Política

Tequila

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El 29 de marzo del año pasado, en un concierto en la Universidad de Guadalajara, el grupo Los Alegres del Barranco interpretó uno de sus grandes éxitos, El Dueño del Palenque, donde los músicos cantaron las hazañas de Nemesio Oseguera, el del Cártel de Jalisco, proyectando grandes imágenes del capo como telón de fondo. Al chico rato Christopher Landau, “el quitavisas”, les revocó sus documentos, y la Fiscalía de Jalisco los imputó por hacer apología del narco.

Al mes, Lorena Marisol Rodríguez apareció coreando en una fiesta ese mismo narcocorrido a todo pulmón. El problema no es que, cuando se grabó el video de marras, Rodríguez se desempeñaba como regidora y presidenta de Participación Ciudadana, Salud, Higiene y Combate a las Adicciones del ayuntamiento de Tequila, Jalisco, sino que hoy acaba de ser designada alcaldesa interina de ese municipio en sustitución del morenista Diego Rivera, por quien ella hizo campaña y a quien arrestaron el jueves pasado luego de ser acusado de extorsionar a sus comerciantes, artesanos, gasolineros, hoteleros y empresarios, y de secuestrar y torturar a sus rivales, apoyado siempre por los sicarios del Cártel de Jalisco Nueva Generación —el de la canción—, y por funcionarios municipales reclutados por el alcalde de entre las filas del grupo criminal. 

La prepotencia de Rivera es conocida desde cuando era una joven promesa priista y hacía desmanes en los bares de Playa del Carmen, amparado en el consabido ustedes no saben quién soy yo. Las denuncias más graves en su contra, las más recientes, las conocemos por los regidores en su propio cabildo: “Quiero advertirles que Diego y Juan —el director de Seguridad Pública, Juan Manuel Pérez— están desapareciendo personas por medio de los policías municipales, Diego le dio a la maña seguridad pública desde que fue regidor”, dice un testimonio recogido por la fiscalía. Otro afirma que Rivera le ofreció al cártel, a cambio de apoyo, “una recaudación de 40 millones de pesos anuales”: si los ciudadanos no pagaban las extorsiones, les clausuraba el negocio o les armaba cargos. En el mejor de los casos. 

Hasta la semana pasada todo fue minimizado, por el alcalde mismo y por su partido, como una campaña negra del gobernador Lemus y de los corruptos que perdieron sus privilegios con la llegada de la T4. El error del funcionario fue haberse querido cenar un cuervo muy duro de roer, y cuando finalmente brotaran allí los gusanos de maguey, la presidenta Sheinbaum, quien cuando la campaña grabó un spot loando a Rivera, afirmó que “ningún partido político, y menos Morena, puede ser un paraguas para delinquir o corromperse”. Y no, no se le cayeron los dientes, ni tampoco cuando, hablando del reciente artículo del New York Times que, poniendo de ejemplo a La Barredora, otro grupo criminal aliado al CJNG, evidenció la inseparable colusión del narco con la política en México, dijo que “No tendríamos los resultados que tenemos si hubiera colusión con el crimen”, que lo del Times era pura ficción y que mejor habláramos de García Luna.

Creo que necesito un reposado, urgente.


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Roberta Garza
  • Roberta Garza
  • Es psicóloga, fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario con su columna Artículo mortis
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