas atómicas (o sea, la capacidad de borrarnos del mapa a todos los habitantes del planeta) y un Ejército numerosísimo, los militares de la gran nación asiática no cuentan más que con un portaviones. Estados Unidos posee diez navíos activos de este tipo. Y el gasto militar de los yanquis casi triplica el de los chinos, además de ser superior al desembolso combinado de las seis naciones que le siguen en la lista. Por su parte, la economía norteamericana representa una cuarta parte del Producto Interno Bruto del mundo. Luego entonces, lo que haga o deje de hacer el presidente de tamaña potencia tiene siempre tales consecuencias y derivaciones, a nivel global, que el advenimiento de Trump, sin exagerar y más allá del contrapeso a su poder como jefe del Ejecutivo que vaya a significar el Congreso, podría ser una suerte de cataclismo universal.

Pero, hay algo más: el personaje nos tiene en la mira, a nosotros. Lo ha dicho bien explícitamente y nos ha dedicado muchas de las andanadas que soltó a lo largo de la campaña. O sea, que lo que ya sería de por sí un infortunado fenómeno ha alcanzado, para México, la categoría de una muy perturbadora amenaza, de un peligro real para nuestra nación. Si algo he logrado percibir al sumergirme en los medios estadounidenses es que las señales más preocupantes siguen ahí: el hombre, según parece, va a emprender muchas de las acciones que anunció en su campaña y sigue exhibiendo los mismos rasgos de personalidad que pudimos advertir en los pasados meses: es tan impulsivo, impredecible, errático, narcisista, rencoroso, ignorante, irrespetuoso, imprudente y mentiroso como en cualquier otro momento. Peor aún: ha nombrado a personas de un perfil muy poco recomendable para su gabinete: esa mezcla de amigos, antiguos socios, extremistas de derecha (el embajador en Israel) y altos ejecutivos de corporaciones (el secretario de Estado) no anuncia nada bueno sino, al contrario, nos hace temer lo peor.

México, de pronto, se encuentra proyectado irremisiblemente hacia un futuro incierto y adverso. Es más, estamos avisados: el hombre ha proclamado todo el tiempo sus intenciones. ¿Qué vamos a hacer, en un entorno de dificultades domésticas, recortes presupuestales, inseguridad y descomposición social? El futuro ya nos alcanzó, y no estamos siquiera preparados.

revueltas@mac.com

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