Esperaba el primer juego del Mundial y recordaba que en algún sentido mi vida podría contarse a través de la historia de los torneos que he visto. Intenté un boceto.
1966, Inglaterra. La directora de la primaria pública en la cual estudié nos ha permitido salir una hora antes de la escuela. Cargo en la mochila con libros de texto y cuadernos, en el camino a casa y rompo una vez más la regla T que aún hoy ignoro para qué servía. México contra Francia. Borja anota un gol en la televisión Admiral blanco y negro. Mi padre se encuentra hospitalizado, entre la vida y la muerte, aquel empate no compensa mi pena. Tenía 9 años.
México, 1970. Casi he llenado el mapa Bimbo de jugadores y equipos. Vivimos en la calle Cadereyta, en la colonia Condesa. Mi padre promete ver conmigo los juegos de México, pero incumple su promesa. Veo los juegos solo frente a la televisión que mi hermano ha comprado para la casa en uno de sus viajes a México. La selección pasa a la siguiente ronda y juega contra Italia en Toluca. A pase de Fragoso, la Calaca José Luis González anota el primer gol. Me vuelvo loco. México pierde 4 a 1 y queda eliminado. Quedo loco y triste. Mi madre me acompaña, pero no entiende lo que es el fuera de lugar. Había cumplido 12 años.
Alemania, 1974. No veo los juegos. Me dedico a hacer la revolución, el futbol mediatiza las conciencias. Cumplía 16 años y no vi ese Mundial. Idiota. Leo el Manifiesto Comunista, pero también a García Marquéz, enloquezco. Nunca más me aparto de los libros.
Argentina, 1978. La peor actuación de México en un Mundial. Tres juegos perdidos, último lugar de la copa. Me juro que no veré nunca más a la selección, tengo una novia y vamos cada semana al hotel Astoria. Soy feliz. Se corona Argentina bajo el régimen del asesino Rafael Videla.
España, 1982. Rompo mi juramento y pido permiso en la editorial Nueva Imagen, donde hago mis primeras armas editoriales para llevar una pequeña televisión y ver algunos juegos en la oficina. Brasil me cautiva, en especial Falcao, Socrates y Zico. Recuerdo que me siento feliz: tengo trabajo, gano dinero, una novia, escribo mis primeras reseñas en el suplemento La Cultura en México. No es poca cosa. El juego contra Italia aún lo recuerdo. Brasil perdió 3 a 2, una epopeya. He cumplido entonces 25 años. Leo como nunca volví a leer en la vida. (Pasa a la página de Al Cierre).