Política

Virtudes y sociedad

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Pareciera que el tema de las virtudes es un asunto individual y que el cultivo de ellas, su desarrollo y sus frutos son más bien cosa de cada quien. Sin embargo ellas realmente son necesarias no solamente para que alguien sea mejor, sino para el mismo desarrollo de la sociedad. En su tiempo, Aristóteles, al tomar el hilo de la cuestión de la ciudad ideal describe en su obra “La política” las condiciones deseables para la “polis” perfecta: su tamaño, su población, su territorio y su emplazamiento, pero como el fin supremo de esta ciudad es la felicidad (“eudaimonia”) de sus ciudadanos asienta que esta se alcanza mediante la virtud y una vida tanto contemplativa como políticamente activa. Tomás de Aquino, en el “De regno”, señala que la tarea del gobernante consiste en instituir la paz y la virtud, conservarlas frente a la corrupción natural, la maldad humana y los enemigos externos, y promoverlas constantemente hacia una vida mejor.

Estos autores naturalmente ven el panorama según la mentalidad de su tiempo, pero quizá no deberíamos desechar tan rápidamente sus aportaciones, en particular esta consideración de la necesidad de ciudadanos virtuosos. Hoy hablamos del Estado, más que de la ciudad o del reino, pero si bien los estados modernos se distinguen en muchos aspectos de los medievales o de los antiguos, ciertamente su fundamento siempre son los hombres y mujeres que los integran. El Estado no puede existir sin seres humanos individuales que lo constituyen ordenadamente, es decir, sin personas.

Hablar de la virtud puede igualmente parecer algo de otro tiempo, pero esto se debe tal vez a que tenemos un idea de virtud un tanto reducida, pensamos que las personas virtuosas son aquellas que nunca van a una fiesta o que son aburridas. Sin embargo la virtud, como ya lo indica su nombre, es ante todo una fuerza con la que una persona lleva a cabo acciones para el bien, tanto propio como de los demás, y con ello se realiza como ser humano y, por lo mismo, se acerca a la felicidad.

Las principales virtudes, a nivel humano, son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Gracias a ellas la persona se sitúa y obra sin caer en los extremos del exceso o del defecto, es decir de forma equilibrada. Las virtudes se oponen a los vicios y son cualidades que pueden cultivarse y en las que se puede crecer. Si en las comunidades humanas atendiéramos al crecimiento de la virtud, seguramente contribuiríamos al bien común.


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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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